Curiosa sexualidad que no sexualidad curiosa
Por alguna raz¨®n que se me escapa, ahora los bisexuales son "heteros curiosos". Aj¨¢.
Gustan autodenominarse heteros curiosos. Prejuicios, egocentrismo, miedo y hasta las mentiras son la base de sus argumentos para no declararse simple y abiertamente bisexuales.
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Antes de atreverme a dar el paso de meterme en la cama con otra mujer, ya hab¨ªa hecho mis pinitos con alguna con la que me apetec¨ªa algo m¨¢s que su incondicional amistad. Me recuerdo comiendo cierta entrepierna femenina en los ba?os de un bareto en el que nos perdimos de la mano, corroborando conmigo misma que adem¨¢s de los hombres, que ya me gustaban mucho, me excitaban los senos y las humedades de otras. Desconozco si ella repiti¨® la experiencia o no. Nosotras dejamos de tener el m¨¢s m¨ªnimo roce hace d¨¦cadas y juro que no tuvo nada que ver aquella incursi¨®n en los subterfugios madrile?os. Lo que tengo claro es que si yo termin¨¦ de rodillas en los ba?os de chicas, no fue por mi curiosidad desmesurada. Fue por todas y cada una de las f¨¦minas que me hab¨ªan atra¨ªdo antes a las que no me atrev¨ª a confesar mis calentones.
Crec¨ª en un mundo en el que la homosexualidad era un tab¨², la femenina un atrevimiento que se pagaba muy alto y la bisexualidad una fechor¨ªa que se hubiera resumido en tacharme de lesbiana cobarde o viciosa. Ignasi Puig Rodas, psic¨®logo, sex¨®logo y terapeuta de parejas, se?ala que estos prejuicios son una de las razones por las que hay bisexuales que no quieran reconocerse como tal. "Se carga con el estigma social asociado a una orientaci¨®n sexual. Es algo que ocurre en todas, no solo en la bisexualidad. Hay homosexuales, por ejemplo, que son adem¨¢s mis¨®ginos y no quieren relacionarse con mujeres, no vayan a creer que son bisexuales, o lo que ser¨ªa a¨²n peor para ellos: heterosexuales". Espa?a ha ca¨ªdo al noveno puesto en la escala de derechos LGTBI; no se extra?en si alguien no quiere salir de ning¨²n armario y se protege argumentando una curiosidad sin l¨ªmites.
Hay hombres que prefieren que no se cuestione su masculinidad. Es como si nacer con el cromosoma XY trajera impl¨ªcito tenerla siempre dur¨ªsima, seducir a todas las mujeres que se ponen por delante y actuar como follar¨ªn de los bosques. Ejercen tan de machos como para negarse en redondo a que les estimulen analmente no vayan a dudar de su heterosexualidad. Se?ores, por detr¨¢s es un gustazo, se pongan como se pongan. Por eso cuando se acuestan con un hombre (reacci¨®n claramente bisexual u homosexual), quieren dejar claro que ese sexo entre hombres es un juego desprovisto de sentimentalismo. Como si el sentimentalismo fuera cosa de machos defectuosos. Hablamos entonces de identidad: "Hay personas que construyen su identidad personal teniendo como eje central su sexualidad o su orientaci¨®n sexual", prosigue Puig Rodas. "Si cambio cualquier par¨¢metro de esa orientaci¨®n sexual, implicar¨ªa un cambio en mi personalidad. Todo esto me exigir¨ªa un trabajo psicol¨®gico que tendemos a evitar. No solo en este caso; el ser humano procura ser conservativo: Evitamos reconstruirnos o reformularnos".
LA CURIOSIDAD MAT? AL GATO
La curiosidad, seg¨²n la RAE, es la inclinaci¨®n a aprender lo desconocido. Como tal, se entiende que cualquier persona metiera en su cama juguetes sexuales sorprendiendo a su pareja. Tiene un capricho. Y si se ve apurado puede recurrir a la parte sanadora de todos estos artilugios.? Es una cuesti¨®n de curiosidad, si quieren, probar el sexo en grupo o incluso participar en todas esas sexualidades no convencionales con las que no se ha atrevido, pero le llaman la atenci¨®n. Eso es ser curioso con el sexo. Pero chup¨¢rsela a otro t¨ªo cuando no sientes atracci¨®n hacia los hombres o com¨¦rselo a una de tus amigas (con sus fluidos incluidos), es un acto absolutamente ¨ªntimo. Puede convertirse en una experiencia de lo m¨¢s desagradable y muy traum¨¢tica si no hay una atracci¨®n sexual previa. En la cama puede suceder cualquier cosa siempre que todos los implicados estemos de acuerdo en pas¨¢rnoslo as¨ª de bien. Lo dem¨¢s se llama abuso sexual y est¨¢ penado.
La bifobia hace que muchos bisexuales se resistan a contarlo. Tambi¨¦n es una de las sexualidades que menos se muestra. En cine, apenas hay una decena de pel¨ªculas que traten el tema, casi ninguna considerada s¨²per producci¨®n y famosos que hayan salido del armario bisexual, al menos en este pa¨ªs, muy pocos. Paco Le¨®n lo cont¨® con una naturalidad pasmosa. Tanta que pronto dej¨® de ser una escandalera. A cambio nos dej¨® en prenda su maravillosa Kiki: el amor se hace, que es la mejor referencia cinematogr¨¢fica que tenemos de diversidad sexual en toda la extensi¨®n de la palabra. Mejor nos ir¨ªa si esta pel¨ªcula la incluy¨¦ramos en las tardes familiares y nos dej¨¢ramos de superproducciones machistas y homotransf¨®bicas Made in Hollywood.
Hombres y mujeres tan modernas como para tentar a la suerte de hacer sus incursiones con otros de su mismo sexo embargados por la caprichosa rareza de lo desconocido... Curiosa sexualidad la vuestra. Definitivamente, la posverdad se nos fue de las manos.
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