Los pen¨²ltimos franquistas
Quiz¨¢ la herencia m¨¢s nefasta de los separatistas en Catalu?a sea el desprecio de las reglas del juego; la misma herencia que dej¨® el franquismo.
ES VERDAD: el franquismo no acaba de pasar. Lo cual es l¨®gico porque, como escribi¨® Faulkner, el pasado no est¨¢ muerto, ni siquiera es pasado. El problema es que el franquismo no s¨®lo sobrevive entre quienes son incapaces de condenarlo de la misma forma inequ¨ªvoca en que han condenado a ETA, sino tambi¨¦n ¡ªa veces, sobre todo¡ª entre quienes no se cansan de condenarlo porque, con m¨¢s o menos raz¨®n, se reclaman herederos del antifranquismo. La Catalu?a de hoy depara numerosos ejemplos de esta supervivencia parad¨®jica, como la identificaci¨®n entre Gobierno y Estado o entre nacionalismo e izquierda: para el franquismo, Estado y Gobierno eran id¨¦nticos ¡ªambos eran franquistas¡ª, lo que explica en parte que el 6 y 7 de septiembre de 2017 los separatistas desencadenaran un autogolpe de Estado civil posmoderno creyendo o tratando de hacer creer que lo desencadenaban contra el Gobierno, que es del PP, cuando en realidad lo desencadenaron contra el Estado democr¨¢tico, que es de todos; para el franquismo, nacionalistas e izquierdistas eran id¨¦nticos ¡ªambos eran antifranquistas¡ª, lo que explica que en Catalu?a izquierdismo y nacionalismo parezcan compatibles y que la expresi¨®n ¡°nacionalismo de izquierdas¡± no sea lo que es: un ox¨ªmoron, una contradicci¨®n en t¨¦rminos. Estas dos supervivencias del franquismo son t¨®xicas, pero no son las peores.
En democracia, ley y democracia se identifican, porque la ley es la expresi¨®n de la voluntad popular, y por tanto, constituye la ¨²nica defensa de los pobres y los indefensos?
La peor es el desprecio de las reglas del juego; es decir: el desprecio de la ley. En una dictadura la ley es, en efecto, despreciable, porque no es el resultado del dif¨ªcil acuerdo entre todos sino del f¨¢cil compadreo entre unos pocos; por tanto, en una dictadura es leg¨ªtimo desobedecer la ley, una ley que ni siquiera merece su nombre, porque s¨®lo es el instrumento de dominaci¨®n de los ricos y los poderosos sobre los pobres y los indefensos. Pero en democracia las cosas son distintas, o m¨¢s bien opuestas. En democracia, ley y democracia se identifican, porque la ley es la expresi¨®n de la voluntad popular ¡ªno en vano ha sido fijada por los representantes elegidos por todos¡ª, y por tanto, como dice Hannah Arendt, constituye la ¨²nica defensa de los pobres y los indefensos frente a los ricos y poderosos. Pido disculpas por recordar el abc de la democracia, pero es que muchos en Catalu?a lo han olvidado (suponiendo que alguna vez lo conocieran). ¡°Si hay que desobedecer leyes injustas, se desobedecen¡±, declar¨® Ada Colau al tomar posesi¨®n como alcaldesa de Barcelona. ¡°Habr¨¢ querido decir otra cosa¡±, contest¨® Manuela Carmena. Pero no, me temo que no quiso decir otra cosa. Esa es una diferencia entre Carmena y Colau: la que separa a quien sabe lo que es la democracia de quien no lo sabe. Porque, en democracia, las leyes injustas no se desobedecen: se cambian (para eso votamos a nuestros gobernantes: para que las cambien). Pero en Catalu?a, donde el discurso reaccionario y antidemocr¨¢tico del separatismo ha colonizado la izquierda, el desprestigio de esta norma b¨¢sica de la democracia es total. De ah¨ª que, en la apertura de una muestra sobre la resistencia del Madrid republicano frente al Ej¨¦rcito franquista, Carmena tuviera que recordar ante Colau lo obvio: que, en la guerra, los republicanos luchaban por defender la legalidad. ¡°Ondia, t¨²¡±, debi¨® de pensar Colau. ¡°?Pero defender la ley no era de fachas?¡±. Pues no, estimada alcaldesa: en la guerra, el desobediente, el rebelde, el antisistema era Franco, y muchos de los republicanos que tanto reivindica usted murieron peleando por unas leyes en lo esencial id¨¦nticas a las que usted tanto desprecia, porque eran leyes democr¨¢ticas. Y s¨ª, es verdad que incluso en democracia puede llegar a ser leg¨ªtima la desobediencia civil, pero todos sus te¨®ricos, de Thoreau a Rawls o Habermas, le explicar¨¢n que, si ese acto nobil¨ªsimo no se lleva a cabo s¨®lo en situaciones extremas, degenera en postureo de se?oritos o ni?os mimados, valga la redundancia.
Quiz¨¢ esta sea la herencia m¨¢s nefasta que dejen estos a?os nefastos en Catalu?a: el desprecio de las reglas de juego. Es, claro, la misma herencia que dej¨® el franquismo. En este sentido (pero no s¨®lo en este), los separatistas son los pen¨²ltimos franquistas.?
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