"El paro juvenil en Espa?a tambi¨¦n se debe a la legislaci¨®n"
1. EL LUGAR DEL PODER. Basta con atravesar las puertas de la Canciller¨ªa Federal en Berl¨ªn, subir hasta la planta en la que Angela Merkel tiene su despacho ¡ªla canciller en persona abre la puerta, luego invita a entrar con una marcada cortes¨ªa¡ª para comprender d¨®nde reside de verdad el poder en Europa.
Existen con seguridad otros palacios de gobierno, seguramente m¨¢s ampulosos en sus ornamentos y en sus protocolos, quiz¨¢ para mejor disimular su creciente impotencia ante los acontecimientos que desgarran el continente en los ¨²ltimos tiempos; est¨¢n tambi¨¦n los mercados financieros, se?alados por muchos como la verdadera fuerza que, independientemente de las voluntades populares, dicta las pol¨ªticas, los ajustes y el descr¨¦dito de la democracia en medio continente; y queda, naturalmente, la enmara?ada burocracia de Bruselas, cada vez m¨¢s sumida en su propia irrelevancia, incapaz de gobernarse y de gobernar el buque europeo en medio de la tormenta.
Pero ning¨²n otro lugar de la vieja Europa refleja hoy la imagen del poder tout court, sin adjetivos, la teatralidad del imperio, como este imponente edificio situado majestuosamente frente al antiguo Reichstag en el centro de la capital alemana, dise?ado y construido antes de su tiempo, pero que ahora parecer¨ªa pensado exclusivamente para ella, espacios abiertos e inmensos, tonos suaves, cristaleras gigantescas, met¨¢fora de transparencia pol¨ªtica pero con perfiles duros, inflexibles. M¨¢s de 12.000 metros cuadrados lo convierten en uno de los mayores edificios gubernamentales del mundo: casi ocho veces la Casa Blanca. En un momento de la conversaci¨®n, los tres periodistas le preguntaremos si acaso su car¨¢cter, el de Merkel, su permanente exigencia de rigor, no transmite tambi¨¦n una imagen de una Alemania dura, dogm¨¢tica, dominante.
¡ªMe tomo en serio esas preocupaciones. Pero son infundadas.
Raras veces un canciller alem¨¢n ha acumulado un poder tan exorbitante. Se le llama Madame Europa, Canciller de Hierro, Frau Bismarck. ?No le resulta inquietante?
¡ªYo act¨²o seg¨²n mi leal saber y entender [...]. Pero si nos limit¨¢ramos a mantener un mero trato de cortes¨ªa los unos con los otros y diluy¨¦ramos todos los planteamientos reformistas, sin duda le har¨ªamos un flaco favor a Europa.
Esto es, ni s¨ª ni no. No se niega el poder, ni se ocultan las evidencias, se pretende tan solo su uso ben¨¦fico para con el proyecto europeo desde la firme convicci¨®n de que sus ideas, las ideas alemanas, la austeridad alemana, las soluciones alemanas acabar¨¢n por imponer su valor de cambio en las plazas revueltas por las primas de riesgo, los descalabros fiscales, los millones de desempleados.
Su despacho, en una esquina de una de las plantas m¨¢s altas, tiene dos grandes ventanas. Desde una se alcanza a ver el magn¨ªfico edificio del Reichstag; desde la otra se distingue el hermoso edificio de la Filarm¨®nica de Berl¨ªn, semiescondido entre la arboleda del Tiergarten, ahora desnuda por los rigores invernales berlineses. Cuando salimos todos, su portavoz, Steffen Seibert, el periodista de Gazeta Wyborcza, Bastosz Wielinski, el de S¨¹ddeutsche Zeitung, Stefan Kornelius, y yo, Merkel nos acompa?a hasta la salida, se despide con un suave apret¨®n de manos y cierra ella misma la puerta.
Antes, al entrar, la persona de protocolo me pregunt¨®, mientras esper¨¢bamos a la jefa de Gobierno m¨¢s poderosa de Europa:
¡ª?Es su primera vez en la Canciller¨ªa?
¡ªS¨ª.
¡ªVenga, le voy a mostrar un poco el edificio. Es muy grande, y aunque parece vac¨ªo y alguna gente tiene la impresi¨®n de que aqu¨ª no trabaja nadie, le puedo asegurar que en los despachos se realiza una tarea ingente.
¡ªNo me cabe ninguna duda, le respondo.
2. RAJOY EN BERL?N. Mariano Rajoy entrar¨¢ ma?ana a ese mismo edificio por primera vez como presidente del Gobierno espa?ol, recorrer¨¢ junto con Merkel los mismos imponentes espacios vac¨ªos y le explicar¨¢ a la canciller, previsiblemente, las reformas que quiere implementar en Espa?a, los recortes que ya ha ordenado, los que ordenar¨¢ en el futuro y, a cambio, le pedir¨¢ la solidaridad de Alemania y Europa porque de lo contrario, con una econom¨ªa de nuevo en fase contractiva le va a resultar muy dif¨ªcil convencer a los mercados de que les puede devolver el dinero en tiempo y forma y evitar as¨ª la bancarrota del pa¨ªs.
No hay manera de saber qu¨¦ le contestar¨¢ la canciller, seguramente con las mismas suaves formas y acentos con los que adorn¨® la conversaci¨®n que a continuaci¨®n se transcribe. Pero si ¨¦sta sirve un poco de gu¨ªa, ser¨¢ m¨¢s o menos lo siguiente: querido presidente Rajoy, aprecio mucho las reformas y los recortes que su pa¨ªs ha emprendido; s¨¦ que son dolorosas e impopulares, Alemania lo hizo hace mucho tiempo; cuenta usted con nuestra solidaridad, esto es, debemos emplear el dinero que quede por ah¨ª en los fondos estructurales, por ejemplo, para estimular el empleo y la innovaci¨®n en peque?as y medianas empresas; adem¨¢s est¨¢n ya el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y el Mecanismo Europeo de Estabilidad; pero no piense usted en grandes dispendios a la Keynes, no est¨¢n los tiempos para eso, haga usted mejor muchas reformas, que no cuestan dinero y dan buenos resultados.
Eso s¨ª lo dice con claridad:
¡ªEn Espa?a, por ejemplo, m¨¢s del 40% de los j¨®venes est¨¢n desempleados, lo cual tambi¨¦n se debe, entre otros factores, a la legislaci¨®n. Pido que esta referencia no se entienda como un reproche, porque siento gran respeto por los esfuerzos que est¨¢ realizando Espa?a para introducir reformas. [...] Existen otras posibilidades de promover el crecimiento que apenas requieren recursos econ¨®micos. Pi¨¦nsese en la legislaci¨®n laboral: tiene que flexibilizarse precisamente ah¨ª donde se alzan barreras demasiado elevadas para los j¨®venes.
El resto de ideas de la respuesta a Rajoy que he esbozado antes, y que naturalmente consiste en una aproximaci¨®n, las encontrar¨¢ el lector m¨¢s o menos verbatim en el desarrollo de la entrevista.
3. CONTRA LOS CLICH?S. De todas formas resultar¨ªa muy injusto no resaltar que, pese a las descalificaciones que en p¨²blico y en privado ha sufrido el europe¨ªsmo de Angela Merkel ¡ªen su pa¨ªs, Helmut Schmidt desde la oposici¨®n, o Helmut Kohl en su propio partido, quien ha lamentado que ella haya arruinado la Alemania europea con la que ¨¦l so?¨®¡ª, la canciller s¨ª es capaz de evocar sus ideales en voz alta, de expresar su adhesi¨®n al ideal europe¨ªsta y de hacerlo adem¨¢s en la gran tradici¨®n moral y pol¨ªtica del continente.
A pregunta expresa sobre los sentimientos, ella hablar¨¢ de todo aquello para lo que necesitamos Europa: defender la dignidad humana, la libertad de opini¨®n, la libertad de prensa, el derecho de manifestaci¨®n, la protecci¨®n del clima, en fin, un continente para ayudar a conformar el mundo, ¡°un continente en el que la gente est¨¢ apegada a los mismos valores que yo¡±. Ah¨ª tomar¨¢ aliento, har¨¢ una larga pausa, como sopesando hasta d¨®nde se ha dejado llevar en su entusiasmo, y recapitular¨¢, siempre pragm¨¢tica:
¡ªPero ese sentimiento europe¨ªsta no ser¨¢ suficiente para proporcionar bienestar y empleo a la gente. Tenemos que trabajar por ello todos los d¨ªas.
A eso se dedicar¨¢ cuando cierre la puerta. En contra de muchos clich¨¦s, Merkel s¨ª tiene una idea detallada de para qu¨¦ sirve Europa, de c¨®mo construirla, de c¨®mo rescatarla de la deriva actual, de la importancia de los valores que representa. Todo ello queda meridianamente claro en el siguiente texto, que recoge los sesenta minutos largos de conversaci¨®n el pasado jueves en Berl¨ªn, una de las escasas entrevistas que la canciller ha concedido a medios internacionales en los ¨²ltimos tiempos. Se podr¨¢ discrepar de su visi¨®n, eso sucede con frecuencia en muchas capitales del continente, pero no negar que Merkel tiene ideas claras, aunque algunos las consideren equivocadas y peligrosas, sobre qu¨¦ hacer con Europa y de que, a su modo, le importa sobremanera el futuro del continente y de sus gentes en el momento m¨¢s angustioso de su historia reciente.
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