Un relato paso a paso
Hay que celebrar la muy oportuna edici¨®n de esta biograf¨ªa de Charles Dickens que, aunque ya tiene veinte a?os a sus espaldas, es, sin duda, la m¨¢s completa y rigurosa hasta la fecha. Peter Ackroyd tiene una merecida fama como bi¨®grafo, pero, adem¨¢s, es un excelente novelista, lo cual beneficia notablemente al libro, tanto por la calidad de su escritura como por la atractiva comprensi¨®n del personaje y de su obra. En una ocasi¨®n califiqu¨¦ a David Copperfield de "la novela m¨¢s novela de todas las novelas" y me atrevo a decir que su autor es el novelista por excelencia del siglo XIX, es decir, del siglo en que la novela sent¨® su canon a partir de lo que, en el fondo, no era sino literatura popular. La lectura de esta biograf¨ªa no hace m¨¢s que reafirmar mi convicci¨®n pues de ella se desprende que la suya es la imagen del narrador por antonomasia. Peter Ackroyd ha centrado su trabajo en dos asuntos primordiales. De una parte, es de admirar el modo en que re¨²ne vida y obra sin dejarse llevar por una r¨ªgida interpretaci¨®n biogr¨¢fica de sus novelas sino que, mucho m¨¢s ampliamente, acompa?a el relato de su vida, de su vocaci¨®n y de su ambici¨®n aplicando de manera oportuna y significativa los textos y referencias que dan cuenta de su creaci¨®n y elaboraci¨®n. Podr¨ªamos decir que sigue a Dickens a trav¨¦s de sus obras y a sus obras a trav¨¦s de Dickens. De hecho, el testimonio de Dickens ense?ando a los Fields, sus editores americanos, los lugares donde transcurren escenas de algunas de sus novelas es el apoyo de lo que Ackroyd utiliza con habilidad a lo largo del libro. De otra parte, es decisiva la atenci¨®n que dedica a lo que llamar¨ªamos el herc¨²leo esfuerzo y la entrega total de Dickens a su obra, dej¨¢ndose la vida en ello. No s¨®lo por lo que respecta a las novelas sino tambi¨¦n a su labor de editor de revistas literarias y de lector en p¨²blico. La popularidad de Dickens en Europa y Am¨¦rica se debe tanto a sus libros como a sus giras de lectura "en vivo", a menudo de dos horas, ¨¦l s¨®lo en escena, alivi¨¢ndose del esfuerzo con una copa de champ¨¢n y una docena de ostras apuradas en el entreacto.
Dickens. El observador solitario
Peter Ackroyd
Traducci¨®n de Gregorio Cantera
Edhasa. Barcelona, 2011
704 p¨¢ginas. 44,50 euros
El retrato de Dickens muestra la admiraci¨®n que por ¨¦l siente el autor, pero tambi¨¦n el rigor con que templa esa admiraci¨®n. No es complaciente, pero es luminoso. E incide con acierto en la cualidad de observador de Dickens. "El horizonte de la portentosa imaginaci¨®n de Dickens era bastante limitado", afirma; por eso la mirada que el autor concentra sobre sus escenarios y personajes es tan aguda, porque extrae todo lo que es imaginativamente significativo dentro de ese mundo limitado, lo cual, unido a una memoria fotogr¨¢fica de lugares y personas cercanos y a su tremenda disciplina, da lugar a una obra tan extraordinaria. Dickens es un superviviente que nunca olvidar¨¢ su pasado de pobreza y humillaciones; es testarudo, obsesivo, minucioso, no siempre objetivo. Como ni?o desamparado, su atenci¨®n se volcar¨¢ siempre en favor de los desamparados. Es un radical en lo social y un hombre de peso en la opini¨®n p¨²blica. Ackroyd marca muy bien los tiempos de su evoluci¨®n. Los inicios, marcando ya territorio con el tono sat¨ªrico y el relato lineal de escenas de Pickwick y el tono melodram¨¢tico, que incluye romanticismo y misterio, de Oliver Twist. El cambio hacia una mayor complejidad a partir de Copperfield, en el que tambi¨¦n tiene que ver la aparici¨®n de una estimulante competencia (las Br?nte, Thackeray...). Los miedos del pasado, las decepciones familiares (que no la falta de amor por ellos) que van oscureciendo cada vez m¨¢s sus temas (Casa desolada, Grandes esperanzas), la injusticia social que ve a su alrededor... La evoluci¨®n de su vida y obra va apareciendo ante los ojos del lector paso a paso, de manera fascinante, porque Ackroyd consigue -y este es su gran m¨¦rito- colocarnos en la perspectiva del escritor sin perder la distancia que se exige al bi¨®grafo. "En cuanto a la tranquilidad, algunos desconocemos el significado de esa palabra". Lo que corresponde a esta afirmaci¨®n es la entrega, tanto a su obra como a su p¨²blico, que lo adoraba. Pero su vida no es s¨®lo una dedicaci¨®n que acab¨® por agotarlo; es tambi¨¦n -y est¨¢ muy bien contado- el desasosiego ¨ªntimo que le hace pasear, salir de casa, internarse en la noche, las caminatas de kil¨®metros, el cors¨¦ de la vida dom¨¦stica, la tremenda separaci¨®n de Catherine, la decepci¨®n de los hijos -salvo Henry- y el cari?o con que los apoya a pesar de todo, las distancias y los reencuentros, los amigos, acabamiento f¨ªsico... Este libro es, en verdad, una vida contada, y de nuevo agradecemos que Ackroyd sea novelista y sea a la vez tan riguroso. Su lectura, inexcusable para amantes de la literatura, es el merecido homenaje que podemos rendir, dos siglos despu¨¦s -dos siglos que lo acreditan-, al m¨¢s grande de los narradores.
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