Gomorra y N¨¢poles
PIEDRA DE TOQUE. El retrato que hace Roberto Saviano de la Camorra en su libro se lee con fascinaci¨®n, espanto e incredulidad. La Camorra no es cong¨¦nita al capitalismo, sino prueba de que Italia est¨¢ podrida
Los grandes capitostes de la Camorra napolitana, y sus pistoleros y amanuenses, abandonan sus viejas costumbres y jergas para adoptar las que las pel¨ªculas de Hollywood les atribuyen. Por ejemplo, en Casal di Principe, el jefe de familia Walter Schiavone hizo que los arquitectos le construyeran una suntuosa vivienda imitada milim¨¦tricamente de la que habita, en Scarface, Tony Montana (Al Pacino). Hasta la aparici¨®n de la pel¨ªcula de Coppola, El Padrino, los camorristas jam¨¢s hab¨ªan llamado de este modo a los capofamiglia, pero desde entonces aquel apelativo se ha generalizado, y no s¨®lo en Campania, tambi¨¦n en Calabria, Sicilia y otras regiones de Italia. Las esposas de los camorristas, desde hace algunos a?os, se visten como Uma Thurman en Kill Bill, con rubias pelucas y de amarillo fosforescente. Y un veterano polic¨ªa explic¨®, ante un tribunal, que, desde que vieron las pel¨ªculas de Tarantino, los killers de las distintas familias napolitanas asesinan como esos personajes de celuloide: disparando al bajo vientre, a la ingle, a las piernas, hiriendo gravemente para que la muerte tarde, y rematando a las v¨ªctimas por fin con un tiro en la nuca.
Las esposas de los camorristas se visten como Uma Thurman en 'Kill Bill'
Inmigrantes chinos vienen a N¨¢poles a aprender a falsificar marcas italianas
Son las p¨¢ginas m¨¢s divertidas, las ¨²nicas que pueden calificarse de este modo, del libro de Roberto Saviano, Gomorra, publicado en Italia hace un par de a?os, un extraordinario reportaje sobre las mafias que operan en N¨¢poles y en toda la Campania, que se lee con tanta fascinaci¨®n como espanto e incredulidad. Saviano es un periodista muy joven (naci¨® el a?o 79), pero, sobre todo, es napolitano, de origen humilde, que ha vivido en los pueblos y barrios donde la Camorra representa el verdadero poder y es la fuente, por un lado, de trabajo y oportunidades de supervivencia para los pobres, y, de otro, de violencias terribles, que, en las p¨¢ginas de su libro, est¨¢n documentadas con nombres, fechas y precisiones. No es de extra?ar que desde entonces ande oculto y protegido por guardaespaldas. Mientras yo le¨ªa su libro, entre la mugre pestilente y los palacios soberbios de N¨¢poles, los diarios italianos anunciaban una aparici¨®n fugaz de Saviano en el Festival Literario de Mantua, rodeada de infinitas precauciones. Si las cosas que cuenta en Gomorra son todas ciertas, es seguro que nunca m¨¢s estar¨¢ a salvo y que tendr¨¢ que pasar el resto de su vida a salto de mata y cambiando de disfraces.
La Camorra no es una organizaci¨®n ¨²nica, sino un nombre gen¨¦rico para sinn¨²mero de familias que, a veces, trabajan unidas en alianzas para negocios espec¨ªficos, o que dominan territorios o actividades concretas y diferenciadas -inmigraci¨®n clandestina, prostituci¨®n, falsificaci¨®n de productos de lujo, drogas, casinos, escorias t¨®xicas, etc¨¦tera- y que, de tanto en tanto, entran en conflicto y se aniquilan en guerras de una ferocidad indescriptible. Se trata de un Sistema, en cuya base hay pistoleros, vendedores callejeros de coca¨ªna, hero¨ªna y toda clase de narc¨®ticos, y en cuyo v¨¦rtice operan financieros, inversores e industriales de enorme poder¨ªo y talento empresarial. Nadie ha utilizado mejor que la Camorra los horizontes que abre a la econom¨ªa la globalizaci¨®n ni ha aprovechado mejor las nuevas tecnolog¨ªas.
Un solo ejemplo, para ilustrar la eficacia con que la Camorra ha tendido redes que abrazan el mundo entero. El libro de Saviano se abre con una descripci¨®n de los galpones del puerto de N¨¢poles donde la mafia instala a los chinos que clandestinamente trae a Italia para que trabajen en distintas actividades que realiza en sociedad con el gigante asi¨¢tico. Un buen n¨²mero de aquellos inmigrantes vienen a N¨¢poles a aprender, de maestros nativos, las t¨¦cnicas de la perfecta falsificaci¨®n de calzados, vestidos, sombreros y dem¨¢s indumentos de la moda italiana, t¨¦cnicas que luego ir¨¢n a poner en pr¨¢ctica en los talleres de corte y confecci¨®n en China, donde se fabrican los productos de Gucci, Armani y otras grandes casas de modistos de Italia, que, luego, la organizaci¨®n vender¨¢ por todo el mundo. Las clases se dan en locales de la mafia, con traductores simult¨¢neos. En un episodio inolvidable de Gomorra vemos a un jefe mafioso emocionarse hasta las l¨¢grimas viendo en la televisi¨®n, la noche de los ?scares, a Angelina Jolie embutida en el precioso vestido blanco de marca que ¨¦l hizo falsificar.
Las empresas de la Camorra no operan todas en la ilegalidad; buen n¨²mero de ellas ocupan un plano intermedio, con ramas y operaciones legales y otras informales. Lo mismo puede decirse de buen n¨²mero de compa?¨ªas legales, a las que, la presi¨®n ambiente, la codicia o el chantaje, han ido contaminando de ilegalidad y que, manteniendo una fachada irreprochable, tienen una trastienda que se sirve de, o sirve, al Sistema. El libro de Saviano da la impresi¨®n de que aqu¨¦l, en vez de encogerse debido a la persecuci¨®n policial y legal, avanza de manera sistem¨¢tica, contagiando a todo su entorno. Solamente leyendo las empresas de turismo y entretenimiento que la Camorra desarroll¨® en la Costa del Sol -Espa?a fue durante muchos a?os una tierra de promisi¨®n para los jefes camorristas, donde ten¨ªan sus villas de recreo, donde escond¨ªan a sus hombres m¨¢s buscados y donde celebraban sus reuniones de directorio- se tiene la abrumadora premonici¨®n de que, si esto sigue as¨ª, en no mucho tiempo ser¨¢ la econom¨ªa que opera dentro de la ley la minoritaria, y la de la Camorra, la Cosa Nostra, la N'drangheta calabresa y cong¨¦neres quienes dominar¨¢n el mundo.
?A qu¨¦ se debe la capacidad de proliferaci¨®n de la mafia napolitana? No a que no sea perseguida, desde luego. Ese es un mito que Roberto Saviano pulveriza en su libro. Aunque la Camorra tenga complicidades entre pol¨ªticos, polic¨ªas y jueces, el Estado la golpea sin cesar, encarcelando a sus dirigentes, secuestrando sus bienes, enviando por largos a?os de prisi¨®n a sus contables y pistoleros. La funci¨®n de los arrepentidos es capital, pues gracias a sus confesiones se ha podido detectar la profundidad de sus operaciones, decomisar astron¨®micas cantidades de drogas e intervenir sus f¨¢bricas de mercanc¨ªas falsificadas y los circuitos que utiliza para el lavado de dinero. Pero, aun as¨ª, el Sistema ha alcanzado ya unos niveles de poder¨ªo econ¨®mico, de adaptaci¨®n a nuevas circunstancias y una aptitud para renovar sus cuadros, que los golpes que recibe no llegan a poner en peligro su existencia. Por parad¨®jico que parezca, muchas veces cuenta en barrios y aldeas con un vasto sector social, el m¨¢s pobre y marginado, que, como la Camorra es su ¨²nico medio de vida, la defiende, ocultando a sus perseguidos, desviando a la justicia, e, incluso, linchando y marginando a quienes se atreven a denunciarla. Una de las historias conmovedoras que cuenta Saviano es el v¨ªa crucis de una modesta maestra de escuela de Mondragone, que, por haberse atrevido a denunciar a un sicario de un asesinato del que ella fue testigo, se convirti¨® en una apestada, a la que todo el mundo quit¨® la palabra, fue degradada en su trabajo y mutada a una aldea miserable donde debi¨® preguntarse muchas veces si actuar de una manera decente no era, en el mundo en que vivimos, s¨®lo cosa de m¨¢rtires y cacasenos.
Otro mito que se eclipsa leyendo Gomorra es el de que, por delictuosa que sea, la Camorra, nacida del pueblo, guarda unos lazos de solidaridad visceral con su terru?o. El atroz cap¨ªtulo final de este libro pone los pelos de punta, pues relata con minucia una de las operaciones m¨¢s rentables de la mafia y de m¨¢s nocivas consecuencias para los humildes napolitanos: la industria clandestina de traer del Norte de Italia a la Campania las escorias y residuos t¨®xicos de la industria para enterrarlos en el campo. Es una actividad que redit¨²a enormes ingresos a la Camorra y que causa perjuicios inconmensurables a los campesinos y aldeanos de esas tierras envenenadas por los ¨¢cidos que transmiten enfermedades a los seres humanos y a las bestias y a los productos agr¨ªcolas que all¨ª se cultivan. Y, por supuesto, a los inmigrantes clandestinos africanos, asi¨¢ticos y albaneses que manipulan esas materias por unos salarios miserables.
Tengo una discrepancia con el excelente libro de Roberto Saviano: no creo, como ¨¦l, que el fen¨®meno de la Camorra sea manifestaci¨®n cong¨¦nita del sistema capitalista, sino su excrecencia o deformaci¨®n. Algo que todos los grandes pensadores de la econom¨ªa libre, de Adam Smith a Friedrich Hayek, se?alaron que ocurr¨ªa cuando la empresa privada funcionaba en un mundo sin leyes o con leyes que no se cumpl¨ªan y carente de una cultura y una moral que discriminara claramente entre lo justo y lo injusto, o, en vocabulario religioso, el bien y el mal. No es el capitalismo sino Italia la que anda podrida.
? Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario El Pa¨ªs, SL, 2008.
? Mario Vargas Llosa, 2008.
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