Discurso intolerable
Hace unos d¨ªas tuvimos conocimiento que Espa?a hab¨ªa sido felicitada por la forma en que estaba dando respuesta a la integraci¨®n de los inmigrantes. Es uno de los mejores elogios que, como sociedad, se nos pueden dirigir, porque no creo que haya nadie que no sea consciente de que es un problema dif¨ªcil de resolver, en especial cuando el crecimiento de la poblaci¨®n inmigrante se ha producido de una manera tan s¨²bita y tan intensa como ha ocurrido en nuestro pa¨ªs. Sin ninguna experiencia de absorci¨®n de poblaci¨®n extranjera, sino m¨¢s bien de todo lo contrario, los espa?oles estamos siendo capaces de convivir con los inmigrantes de una manera razonablemente satisfactoria.
Ahora bien, este es un terreno en el que no se puede nunca cantar victoria. Vamos bien, pero no tenemos ninguna garant¨ªa de que vayamos a seguir yendo bien. Somos nosotros mismos los que tenemos que saber valorar adecuadamente lo que supone la aportaci¨®n de la poblaci¨®n inmigrante a nuestra sociedad y lo que tanto ellos como nosotros podemos ganar con una convivencia pac¨ªfica y solidaria. Y los que tenemos que tener mucho cuidado en no dejarnos arrastrar por mensajes mendaces, pero que pueden tener una cierta apariencia de veracidad. La xenofobia prende f¨¢cilmente, en especial cuando se hace uso de ella en campa?as electorales. Y especialmente en campa?as municipales. Hay experiencias en otros pa¨ªses europeos suficientemente expresivas.
En Espa?a hasta ahora nos hab¨ªamos librado de discursos de esta naturaleza. Ha habido un discurso gen¨¦rico sobre el efecto llamada que puso en circulaci¨®n el entonces ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, al final de la primera legislatura del PP, cuando se debati¨® en el Congreso de los Diputados la proposici¨®n de ley pactada entre todos los grupos parlamentarios de la ley org¨¢nica sobre derechos y libertades de los extranjeros en Espa?a y su integraci¨®n social, pero no ha habido mensajes xen¨®fobos concretos. Ni siquiera despu¨¦s del 11-M.
Desgraciadamente, el candidato del PA a la alcald¨ªa de Sevilla ha decidido romper la norma de respeto a los ciudadanos de otros pa¨ªses que viven en nuestra ciudad y se ha despachado con unas acusaciones sin prueba de ning¨²n tipo contra la Comunidad Isl¨¢mica de Espa?a, promotora de la mezquita de Los Bermejales, en Sevilla, acus¨¢ndola de tener v¨ªnculos con Al Qaeda y de recibir fondos de dicha organizaci¨®n para construir la mencionada mezquita. "Yo no quiero ni puedo permitir que haya en mi ciudad dinero del islamismo radical".
Lo grave, adem¨¢s, no es que lo dijera, sino que se negara a rectificar, habiendo tenido oportunidad de hacerlo. En un mitin siempre puede ocurrir que se diga algo que no se ha reflexionado detenidamente, pero mantener lo que inadvertidamente se ha dicho en caliente tras haber tenido tiempo para reflexionar, no puede tener ning¨²n tipo de justificaci¨®n.
No tengo la impresi¨®n de que este mensaje del PA est¨¦ calando en la sociedad sevillana, pero eso no lo convierte en menos peligroso. Porque para que este tipo de mensajes cale, tiene que haber siempre un primer momento en el que el mensaje se lanza sin que parezca que encuentra audiencia. Hay barreras que no se deben traspasar en el discurso pol¨ªtico en general y en el electoral en particular, porque una vez que esa barrera se ha traspasado, se puede poner en marcha un proceso que no se puede controlar.
Lo que ha dicho Agust¨ªn Villar en estos d¨ªas puede parecer que tiene poca importancia, pero es un precedente que puede acabar teni¨¦ndola. No se puede jugar con fuego en este terreno. Si empezamos por demonizar cualquier manifestaci¨®n religiosa isl¨¢mica, vincul¨¢ndola con el terrorismo, acabaremos teniendo una poblaci¨®n inmigrante amedrentada, en la que f¨¢cilmente podr¨¢ acabar encontrando cobijo aquello que se denuncia sin fundamento. Esperemos que los ciudadanos el d¨ªa 27 sepan poner a cada uno en su sitio.
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