Dolor en directo
La publicaci¨®n de una fotograf¨ªa del Papa convulsionado por una mueca de dolor en la primera p¨¢gina del jueves pasado impuls¨® a varios lectores a remitir escritos de queja al diario, uno de los cuales fue publicado en Cartas al Director el viernes.
Los remitentes cre¨ªan que la publicaci¨®n de esa imagen era sensacionalista, morbosa o gore, y en alg¨²n caso se consideraba que supon¨ªa una intromisi¨®n en la intimidad del enfermo.
Vaya por delante mi convicci¨®n de que no se ha vulnerado el derecho a la intimidad del fotografiado, porque ¨¦l renunci¨® a ejercerlo, ni ning¨²n otro principio de la ¨¦tica del periodismo. Pero mostrar la enfermedad en p¨²blico es algo tan excepcional que val¨ªa la pena tratar el tema.
El corresponsal en Roma Enric Gonz¨¢lez explica la actitud del pont¨ªfice: "Juan Pablo II, un Papa m¨ªstico y habituado a interactuar con las multitudes, decidi¨® permanecer en su puesto hasta que la enfermedad de Parkinson le consumiera por completo, y busc¨® el contacto con la gente mientras las fuerzas se lo permitieron. Sin exhibirse, pero sin ocultarse. No hubo ning¨²n empe?o malsano por parte de esa abstracci¨®n llamada el Vaticano, s¨®lo una decisi¨®n personal de Karol Wojtyla. En realidad, si hubiera dependido de los altos cargos de la curia y de los m¨¦dicos, al Papa se le habr¨ªa visto mucho menos".
"?Hasta qu¨¦ punto es obsceno mostrar el sufrimiento?", se pregunta Gonz¨¢lez. Y prosigue: "Esa pregunta centra un debate dif¨ªcil, que se desarrolla incluso dentro de la Santa Sede. Pr¨¢cticamente todos los medios de comunicaci¨®n han utilizado las mismas im¨¢genes de la ¨²ltima fase vital de Juan Pablo II, porque no hab¨ªa otras. El Papa estaba como le reflejaban las c¨¢maras, desencajado, dolorido, sin apenas aliento, rabioso por carecer de fuerzas. Era un hombre enfermo, sin padres, ni hijos, ni hermanos, convencido de que Jes¨²s no hab¨ªa perdido su dignidad durante las humillaciones del Calvario y de que ¨¦l no perd¨ªa la suya por vivir algunos momentos de su agon¨ªa ante el ojo p¨²blico".
Los manuales de ¨¦tica period¨ªstica establecen que en los momentos de dolor debe extremarse el respeto a la intimidad y los medios de comunicaci¨®n evitan la difusi¨®n de im¨¢genes de enfermos que mermen su dignidad. De ah¨ª que la informaci¨®n gr¨¢fica del Papa haya causado tanto impacto. Im¨¢genes as¨ª s¨®lo se ven en el propio c¨ªrculo ¨ªntimo o en secuencias de ficci¨®n.
Karol Wojtyla siempre ha sabido relacionarse bien con los medios de comunicaci¨®n, especialmente con la televisi¨®n. Frente a la lejan¨ªa en que eran vistos sus antecesores, que convivieron con medios mucho menos potentes, ¨¦l ha entendido en todo momento la importancia de los medios audiovisuales para lanzar su mensaje.
Una an¨¦cdota contada en este diario en mayo de 2000 por la anterior corresponsal en Roma, Lola Gal¨¢n, es muy reveladora: "En el reciente e hist¨®rico viaje a Tierra Santa hubo un momento particularmente excesivo cuando Karol Wojtyla se introdujo en el Santo Sepulcro, en Jerusal¨¦n, un lugar diminuto y de especial significado para el pont¨ªfice, adonde le sigui¨®, pese a las dificultades de espacio, un c¨¢mara de televisi¨®n. La expresi¨®n conmovida del Papa pudo llegar al mundo, en directo, en un alarde informativo".
Los medios de comunicaci¨®n son extremadamente sensibles a lo extraordinario. Por definici¨®n, lo habitual no es noticia y s¨ª lo es lo que desborda la normalidad. Karol Wojtyla ha sabido aprovechar para su causa esta circunstancia durante todo su pontificado, incluso en los ¨²ltimos momentos de su larga enfermedad.
Volvamos al principio: ?son morbosas o sensacionalistas las im¨¢genes de un Papa desencajado por el dolor? Me resulta dif¨ªcil decir rotundamente que no. Pero ser¨ªa injusto atribuir esos calificativos a los medios que las han difundido.
Astr¨®logos y astr¨®logos
En la columna del 13 de marzo sobre la protesta de los astr¨®nomos por haber sido confundidos con astr¨®logos en un titular de la primera p¨¢gina del EPS comet¨ª el error de atribuir el af¨¢n de medrar a todo un colectivo: "Vale la pena, pues, esmerarse en evitar que la astrolog¨ªa y los astr¨®logos sigan medrando", conclu¨ª.
Una veintena de astr¨®logos han protestado por tel¨¦fono o correo electr¨®nico por la descalificaci¨®n hecha de su actividad. Algunos, en buen tono, como Juan Manuel Mart¨ªnez Puertas, que explica: "Nosotros, los astr¨®logos de verdad, no los que los medios de comunicaci¨®n muestran al gran p¨²blico, tenemos un c¨®digo deontol¨®gico que nos impide estafar, mentir e incluso emitir an¨¢lisis que puedan desanimar o que no ayuden a nuestros consultantes".
Otros han optado por atacar con dureza mi ignorancia sobre la astrolog¨ªa. La que m¨¢s, Carmen Rochera, que concluye as¨ª su mensaje: "Con usted, sin saber nada de nada y siendo s¨®lo uno m¨¢s de los incultos analfabetos con titilaci¨®n universitaria colegiada, mafiosa y llena de estulticia, malicia y desinformadora por naturaleza, volveremos al medievo".
Los lectores pueden escribir al Defensor del Lector por carta o correo electr¨®nico (defensor@elpais.es), o telefonearle al n¨²mero 913 377 836.
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