C¨®mo contarle tus ciclos menstruales a una app puede llevarte a la c¨¢rcel
Los datos recabados sobre los ciclos menstruales de las mujeres pueden terminar suponiendo la evidencia de la comisi¨®n de un il¨ªcito penal en un pa¨ªs como EE UU
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Voy a hablarles de la menstruaci¨®n, ese hecho f¨ªsico lunar que m¨¢s de la mitad de la poblaci¨®n sufre durante casi 40 a?os de su vida y que tanto repugna a la otra mitad. Tranquilos, no voy a entrar en el debate sobre las bajas dolorosas por este concepto, bastante tengo con los charcos que ya piso.
Reformulo. Voy a hablar de por qu¨¦ sangrar cada 28 d¨ªas, m¨¢s o menos, tiene relaci¨®n con la tecnolog¨ªa, el control de movimientos y el establecimiento de sistemas de sanci¨®n penal. En definitiva, les voy a hablar de c¨®mo todos tenemos algo que ocultar y que ese derecho a ocultarnos l¨ªcitamente de la mirada de otros, lo que llamamos intimidad o privacidad, tienen todo el sentido porque nunca sabemos si acabaremos viviendo, de un d¨ªa para otro, en un estado policial. O en el Gilead de El cuento de la criada.
Hace unas semanas, Politico publicaba un bombazo de 98 p¨¢ginas desde el coraz¨®n del Tribunal Supremo estadounidense, una filtraci¨®n que ha llenado de ira al partido republicano quien es, curiosamente, el principal beneficiario del borrador de sentencia que se espera que se publique antes del verano. El texto detalla, en el lenguaje c¨¢ustico y despectivo del juez Samuel Alito, de orientaci¨®n profundamente conservadora, los planes del Tribunal Supremo para anular la hist¨®rica sentencia de 1973, Roe v. Wade, que legaliz¨® el aborto en Estados Unidos. Sin entrar en sus tripas t¨¦cnicas, lo que hac¨ªa Roe v. Wade era dar rango constitucional al derecho al aborto, y lo que hace la propuesta filtrada es quitarle esa consideraci¨®n remitiendo a los estados la facultad de regular dentro de su territorio esta cuesti¨®n.
Si el Tribunal Supremo anula el caso Roe contra Wade, es probable que m¨¢s de 20 estados -en los que vive aproximadamente la mitad de la poblaci¨®n de EEUU - proh¨ªban el derecho a abortar en casi cualquier circunstancia. Pero no solo. Una ley recientemente aprobada en Oklahoma, que toma como ejemplo la tejana (que proh¨ªbe toda interrupci¨®n del embarazo desde la sexta semana -¡±la ley del latido¡±-) y que va m¨¢s all¨¢ (proh¨ªbe abortar desde ¡°el momento mismo de la concepci¨®n¡±) prev¨¦ castigar a quien ayude a las mujeres de Oklahoma a abortar fuera, en un estado que s¨ª sea legal. La propia Ley de Texas, que parece estar¨ªa inspirando a otros estados republicanos en su furor legislativo, facultan a los ciudadanos particulares a denunciar a los infractores.
La Ley estadounidense de Portabilidad y Responsabilidad del Seguro M¨¦dico (HIPAA) establece la obligaci¨®n de guardar secreto profesional sobre las consultas relativas a la pr¨¢ctica de un aborto, obligaci¨®n que se extienden a los seguros m¨¦dicos y sus gestores. Pero las apps y los titanes de los datos no tienen la misma obligaci¨®n. Millones de mujeres utilizan aplicaciones para hacer un seguimiento de sus ciclos menstruales, registrando y almacenando datos ¨ªntimos sobre su salud reproductiva. Dado que esos datos pueden revelar cu¨¢ndo se detiene y comienza la menstruaci¨®n, la ovulaci¨®n y el embarazo, podr¨ªan convertirse en pruebas en los estados donde el aborto est¨¢ penalizado.
Un informe de 2021 del Consejo Internacional de Responsabilidad Digital (IDAC) descubri¨® que los rastreadores de menstruaci¨®n enviaban informaci¨®n personal sin cifrar o compart¨ªan datos con terceros sin revelarlo completamente en sus pol¨ªticas de privacidad, esas que tampoco nadie se lee. Ser¨ªa el caso de la app de menstruaci¨®n Flo, con m¨¢s de 100 millones de usuarias, quien lleg¨® a un acuerdo con la Comisi¨®n Federal de Comercio (FTC) tras ser investigada por haber prometido mantener los datos de sus usuarios protegidos para luego compartirlos con Facebook y Google. U Ovia, quien compart¨ªa los datos agregados sobre la planificaci¨®n familiar de algunos usuarios con sus empleadores. O Natural Cycles, la primera aplicaci¨®n autorizada por la Administraci¨®n de Alimentos y Medicamentos (FDA) para el control de la natalidad, que recopila ¡°informaci¨®n sensible¡± vinculada a la identidad del usuario.
Otro ejemplo: el blog Motherboard de Vice, por la risible cantidad de 160 dolares compr¨® a SafeGraph, datos que permit¨ªan identificar la procedencia de las personas que visitaron, durante una semana, m¨¢s de 600 cl¨ªnicas de Planned Parenthood (cl¨ªnicas donde se practica el aborto) y a d¨®nde fueron despu¨¦s. La empresa SafeGraph ha anunciado que no permitir¨¢ a sus clientes buscar datos de localizaci¨®n relacionados con los centros de planificaci¨®n familiar, pero nada impide que se vean obligados a facilitarlos si se los solicita la fiscal¨ªa o un juez.
De pronto, los legisladores estadounidenses se han percatado de que la econom¨ªa del dato se basa, precisamente, en comerciar con los datos de los individuos vendi¨¦ndoselos al mejor postor, que bien puede ser la fiscal¨ªa tejana o un grupo de la derecha radical. Y que tan pronto un dato se recaba, la tentaci¨®n de solicitarlo aparece. Y la obligaci¨®n de entregarlo, tambi¨¦n. Cuanto mejor ser¨ªa que ese dato nunca hubiera existido m¨¢s que en la mente de cada mujer que echa cuentas para saber cu¨¢ndo le toca ponerse mala.
La congresista dem¨®crata por California Sara Jacobs est¨¢ tratando de evitar que esto ocurra y ha presentado el proyecto de ley Mi cuerpo, mis datos que exigir¨ªa a las empresas que solo recojan y conserven la informaci¨®n sobre salud reproductiva que sea ¡°estrictamente necesaria¡± para prestar sus servicios, a menos que obtengan el consentimiento expl¨ªcito de un usuario, dando a los usuarios el derecho a exigir que se elimine su informaci¨®n o que las empresas revelen c¨®mo est¨¢n utilizando los datos. Por otro lado, un grupo de cinco senadores dem¨®cratas encabezados por el senador de Massachusetts Ed Markey ha instado a Apple y Google a que garanticen que los servicios de terceros en sus tiendas de aplicaciones ¡°no emplean pr¨¢cticas de datos que amenacen el bienestar de quien busque servicios de aborto¡±. Por su parte, el senador dem¨®crata por Oreg¨®n, Ron Wyden, junto con 40 congresistas dem¨®cratas ha remitido una carta en la que piden a Google que ¡°deje de recopilar y retener innecesariamente los datos de localizaci¨®n de los clientes¡± y evite que se utilicen para identificar a las personas que han abortado, con el riesgo de que los fiscales de los estados m¨¢s restrictivos obtengan ¨®rdenes para perseguir, procesar y encarcelar a las mujeres que hayan abortado dentro o fuera de su estado. Buena suerte con eso, Ron.
Y as¨ª, de pronto, un cambio legislativo hace que saber si una mujer ha dejado de menstruar, ha salido de su estado, y ha vuelto a menstruar al cabo de unas semanas puede suponer la evidencia de la comisi¨®n de un il¨ªcito penal. Vivimos inmersos en un adanismo galvanizado. Damos por sentado que el estado de bienestar, las vacaciones pagadas, los derechos fundamentales, el estado de derecho est¨¢n ah¨ª desde siempre y que, hagamos lo que hagamos, son indestructibles. Que nos los merecemos por nuestra cara bonita, porque nosotros lo valemos, porque es lo m¨ªnimo que la humanidad nos debe. Los derechos est¨¢n hechos de titanio y podemos sobarlos tanto como queramos. No queremos saber o no sabemos, porque nada que nos haya precedido existe o tiene importancia, que son un compactado de fina arena producto del trabajo constante y la lucha cruenta de las generaciones que nos precedieron. Tan d¨¦biles son que un par de manotazos asestados con habilidad los disuelve y sus microsc¨®picos pedazos se pierden en el viento como las l¨¢grimas de un replicante.
A veces mantener estos derechos merece que volvamos a la cuenta de la vieja.
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