Mujeres con voz y votos
Ellas tambi¨¦n se suben al p¨²lpito en Espa?a. Dentro de la Iglesia protestante. En nuestro pa¨ªs, 141 pastoras dirigen la vida religiosa de sus comunidades en un ejercicio que otras confesiones, como la cat¨®lica, no aceptan
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Desde que tiene uso de raz¨®n, Esther Ruiz de Miguel vive vinculada a la Iglesia. Su padre fue pastor; por l¨ªnea materna, su hermana y ella encarnan la quinta generaci¨®n de protestantes. Esther naci¨® hace 49 a?os en un hospital evang¨¦lico de Barcelona, ciudad donde su padre oficiaba. As¨ª que sus estudios en el seminario evang¨¦lico de El Escorial (Madrid) y la Facultad de Teolog¨ªa de Lausana (Suiza) vinieron rodados. Fue en Suiza donde tom¨® la decisi¨®n de consagrarse. "All¨ª me convenc¨ª, porque vi un panorama muy distinto al de Espa?a: la mitad de los alumnos eran mujeres", dice.
Esther Ruiz de Miguel, de la Iglesia evang¨¦lica espa?ola, se orden¨® como pastora o ministra de culto en 1991, tres a?os antes que las primeras anglicanas en Inglaterra. La consagraci¨®n de ¨¦stas hizo correr r¨ªos de tinta, y provoc¨® un ruido de sables -o de cismas- que no ha dejado de sonar; la ¨²ltima vez, con motivo del nombramiento de una obispa episcopaliana en EE UU. Vientos de cambio tambi¨¦n en otras confesiones, como la musulmana -ya hay una promoci¨®n de mujeres imanes en Marruecos-, subrayan el clamoroso silencio de la Iglesia cat¨®lica al respecto: un mutismo enrocado desde que en 1994 el documento Ordenatio sacerdotalis declarara irrevocable la prohibici¨®n del sacerdocio femenino en su seno. Esa carta de Juan Pablo II fue rubricada por el entonces prefecto para la Congregaci¨®n de la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI.
Esther Ruiz no es la ¨²nica mujer con responsabilidad en el protestantismo espa?ol. Como ella hay otras 141 ministras de culto (los pastores son 1.562), pertenecientes a 27 grupos o "familias denominacionales" (pentecostales, bautistas, carism¨¢ticos, luteranos, anglicanos, etc¨¦tera). Se trata de Iglesias legales, registradas en la Federaci¨®n de Entidades Religiosas Evang¨¦licas de Espa?a (Ferede), interlocutora ante el Estado espa?ol. A medida que afloran estos datos es f¨¢cil percatarse de la invisibilidad -o desconocimiento- de una religi¨®n que en 1992 fue declarada "de notorio arraigo" y que profesan m¨¢s de 400.000 espa?oles, as¨ª como el doble de extranjeros, entre ciudadanos comunitarios -la mayor¨ªa, unos 700.000- y extracomunitarios. En total, alrededor de 1,2 millones de personas.
La pastora Ruiz rebaja el nivel de su condici¨®n de pionera. "No estoy a la vanguardia. Algunas te¨®logas cat¨®licas tienen mucho m¨¢s valor y son m¨¢s pioneras que yo. Son voces acalladas, y me identifico en la fe con ellas; me da rabia que sean pisoteadas. Yo soy una privilegiada por el hecho de ser protestante. La Iglesia cat¨®lica cambiar¨ªa un mont¨®n con la incorporaci¨®n de las mujeres", se?ala en el despacho parroquial, que se reparte con su marido, tambi¨¦n pastor. Juntos "copastorean" -as¨ª le gusta decirlo- a un centenar de fieles.
Esther tiene dos hijos (un chaval de 17 y una chica de 14), y no sabr¨ªa muy bien qu¨¦ decirles en caso de que decidieran seguir sus pasos. "Puede que no se lo aconsejara, es muy sacrificado. El pastor, antes ejerc¨ªa cierta autoridad; ahora se cuestiona todo", a?ade. "Pero me resulta muy f¨¢cil hablar a los j¨®venes porque tengo hijos de esa edad. Pillas todas las ondas y hablas con ellos de las drogas, el botell¨®n, las relaciones sexuales o el matrimonio gay, por ejemplo. Y como madre y esposa, tengo ventaja sobre un pastor: entiendo mejor los problemas de las mujeres".
As¨ª que administrar una Iglesia vendr¨ªa a ser como llevar una casa o una familia: una sazonada mezcla de di¨¢logo, l¨ªmites, autoridad, amor e intereses casi siempre contrapuestos. "Claro que tambi¨¦n hay sinsabores". Ella misma, que como presidenta del Presbiterio madrile?o controla todos los oratorios de la comunidad, ha podido percibir la animadversi¨®n de algunos fieles. "Bueno, son notas discordantes, siempre las hay. Pero se equivoca quien considera la incorporaci¨®n de la mujer a la Iglesia una forma de conseguir poder. No hay que verlo as¨ª, sino en clave de mensaje y testimonio. El poder es de Dios, no de una pastora, una obispa o el papa".
Esther es habladora, franca y cercana. Viste pantalones y camiseta; lleva el pelo recogido con una cinta de algod¨®n, y de su cuello cuelga la silueta de una paloma de la paz sujeta a un cord¨®n negro. Un paquete de cigarrillos light acompa?a la charla. Susana Buell, sin embargo, se presenta a la cita con la vestimenta can¨®nica de un pastor anglicano: un impoluto alzacuellos sella el ¨²ltimo bot¨®n de su camisa. De apariencia adusta, la impresi¨®n se deshace como un azucarillo al contacto del agua: enseguida empieza a charlar por los codos y a re¨ªr. Estadounidense, de 67 a?os, es de¨¢n [rectora] de la iglesia catedral protestante de Madrid, que data de 1893 y pertenece a la Comuni¨®n Anglicana.
El oratorio de la calle Beneficencia es una estaci¨®n m¨¢s de una vida enteramente dedicada a la Iglesia. En su pa¨ªs, su primer destino fue El Paso (Tejas, Estados Unidos), "con un vecindario muy entretenido: forajidos, prostitutas?"; el pen¨²ltimo, una parroquia en Pensilvania "rodeada de ¨¢rboles y arrullada por el canto de los p¨¢jaros". Hoy, Susana ora et labora en pleno centro de Madrid.
La reverenda -"bueno, s¨®lo me llaman as¨ª los ni?os, porque es bueno que conozcan los l¨ªmites y el respeto"- no para: cocina, cultiva limoneros y rosales, hace marionetas, pone orden en la biblioteca y canta en dos coros. Entre sus responsabilidades pastorales figuran el culto -que re¨²ne a unas 80 personas-, la direcci¨®n de la iglesia, el ropero ben¨¦fico y el reparto de alimentos a los necesitados. Tambi¨¦n le toca predicar: "No m¨¢s de 15 minutos; lo que supere ese tiempo es repetirse. El sentido del humor es fundamental, tanto en los sermones como en las parroquias. La solemnidad a veces es necesaria, pero tambi¨¦n hay que re¨ªrse".
La reverenda Susana r¨ªe, vaya que si r¨ªe. Divorciada, tiene tres hijos, a los que califica de "divertidos", y seis nietos "muy p¨ªcaros". En lo ideol¨®gico se define como liberal, y asegura conceder m¨¢s valor a la solidaridad que a la doctrina o el dogma. En la conversaci¨®n, la referencia a su famosa compatriota Katharine J. Schori, la obispa episcopaliana, es inevitable. "Seguro que es muy inteligente y no caer¨¢ en esa trampa de si hay que aceptar a obispos gays o hay que prohibirlos? ?Qu¨¦ importancia tiene la sexualidad en todo eso? Ninguna. Mucho m¨¢s importante es el tr¨¢fico de ni?os, la violencia o los desmanes ecol¨®gicos. ?Eso s¨ª que es importante! Pero, claro, es mucho m¨¢s f¨¢cil atizar la sexualidad, lo primario".
Como el resto de las pastoras entrevistadas, Susana Buell subraya que la presencia de la mujer en la Iglesia no es tanto una cuesti¨®n de g¨¦nero como de educaci¨®n, experiencia vital, cultura o talante. Licenciada en literatura francesa e hisp¨¢nica, formada en teolog¨ªa en Austin (Tejas) y con un posgrado en la Universidad Cat¨®lica de Par¨ªs, donde qued¨® inoculada por las reglas benedictinas -las reconoce como inspiraci¨®n esencial de su magisterio-, demuestra disponer de sobradas razones para su cargo. La pronunciaci¨®n de esta palabra, sin embargo, le hace dar un respingo: ni ella, ni el resto de las pastoras que aparecen en el reportaje ven su misi¨®n pastoral como un cargo. Todas utilizan el t¨¦rmino servicio. Cargo implica poder, y el poder se estructura en jerarqu¨ªas. Pero los evang¨¦licos recelan de las estructuras de mando porque, dicen, son ajenas a su propia constituci¨®n como comunidades.
"Trabajo, un trabajo sin descanso por mejorar el mundo que te ha tocado vivir". As¨ª define su labor la catalana Carmen S¨¢nchez P¨¦rez, de 57 a?os, pastora de la Iglesia evang¨¦lica espa?ola y ONG andante por la obra social que ampara -"no por heroicidad alguna, sino por creer en un Cristo encarnado en las calles"-. A su empe?o se deben un centro de reinserci¨®n para toxic¨®manos salidos de prisi¨®n, El Faro; el Centro Mois¨¦s para ni?os maltratados, donde conviven 21 cr¨ªos de 3 a 12 a?os, o un centro de ocio alternativo para adolescentes. Santa Coloma de Gramenet, primero, y ahora La Llagosta, un peque?o municipio de Barcelona, son los escenarios de sus desvelos.
Carmen, que reconoce haber renunciado a formar una familia "para evitar destrozarla", rechaza etiquetas y cr¨ªticas -numerosas en el campo cat¨®lico, apunta- por el hecho de ser pastora, algo que considera, m¨¢s que una opci¨®n personal, la responsabilidad inherente a una vocaci¨®n y un servicio. De hecho, su camino parec¨ªa estar trazado en otra direcci¨®n: "Renunci¨¦ a un trabajo de secretaria en una multinacional cuando la congregaci¨®n me propuso formar parte activa de ella". Antes de la propuesta, Carmen S¨¢nchez ya estudiaba en el Seminario Teol¨®gico de Castelldefells. "Me matricul¨¦ para conocer la Biblia, no con idea de hacerme pastora", a?ade. De eso hace ya m¨¢s de dos d¨¦cadas, y durante este tiempo, Carmen ha creado escuela -tres disc¨ªpulos suyos, todos varones, se han consagrado- o predicado alguna que otra vez en una iglesia cat¨®lica, en un ejemplo de ecumenismo que la enorgullece. "S¨ª, igual que el p¨¢rroco ha venido a hacerlo en nuestra iglesia".
Asun Quintana, tinerfe?a, de 48 a?os, licenciada en filolog¨ªa hisp¨¢nica, casada, con tres hijos y un nieto, es firme en la reivindicaci¨®n del papel femenino en la Iglesia. Asun es la primera pastora de la Asamblea Cristiana, otra de las familias o denominaciones que componen el protestantismo espa?ol. "Otras iglesias respetan mi papel, pero no me dejar¨ªan predicar", se?ala. "El veto a la ordenaci¨®n de mujeres es un asunto cultural, no doctrinal".
Asun asegura que su condici¨®n de mujer le resulta de gran ayuda "a la hora de entender a las abuelas, a las madres o a las adolescentes que se quedan embarazadas". Suya fue la idea de instalar una guarder¨ªa en su reluciente iglesia madrile?a, en el barrio de Vallecas. La guarder¨ªa se comunica, a trav¨¦s de una mampara y un interfono, con el oratorio, para que los padres a cargo de los beb¨¦s puedan seguir el oficio sin descuidar a los ni?os. "Fue idea m¨ªa; tambi¨¦n incluirme en los turnos de atenci¨®n a los peques los jueves, cuando tenemos estudio b¨ªblico. Quiero estar cerca; no lejos, instalada en el p¨²lpito. La figura del pastor profesional, con horario, no es lo m¨ªo". Pese a todo, Asun recibe un magro sueldo -inferior al salario m¨ªnimo interprofesional- de su comunidad, que, como el resto, se autofinancia mediante contribuciones, diezmos o la movilizaci¨®n de activos (en caso de tenerlos, claro). Podr¨ªa cotizar en el R¨¦gimen General de la Seguridad Social -es uno de los acuerdos suscritos por la Ferede con el Estado espa?ol en 1992-, pero prefiere ahorrarle ese gasto a su Iglesia y seguir en la cartilla de su marido, m¨¦dico (tambi¨¦n ministro de culto). Esther Ruiz, por ejemplo, s¨ª cotiza.
Cuestiones pr¨¢cticas al margen, que se estipulan en los acuerdos de cooperaci¨®n firmados por la Ferede y el Estado (el derecho a recibir educaci¨®n religiosa evang¨¦lica en la escuela, el r¨¦gimen econ¨®mico y fiscal, el libre acceso de los pastores a las prisiones?), no es en absoluto lo material lo que m¨¢s pesa. "La implicaci¨®n emocional en los problemas del pr¨®jimo, la disponibilidad constante, sin horario, pueden acabar quem¨¢ndote", conf¨ªa Asun Quintana. "Pero entonces voy a la fuente, Dios, y me renuevo". A¨²n recuerda esta mujer los nervios del primer serm¨®n, el deb¨² en el p¨²lpito; como si tuviera lagartijas en el est¨®mago, algo que hoy sigue sintiendo ante cada pr¨¦dica. Pero quien mejor se acuerda es Esther Ruiz, que tuvo que ensayar ante el espejo un serm¨®n en franc¨¦s, el broche a sus estudios de teolog¨ªa en Lausana: "Si no hab¨ªa predicado jam¨¢s en castellano?, ?imag¨ªnate tener que hacerlo en franc¨¦s! Pero no me licenciaban si no hac¨ªa estas pr¨¢cticas, y me puse a ello, frente al espejo, una y otra vez".
Tal vez para paliar el miedo esc¨¦nico, qui¨¦n sabe, la coreana Young-Ae Kim, de 49 a?os, se rodea en los cultos de siete u ocho j¨®venes provistos de distintos instrumentos musicales. Kim, que pertenece a la Iglesia Evang¨¦lica de La Roca (pentecostal), lleg¨® a Valladolid en 1988 "con el encargo de abrir una obra"; a cuestas, una somera experiencia como ayudante en la obra pastoral. Pero, como en los otros casos del reportaje, las circunstancias -tanto como su vocaci¨®n- fueron tomando las decisiones por ella. Hoy pastorea alrededor de 80 personas y su obra ha fructificado: la iglesia ha dado el salto del barrio de Los Pajarillos a la localidad de Santovenia de Pisuerga, donde acaba de inaugurar un sal¨®n de culto. Si a su condici¨®n de extranjera suma su ministerio, se entiende que haya dejado sin habla a m¨¢s de uno. "No ando todos los d¨ªas por ah¨ª diciendo qu¨¦ soy, pero cuando tengo que presentarme como pastora, la gente se queda bastante sorprendida. 'Vaya, qu¨¦ iglesia tan progresista', comentan a veces. Pero nunca me ha rechazado nadie; al rev¨¦s, todo ha sido positivo", afirma. La pastora Kim, soltera y sin hijos, suena al otro lado del tel¨¦fono vivaz y divertida, sobre todo al recordar el apuro que pas¨® cuando, al renovar su tarjeta de residencia, tuvo que explicar de qu¨¦ tipo de ganado se ocupaba. "Pastora, ?de qu¨¦? ?De ovejas?", le preguntaron. Est¨¢ convencida de que la mujer desempe?a un papel primordial "en todas las religiones". "Muchas congregaciones est¨¢n formadas mayoritariamente por mujeres; por eso, ?a qu¨¦ viene sorprenderse por ir m¨¢s all¨¢?".
Dentro de la respetuosa diversidad que caracteriza a las distintas familias o denominaciones evang¨¦licas, el silencio con que vienen ejerciendo sus responsabilidades pastorales, y el compromiso de servir que muestran, caracterizan a estas pastoras del siglo XXI.
Sirva como colof¨®n Francisca Capa, que, sin desempe?ar una labor pastoral estricta, s¨ª constituye una voz autorizada dentro del protestantismo espa?ol: es la presidenta de Diacon¨ªa [la C¨¢ritas protestante] y miembro de la junta directiva de Ferede. "Si cada vez hay m¨¢s mujeres profesionales en distintos ¨¢mbitos, ?por qu¨¦ no va a haberlas en la Iglesia?", afirma esta m¨¦dica de atenci¨®n primaria en la provincia de Valladolid -"m¨¦dica rural", subraya con orgullo-. "Reci¨¦n licenciada, en 1981 me ofrecieron formar parte del comit¨¦ ejecutivo de los Grupos B¨ªblicos Unidos. Luego entr¨¦ en la junta directiva de la Asociaci¨®n Evang¨¦lica Espa?ola, como responsable de acci¨®n social. Lo ¨²ltimo ha sido la presidencia de Diacon¨ªa", relata. Pero, como el resto de las mujeres consultadas, Francisca tiene muy claro que su dedicaci¨®n "no es un cargo ni el resultado de una ambici¨®n". "No es un asunto de poder, eso no existe. Se trata de servir dentro de la comunidad, nada m¨¢s".
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