Las afganas se erigen en alma de la resistencia a los talibanes
Sometidas a lo que el relator especial de la ONU para Afganist¨¢n define como un ¡°apartheid de g¨¦nero¡±, las mujeres est¨¢n en ¡°primera l¨ªnea¡± de la lucha por la libertad

La jaula en la que los talibanes est¨¢n tratando de encerrar a las afganas desde su retorno al poder en 2021 se cerr¨® el pasado 21 de agosto. Los fundamentalistas aprobaron ese d¨ªa la Ley de Promoci¨®n de la Virtud y Prevenci¨®n del Vicio, una norma que consolida el centenar largo de edictos que han ido cercenando uno tras otro los derechos de las mujeres y ni?as del pa¨ªs en los ¨²ltimos tres a?os y medio. Desde entonces, las afganas no pueden ya hablar en p¨²blico ni mostrar nada que no sean los ojos. Tampoco mirar a los hombres.
Como si quisieran hacer realidad esa met¨¢fora que utilizan muchas mujeres afganas ¡ªla de que est¨¢n ¡°enterradas en vida¡±¡ª los radicales ordenaron en diciembre cubrir o tapiar las ventanas de las casas donde viven mujeres. Las afganas son v¨ªctimas de la misoginia de los talibanes, pero no son v¨ªctimas d¨®ciles. Todo lo contrario, seg¨²n recalca a EL PA?S el relator especial de la ONU para los derechos humanos en Afganist¨¢n, Richard Bennett, que cree que las mujeres y ni?as del pa¨ªs ¡°est¨¢n en primera l¨ªnea de la resistencia¡±.
Desde que la abrupta conclusi¨®n de la retirada de las tropas internacionales precipitara la ca¨ªda de la fr¨¢gil Rep¨²blica de Afganist¨¢n y su retorno al poder, los exguerrilleros han ido destruyendo a golpe de decretos ese espejismo de los Talibanes 2.0, a los que se atribu¨ªa una supuesta evoluci¨®n hacia posiciones m¨¢s moderadas que en su anterior periodo en el poder (1996-2001).
En realidad, las ¡°autoridades de facto¡± de Afganist¨¢n ¡ªen palabras de la ONU¡ª est¨¢n aplicando un esquema que sigue unos pasos similares a los que ya tomaron en los a?os noventa. Entonces, como analiza Bennett ¡ªque el lunes particip¨® en un panel del XII Foro de Seguridad de Herat, organizado por el Instituto Afgano de Estudios Estrat¨¦gicos en el Ateneo de Madrid¡ª, privaron a las mujeres de todos sus derechos. Una situaci¨®n que, para este veterano defensor de los derechos humanos, neozeland¨¦s nacido en el Reino Unido (Grimsby, 70 a?os), constituye un ¡°apartheid de g¨¦nero¡±.
Las afganas, mientras tanto, siguen resistiendo, difundiendo en redes sociales protestas que hacen en sus casas, con la cara cubierta y sosteniendo pancartas. Tambi¨¦n estudiando en escuelas clandestinas. O incluso manifest¨¢ndose en la calle, lo que ha llevado a un n¨²mero que se desconoce de ellas a la c¨¢rcel, donde muchas han denunciado torturas y violencia sexual. ¡°No quieren ser percibidas como v¨ªctimas, son mujeres fuertes, extremadamente organizadas¡± en su lucha contra los fundamentalistas, subraya Bennett.

El relator de Naciones Unidas pone un ejemplo de que nada de lo que est¨¢n haciendo ahora los talibanes ¡°es nuevo¡± aludiendo a ¡°esa orden de tapar las ventanas¡±, otra de las muchas que tambi¨¦n decretaron hace tres d¨¦cadas. Teme, por ello, que los fundamentalistas ¡°den pasos que vayan a¨²n m¨¢s lejos¡± y les arrebaten a las mujeres y ni?as del pa¨ªs algunos de los pocos derechos que a¨²n les quedan, como cursar la educaci¨®n primaria, hasta los 11 o los 12 a?os.
Las afganas ya tienen prohibido estudiar a partir de esa edad. Tambi¨¦n trabajar en la Administraci¨®n, en las fuerzas de seguridad, en los bancos, en las ONG, en la judicatura o en las propias Naciones Unidas. Los talibanes las han sometido de por vida a la autoridad de los hombres de su familia, sin cuyo permiso y acompa?amiento no pueden obtener documentos como el pasaporte ni viajar. Tampoco pueden disfrutar del ocio.
A la prohibici¨®n general de escuchar m¨²sica se suma que ellas no pueden cantar ¡ªse considera que eso puede excitar a los hombres¡ª ni entrar en parques, jardines o gimnasios. Tampoco acudir a peluquer¨ªas, que los radicales han cerrado, ni a ba?os p¨²blicos. Desde diciembre, ninguna afgana puede tampoco formarse en profesiones sanitarias, una de las pocas posibilidades de estudiar que a¨²n ten¨ªan y que agravar¨¢ la ya grave carencia de sanitarias mujeres.
¡°Una afgana me cont¨® un d¨ªa que el comportamiento de su hijo hacia ella hab¨ªa cambiado bajo los talibanes, que este la trataba con menos respeto y le preguntaba por qu¨¦ no llevaba el velo. Esa mujer sent¨ªa que sus propios hijos la vigilaban¡±, recuerda Bennett. El relator cree que las restricciones impuestas a mujeres y ni?as repercutir¨¢n en toda la sociedad afgana, en los hombres y en los ni?os, que tender¨¢n a ¡°perpetuar¡± la misoginia. Los talibanes tratan de hacer de los hombres sus ¡°c¨®mplices¡±, deplora este experto, ¡°al forzarlos a vigilar a las mujeres de su familia¡±.
Nada indica ¡°que esta situaci¨®n vaya a mejorar¡±, recalca el relator de Naciones Unidas, que considera que la represi¨®n hacia las afganas ¡°a¨²n no ha alcanzado su punto culminante¡± y que la comunidad internacional no deber¨ªa en ning¨²n caso reconocer a los talibanes como gobernantes leg¨ªtimos sin condicionar esa decisi¨®n a que restituyan los derechos de las mujeres y a otros colectivos oprimidos como las minor¨ªas ¨¦tnicas.
Clandestinidad
Los talibanes pueden no haber evolucionado en los 20 a?os transcurridos entre sus dos periodos en el poder; las afganas, seguramente, s¨ª. No todas, y con un importante sesgo entre los avances que registraron las mujeres urbanas frente a las rurales, pero de manera indudable en un indicador clave, la educaci¨®n. La escolarizaci¨®n de las ni?as pas¨® de un 0% en 2001 a un 77,7% solo dos a?os despu¨¦s, seg¨²n el Banco Mundial. Esa cifra alcanz¨® el 82,9% en 2018, ¨²ltimo dato registrado antes del retorno al poder de los fundamentalistas.
Una de esas afganas educadas es Laila Bassim, economista de 30 a?os. Fue expulsada de su puesto de funcionaria, obtenido por oposici¨®n en el Ministerio de Econom¨ªa, cuando los talibanes recuperaron el poder. Bassim, cofundadora del Movimiento Espont¨¢neo de Mujeres Manifestantes de Afganist¨¢n, sufri¨® un aborto despu¨¦s de que los fundamentalistas le propinaran una paliza por manifestarse en la calle. Esta mujer presenci¨® el asesinato de una de sus vecinas por oponerse a un matrimonio forzado y c¨®mo los talibanes lapidaron hasta la muerte a dos mujeres en su provincia natal de Badajsh¨¢n, a 260 kil¨®metros de Kabul, por no llevar el hiyab.
A pesar del riesgo de hablar con periodistas extranjeros, Bassim explica por WhatsApp a EL PA?S c¨®mo las afganas resisten ¡°con enorme valor¡± recurriendo a m¨¦todos ¡°creativos¡±, como esas manifestaciones a puerta cerrada con la cara cubierta, que sirven para grabar v¨ªdeos ¡°de disidencia y difundirlos en las redes sociales para hacer o¨ªr la voz de las afganas en todo el mundo¡±.
Esas protestas conllevan graves riesgos. La activista afgana calcula en un centenar las manifestantes detenidas por los talibanes entre octubre de 2022 y marzo de 2024. Luego subraya c¨®mo las ni?as afganas siguen resistiendo al asistir a esas escuelas clandestinas, con clases ¡°que se imparten en secreto en casas o lugares privados, y que est¨¢n organizadas por profesores o familias¡±. Otras muchas ni?as estudian a trav¨¦s de internet. Si lo tienen, con un ordenador; si no, simplemente ¡°con un m¨®vil¡±.
La resistencia cuenta con la colaboraci¨®n vital de las afganas exiliadas. Una de ellas es Khadija Amin, una periodista que presentaba un informativo en la televisi¨®n p¨²blica afgana y que, en agosto de 2021, lleg¨® a Espa?a a bordo de un avi¨®n fletado por la Fuerza A¨¦rea Espa?ola.

Amin lleg¨® a dormir en un parque a falta de medios para pagarse una habitaci¨®n. Casi cuatro a?os despu¨¦s, elabora un documental sobre Afganist¨¢n en una productora de televisi¨®n y se dispone a crear una asociaci¨®n de ayuda a las afganas con el nombre ¡°Esperanza de Libertad¡±. Este mi¨¦rcoles, recibi¨® el NIF de la asociaci¨®n, explica exultante por tel¨¦fono, poco antes de acudir al aeropuerto de Madrid para acoger a dos afganas y sus familias, en total, nueve personas, a las que ha ayudado a obtener un visado humanitario para viajar a Espa?a. Una de esas afganas, madre de cuatro hijos, tuvo que escapar de Afganist¨¢n ¡°despu¨¦s de que los talibanes la encarcelaran y torturaran¡±, relata la periodista.
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