El d¨ªa que me reclut¨® una mara
En las pandillas de Centroam¨¦rica es m¨¢s f¨¢cil entrar que salir. Esta es la historia de c¨®mo una adolescente guatemalteca fue captada por una de ellas


Almudena sali¨® un s¨¢bado por la ma?ana de su casa sin saber muy bien a d¨®nde ir¨ªa ni de qu¨¦ vivir¨ªa. Ten¨ªa 15 a?os. Era un gesto de rebeld¨ªa adolescente alentado por Claudia, una amiga del instituto que se dec¨ªa harta de que su madre la ignorase, presa del alcohol y las drogas. Cuatro d¨ªas despu¨¦s, ambas yac¨ªan en el suelo de un barrio marginal de la Ciudad de Guatemala (*) con un tiro en la cara: una muerta y la otra malherida. Lo que ocurri¨® entre ambas escenas puede servir como un resumen de c¨®mo las maras, las pandillas de la capital del tercer pa¨ªs menos desarrollado de Latinoam¨¦rica, captan a sus v¨ªctimas.
El balazo en la boca destroz¨® sus dientes y le dej¨® algunas secuelas que hoy, medio a?o despu¨¦s de que sucediera todo, se perciben sutilmente en su cara. Pero muy probablemente le libr¨® de una vida dedicada a la extorsi¨®n, o de terminar muerta sin siquiera acabar la adolescencia, como le ocurri¨® a Claudia, la amiga con la que se fug¨® de casa. ¡°Dios sabe qu¨¦ habr¨ªa sido de m¨ª si hubiera seguido con esa gente¡±, susurra entre l¨¢grimas.
Una vez que se entra, es muy complicado salir. Como refleja el estudio La nueva cara de las pandillas, que se centra en El Salvador pero tambi¨¦n aborda el problema en Guatemala y Honduras, ¡°tener el deseo de dejarla no es suficiente¡±. En una encuesta con m¨¢s de un millar de miembros, la mayor¨ªa asegura que recibi¨® amenazas cuando decidi¨® abandonarla. Seg¨²n este documento, en Guatemala las dos principales maras sumaban en el a?o 2012 unos 22.000 integrantes: 5.000 en la Salvatrucha y 17.000 en la Calle 18. Aunque hay otras menores, estas dos acaparan al 95% de los mareros.
Almudena no sabe explicar cu¨¢l la intent¨® reclutar. Ni tampoco qu¨¦ le llev¨® exactamente a escapar de casa. Hoy no puede arrepentirse m¨¢s. ¡°Si tuviera que dar un consejo para no caer en esto, dir¨ªa a los j¨®venes que hagan caso a sus padres, al final siempre llevan raz¨®n¡±.
Hab¨ªa conocido hac¨ªa alrededor de un a?o a Claudia en el colegio. Aunque al principio no simpatizaban demasiado, acabaron siendo ¨ªntimas. Lo hac¨ªan todo juntas, sal¨ªan, entraban y andaban ¡°molestando [bromeando] todo el rato¡±. Cuando le cont¨® que quer¨ªa fugarse de casa, decidi¨® acompa?arla en la aventura. La primera noche la pasaron en un motel que les cost¨® 100 quetzales (unos 11 euros) que les prest¨® otro amigo. Al d¨ªa siguiente se fueron a un mercado a buscar trabajo ¡°de lo que fuera¡± para poder subsistir.
¡°Una chavita algo mayor que nosotras, de unos 16 a?os, se nos acerc¨® y nos dijo que ella nos pod¨ªa proporcionar un empleo limpiando casas¡±, relata. Sin pensarlo mucho, se fueron con ella a pasar la noche a la vivienda donde las llev¨®. Hoy recuerda una conversaci¨®n que escuch¨® de soslayo y a la que entonces no le concedi¨® importancia. ¡°Ya la tenemos¡±, le dec¨ªa la chavita a alguien por tel¨¦fono.
Agripina Sol¨ªs, trabajadora social del refugio La Alianza, donde Almudena comenz¨® a rehacer su vida tras el disparo, explica que las maras usan lo que llaman ¡°banderas¡±, chavales que est¨¢n en la calle, los mercados, atentos all¨ª d¨®nde pueden encontrar a otros j¨®venes vulnerables. Una vez que los localizan, los siguen y les esp¨ªan para m¨¢s tarde hacer el acercamiento y captarlos.
En Guatemala las dos principales maras sumaban en el a?o 2012 unos 22.000 integrantes y un negocio de 53 millones de euros
Cuando estaban en la casa donde les llev¨® la chavita, les dijo que el trabajo que ten¨ªa para ellas no era de limpieza, sino de extorsi¨®n. Es a lo que se dedican estos grupos organizados, tanto en Guatemala como en Honduras y El Salvador, donde cada a?o sacan 53, 175 y 340 millones de euros respectivamente, seg¨²n datos de la Fuerza Nacional Antiextorsi¨®n (FNA) de Honduras publicados por el diario Criterio.
Manuel, que tiene un taller mec¨¢nico en un barrio de Ciudad de Guatemala, est¨¢ acostumbrado a pagar la extorsi¨®n. Cada semana, unos adolescentes ¡°con pistola en la cintura¡± pasan a recaudar 350 quetzales (unos 40 euros). Durante el mes de Navidad, la tasa se duplica. ¡°Ellos no lo llaman extorsi¨®n, sino seguridad o renta. Adem¨¢s de esta, de vez en cuando pasan a pedirte dinero para sus chelas [cervezas] y, claro, tambi¨¦n se lo tienes que dar¡±, relata. Conforme crece el negocio, crece el impuesto. Manuel asegura que no amplia su taller porque no se lo podr¨ªa permitir.
Quiz¨¢s Almudena, de apariencia menuda y fr¨¢gil, habr¨ªa acabado con un arma en la cintura pidiendo dinero a los peque?os empresarios de un barrio. Antes de eso, su primer trabajo ser¨ªa probablemente dar alg¨²n recado o transportar mercanc¨ªa. Son las primeras tareas para que las pandillas vayan cogiendo confianza en ellas. ¡°Despu¨¦s de eso seguramente pasan a ser banderas, que es casi seguro lo que estar¨ªa haciendo Almudena ahora si no hubiera sido por el tiroteo¡±, cuenta Sol¨ªs.
Pero antes de ese primer trabajo, la reclutadora le dijo a su amiga que fuera con ella y que Almudena las esperase en la casa. ¡°Yo no quer¨ªa quedarme sola ni dejar sola a Claudia, la chavita insist¨ªa en que me quedara, pero yo me empe?¨¦ en ir con ellas, aunque no nos dijeron de qu¨¦ se trataba. Nos llevaron en un carro y nos dejaron en una calle. All¨ª aparecieron unos chicos que sacaron pistolas y nos pidieron los celulares. Se los dimos, pero comenzaron a disparar¡±, relata.
Quiz¨¢s Almudena, de apariencia menuda y fr¨¢gil, habr¨ªa acabado con un arma en la cintura pidiendo dinero a los peque?os empresarios de un barrio
Ella qued¨® tendida en el suelo y de soslayo ve¨ªa a su amiga, que estaba muerta. La chavita, antes de salir corriendo de la escena del crimen, le dijo: ¡°Esto no era para ti¡±. Hoy la justicia tiene detenida a esta chica y est¨¢ investigando el caso. La trabajadora social sospecha que, realmente, la amiga de Almudena ya hab¨ªa comenzado a trabajar con la mara, que ten¨ªa como misi¨®n reclutarla y que algo hizo mal para que la citasen para asesinarla. La frase de la chavita, asegura, denota que hab¨ªa un asunto que resolver que no ten¨ªa nada que ver con Almudena, pero se empe?¨® en ir y fue una v¨ªctima colateral.
Tras unos meses en La Alianza, que cuenta con el apoyo de Unicef ¡ªorganizaci¨®n que hizo posible la log¨ªstica para este reportaje¡ª, hoy Almudena vive con sus t¨ªos. No puede regresar a casa con su madre por seguridad: es casi seguro que la pandilla sepa d¨®nde viv¨ªa, as¨ª que lleva tres meses con ellos hasta que las cosas se resuelvan. El refugio le aporta ayuda psicol¨®gica y colabora con la reconstrucci¨®n dental. Sus mentoras aseguran que el progreso de Almudena es espectacular, pero tiene un camino duro por delante: al que ya tendr¨ªa de por s¨ª en un hogar pobre de Ciudad de Guatemala, se suma que ni siquiera puede vivir con su madre.
Ella, probablemente nunca podr¨¢ olvidar lo ocurrido, ni a Claudia. Pero mira hacia adelante. Procedente de una familia de extrema pobreza, est¨¢ estudiando ingl¨¦s para ser secretaria biling¨¹e y labrarse ese futuro que estuvieron a punto de arrebatarle.
(*) Los nombres y los emplazamientos concretos no se mencionan o est¨¢n alterados para no comprometer la seguridad de la v¨ªctima.
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