Modernidad y nuevos p¨²blicos
Sin duda, la m¨²sica cl¨¢sica en general y la ¨®pera en particular son artes de minor¨ªas; ensanchar esa minor¨ªa, convertirla en una "inmensa minor¨ªa", es un prop¨®sito y una obligaci¨®n civilizadora, humanista y democr¨¢tica.
La ¨®pera no es s¨®lo un problema de minor¨ªa, sino que, en muchas ocasiones, se trata de un colectivo cerrado y exclusivo. Abrirlo y ensancharlo s¨®lo es posible si se rompe su dimensi¨®n elitista y si conecta con la modernidad, si se hace contempor¨¢nea y apuesta por el futuro.
La dimensi¨®n elitista y de prestigio social de la ¨®pera desvirt¨²a la percepci¨®n del espect¨¢culo mismo y desplaza una parte importante de posibles aficionados y de j¨®venes. Esa dimensi¨®n ha existido siempre y cumple una funci¨®n en la medida en que las elites se comprometen en el sostenimiento de este arte caro y subvencionado, pero se convierte en un factor muy negativo cuando sublima los teatros de ¨®pera como templos, cuando anula, excluye y cierra la ¨®pera a nuevos p¨²blicos de forma que ¨¦stos ni siquiera se plantean el acceso. Por cierto, no siempre la indumentaria de los espectadores tiene que ver con el elitismo. Recuerdo el comentario de Dionisio Ridruejo, en 1974, despu¨¦s de asistir al congreso de uno de los partidos en la reciente Revoluci¨®n de los Claveles de Portugal. Le preguntamos si hab¨ªa muchos obreros y respondi¨®: "Pues s¨ª, creo que s¨ª porque era domingo y hab¨ªa mucha gente con corbata".
La ¨®pera, si se acompasa con los tiempos actuales, no puede cerrar los ojos a los lenguajes nuevos
La visi¨®n moderna e innovadora de la ¨®pera no se refiere s¨®lo a obras contempor¨¢neas, sino tambi¨¦n -y quiz¨¢s sobre todo- a obras tradicionales, donde m¨²sica y libreto no cambian, pero el drama admite enfoques modernos e incluso revolucionarios. Es lo que P¨¢niker llama "retroprogresismo".
Respetar los valores universales que libreto y m¨²sica encierran es compatible con reinterpretar las grandes obras sin desvirtuar su esencia; labor sin duda arriesgada, pero imprescindible y, en todo caso, inherente a toda creaci¨®n art¨ªstica. Tampoco se traiciona la esencia del canto por el hecho de que el "cantante-estatua", tanto a la antigua usanza como en la actual ¨®pera en concierto, se convierta en "cantante-actor" e integre su voz en la acci¨®n del drama, en la letra y en la m¨²sica. En las artes pl¨¢sticas se ha aceptado la renovaci¨®n, actualizaci¨®n, e incluso revoluci¨®n porque ha tratado los temas tradicionales, sean religiosos, civiles o psicol¨®gicos, con absoluta libertad innovadora y, sea o no elitista, ha permitido una apertura a un p¨²blico muy amplio. Las v¨ªrgenes que pintaban los renacentistas nada tienen que ver con las de Murillo y ninguna de ellas con c¨®mo era de verdad la Virgen, pero todas part¨ªan de la misma tradici¨®n. El mismo concepto de la "escenograf¨ªa" de la Adoraci¨®n de los Magos de Rubens no tiene nada que ver con lo que fue o pudo ser. Igual podemos decir de Las Meninas de Picasso. Pero todos estos ejemplos parten de una raigambre y de un pasado que en ninguno de los casos se desvirt¨²an.
Si se considera a la ¨®pera como el espect¨¢culo total por antonomasia, y quiere acompasarse a los tiempos actuales, no puede cerrar los ojos a los lenguajes nuevos que adem¨¢s hacen posible superar las limitaciones f¨ªsicas del "templo". La introducci¨®n de la fotograf¨ªa, el cine, el v¨ªdeo, la televisi¨®n, las nuevas tecnolog¨ªas, Internet, abren una frontera inmensa a trav¨¦s de la cual pueden acceder a ella esos nuevos p¨²blicos.
Estos nuevos lenguajes ya est¨¢n siendo utilizados con una aceptaci¨®n importante: el Liceo de Barcelona, en colaboraci¨®n con el Teatro Real de Madrid, transmite ¨®peras en directo v¨ªa Internet a m¨¢s de 40 universidades en un programa que precisamente se llama "?pera oberta".
Un arte que se financia en gran parte con fondos p¨²blicos tiene la obligaci¨®n de desarrollar un proyecto cultural basado en la libertad de creaci¨®n y de expresi¨®n, que trascienda gustos o disgustos de la "audiencia" y que facilite el acceso, el conocimiento y la informaci¨®n de los ciudadanos, sean entendidos o ne¨®fitos, conservadores o vanguardistas. Les guste o no la ¨®pera, todos merecen igual respeto, de forma que aqu¨¦lla llegue a convertirse en patrimonio global. Son muchos los espa?oles que no han le¨ªdo El Quijote y muchos los que no han visitado el Museo del Prado, pero ambos son considerados como patrimonio de todos. Quiz¨¢s esto ocurre en Italia con la ¨®pera, no en Espa?a... todav¨ªa, pero en ello estamos. El renacimiento de la ¨®pera en nuestro pa¨ªs es explosivo y, en cierto modo, vivimos una ¨¦poca de entusiasmo: el Teatro Real de Madrid reabri¨® tan s¨®lo hace 10 a?os; el Liceo de Barcelona -despu¨¦s del incendio- en 1999; Bilbao inicia temporadas estables de ¨®pera en 1990 y Sevilla en 1994; Oviedo tambi¨¦n en fechas cercanas; Perelada, Santander y San Sebasti¨¢n incorporan programas de ¨®pera en sus tradicionales festivales de m¨²sica a principios de los 90; se suma Jerez en 1996, y nuevos teatros de ¨®pera se inauguran en Valencia, Tenerife o Sabadell, e incluso hay planes en Granada para un nuevo auditorio de ¨®pera... No existe crisis presupuestaria como ocurre en Alemania o Italia. Bienvenida sea esta "edad de oro" a la que sin duda ha contribuido la fascinaci¨®n que ejercen sobre el p¨²blico grandes voces espa?olas como las de Victoria de los ?ngeles, Pl¨¢cido Domingo, Montserrat Caball¨¦, Teresa Berganza, Pilar Lorengar, Alfredo Kraus, Jos¨¦ Carreras y tantos otros, pero hay un aspecto fundamental de cara a su sostenimiento y futuro que pasa por las condiciones de popularidad y modernidad descritas, y por un intenso programa pedag¨®gico y de educaci¨®n musical, tantas veces reclamado.
Sirva la conmemoraci¨®n de los 400 a?os transcurridos desde el estreno de la primera obra maestra de la ¨®pera, el Orfeo de Monteverdi, que celebramos ahora, para abrir este debate, al que se suma el Teatro Real de Madrid en su modesto pero esperanzador 10? aniversario.
Miguel Mu?iz de las Cuevas es director general del Teatro Real.
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