L¨ªbano: la tregua de los ardides
Permitir que tropas israel¨ªes permanezcan en territorio ocupado ¨²nicamente servir¨¢ para reforzar a Hezbol¨¢

L¨ªbano vuelve a estar al borde de un nuevo conflicto una vez que Tel Aviv, de manera unilateral y con el apoyo de Washington, ha prorrogado la tregua en vigor desde el 27 de noviembre pasado. Precisamente, el domingo, fin del cese de hostilidades de 60 d¨ªas, 22 libaneses, entre ellos un militar, murieron por disparos de los soldados ocupantes y 124 resultaron heridos. Los civiles intentaban regresar a sus aldeas en el Sur; los soldados libaneses, garantizar su seguridad. En total, cerca de 40 personas han perdido la vida en los dos ¨²ltimos meses, siempre bajo las balas israel¨ªes, que han impedido el retorno a m¨¢s de 60 localidades. Seg¨²n las autoridades libanesas, que aparecen como una especie de intermediario entre el ej¨¦rcito israel¨ª y la milicia de Hezbol¨¢, los dos protagonistas del conflicto b¨¦lico de octubre-noviembre pasados, las fuerzas de ocupaci¨®n han cometido m¨¢s de 500 infracciones. Adem¨¢s de abrir fuego contra personas que ¡°se hab¨ªan acercado demasiado¡± a los destacamentos ocupantes, aquellas remiten a la demolici¨®n de edificios, la voladura de puentes y carreteras, la destrucci¨®n de huertos y ¨¢reas de cultivo (la f¨¦rtil vega del r¨ªo Wazzani) y la ocupaci¨®n de lugares a los que no hab¨ªan podido acceder durante la incursi¨®n del pasado oto?o.
Estas violaciones se han producido ante la mirada impotente de las fuerzas de la Unifil, comandadas por el general espa?ol Aroldo L¨¢zaro S¨¢ez, y el propio ej¨¦rcito liban¨¦s. Los destacamentos de la ONU y las Fuerzas Armadas libanesas integran la comisi¨®n para el cumplimiento y supervisi¨®n del alto el fuego en L¨ªbano junto con Estados Unidos, que la preside, Israel y Francia. Par¨ªs llam¨® a la retirada total de las tropas de Tel Aviv, pero la opini¨®n del presidente Emmanuel Macron no cuenta demasiado, al parecer.
La justificaci¨®n del Gobierno de Benjam¨ªn Netanyahu para impedir que todos los desplazados, en torno a un mill¨®n, regresen a sus hogares, tal y como establece el documento acordado, es que el ej¨¦rcito liban¨¦s no ha cumplido su cometido, que, seg¨²n su interpretaci¨®n particular de la tregua, inclu¨ªa la destrucci¨®n total de los arsenales e infraestructuras de Hezbol¨¢ y el arresto de sus miembros al sur del r¨ªo Litani. El texto, con enunciados ambiguos en determinado p¨¢rrafos, no dec¨ªa eso, pero, en todo caso, habr¨ªa sido de muy dif¨ªcil ejecuci¨®n: los soldados israel¨ªes han permanecido en numerosos emplazamientos y no han dejado de controlar los principales accesos terrestres, disparando incluso a los militares libaneses que llevaban a cabo sus propias labores de inspecci¨®n.
El general estadounidense Jasper Jeffers, presidente de la comisi¨®n, destacaba a principios de enero los esfuerzos del ej¨¦rcito local para ¡°consolidar la paz¡±. El hecho de que semanas despu¨¦s haya avalado la decisi¨®n israel¨ª, hasta el 18 de febrero ¡°por lo menos¡±, refleja la sinton¨ªa de la Administraci¨®n del presidente Donald Trump, como antes la de Joe Biden, con las tesis de Tel Aviv y la dejaci¨®n de sus obligaciones como mediador imparcial.
Y se trata de un error. Estados Unidos nunca ha comprendido el ¡°avispero¡± liban¨¦s, mediatizado por su estrecha relaci¨®n con el Estado de Israel y hoy la visi¨®n del neosionismo que ha permeado su pol¨ªtica exterior en Oriente Pr¨®ximo. Permitir que los uniformados israel¨ªes permanezcan en territorio ocupado, a pesar de contravenir flagrantemente los t¨¦rminos de un acuerdo internacional, sirve para reforzar a Hezbol¨¢, que ha mantenido un perfil discreto durante el periodo. Peor a¨²n, socava la legitimidad del Estado liban¨¦s y su ej¨¦rcito. La gran apuesta de Washington para arrinconar a Hezbol¨¢, aprovechando la animadversi¨®n de un segmento significativo de la poblaci¨®n libanesa, ha sido promover al general Joseph Aoun a la presidencia y al jurista Nawaf Salam a la jefatura del Gobierno, encargados ambos de desarmar a las milicias.
EE UU sigue siendo el patrocinador principal del ej¨¦rcito y se ha comprometido a adiestrarlo y entrenarlo, a despecho de las suspicacias de la llamada Resistencia isl¨¢mica; empero, la ocupaci¨®n israel¨ª ha tratado a los destacamentos de Beirut con una rudeza que no ha pasado desapercibida a un buen n¨²mero de libaneses, comulguen o no con Hezbol¨¢. El que las tropas israel¨ªes hayan tomado posesi¨®n de colinas, altos y collados que, curiosamente, dominan las provincias septentrionales de Israel, junto con las proclamas de asociaciones de colonos y c¨ªrculos pol¨ªticos para ¡°repoblar¡± el sur liban¨¦s o volver a explotar (como entre 1978 y 2000) sus notables recursos h¨ªdricos, refuerza la idea de que Israel sigue representando una amenaza vital para un proyecto nacional s¨®lido en el Pa¨ªs del Cedro. La ocupaci¨®n de una franja de territorio sirio cerca del Gol¨¢n o la ampliaci¨®n de los asentamientos en Cisjordania no ayudan a conjurar la imagen de un vecino obcecado en reconfigurar el mapa de la regi¨®n. Si esta tregua pretend¨ªa, desde la ¨®ptica estadounidense, conseguir en la paz lo que Netanyahu no obtuvo en la guerra ¡ªneutralizar por fin a Hezbol¨¢¡ª, el resultado puede ser otro: convencer a cada vez m¨¢s libaneses de que s¨®lo grupos como el Partido de Dios sabr¨¢n contener los impulsos de un proyecto expansionista.
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