Del Bronx al Supremo
Sonia Sotomayor, la hija de unos puertorrique?os que viv¨ªan en uno de los barrios m¨¢s conflictivos y humildes de Nueva York, llega al m¨¢ximo tribunal de Estados Unidos de la mano de Obama
De ni?a creci¨® leyendo las novelas del famoso personaje de Nancy Drew y dese¨® convertirse en una de esas detectives que investigan casos misteriosos. Hasta que le diagnosticaron diabetes y su m¨¦dico le comunic¨® que le resultar¨ªa dif¨ªcil llevar a cabo tan arriesgado oficio. Entonces se refugi¨® en la televisi¨®n y pasaba horas siguiendo los juicios de Perry Mason, otro personaje de ficci¨®n que en este caso representaba a un abogado defensor. Pero aquella ni?a de ocho a?os no quer¨ªa emular a Mason. Ella misma cuenta que su carrera qued¨® determinada durante un episodio de aquella serie que acababa con la foto fija de un juez en pantalla. Sonia Sotomayor, hoy 54 a?os, decidi¨® que de mayor ser¨ªa juez.
Ning¨²n latino, ni mujer ni hombre, ha llegado nunca tan lejos dentro de las instituciones de Estados Unidos
Y si su destino se hubiera dejado a la suerte de su procedencia social, su raza y/o su g¨¦nero, las probabilidades de que nunca lo hubiera conseguido hubieran sido tan altas que pr¨¢cticamente podr¨ªan considerarse nulas. Pero la historia de Sotomayor no hace m¨¢s que probar la propia historia de Estados Unidos. No hace m¨¢s que ratificar aquello del "s¨®lo posible en Am¨¦rica".
Si no, ?c¨®mo puede explicarse que la hija de unos puertorrique?os que viv¨ªan en una casa de protecci¨®n oficial del sur del Bronx sea la persona elegida por el presidente Barack Obama para pertenecer al exclusivo y elitista club de los nueve que es el Tribunal Supremo de EE UU? "Era una ni?a con sue?os" en un pa¨ªs que hace posibles los sue?os, explic¨® Sotomayor hace alg¨²n tiempo.
Que su vida no fue f¨¢cil es un hecho. Perdi¨® a su padre (42 a?os, soldador de profesi¨®n) a la edad de nueve. La madre, Celina -su fuerza impulsora-, sac¨® adelante a dos hijos (Sonia y Juan, que se convirti¨® en m¨¦dico) con el sueldo de una enfermera que trabajaba seis d¨ªas por semana. Llegados de Puerto Rico durante la Segunda Guerra Mundial, los Sotomayor se instalaron en el conflictivo sur del Bronx, en Bronxdale Houses. "En Bronxdale hab¨ªa pobres", record¨® Sotomayor en 1998 en una entrevista. "Hab¨ªa pobres-pobres, hab¨ªa pobres enfermos; hab¨ªa adictos y no adictos; todo tipo de gentes, todos con problemas y cada uno de ellos les daba soluciones diferentes. Hab¨ªa distintas formas de supervivencia, diferentes reacciones ante la adversidad. Y cada ni?o que crec¨ªa all¨ª ten¨ªa que tomar sus propias decisiones".
Por supuesto ella tom¨® las suyas, ayudada por una madre que en los a?os sesenta regal¨® a sus hijos una Enciclopedia Brit¨¢nica para ayudarles en sus trabajos escolares. ?La Brit¨¢nica en las casas de protecci¨®n oficial del Bronx! Todo un exotismo que indicaba la importancia que la se?ora Sotomayor conced¨ªa a los estudios, igual que el hecho de que llevara a sus hijos a una escuela cat¨®lica que parec¨ªa ser una garant¨ªa de ¨¦xito frente a los peligrosos colegios p¨²blicos de la zona.
Superado el colegio y el instituto (de donde sali¨® con un novio, Kevin Noonan, con el que se cas¨® en 1976 para divorciarse siete a?os despu¨¦s, sin hijos), Sotomayor aterriz¨® en el oto?o de 1972 en Princeton. "Me sent¨ª una extraterrestre", dijo una vez sobre su llegada a la prestigiosa Universidad perteneciente a la Ivy League. Las estad¨ªsticas lo confirmaban: el n¨²mero de estudiantes latinos era muy inferior a la centena; no hab¨ªa profesores ni administrativos de esa procedencia. Y los hombres superaban con creces a las mujeres, que hab¨ªan sido admitidas en la Universidad apenas unos a?os antes -por cierto, algunos alumnos protestaron contra esta aperturista medida, entre ellos el actual juez del Supremo Samuel Alito, que se gradu¨® meses antes de que Sotomayor llegara-.
Aquel ambiente de gente que tras sus apellidos portaba n¨²meros romanos seg¨²n el orden de su din¨¢stica ascendencia forz¨® a Sotomayor -que como gran t¨ªtulo se concede as¨ª misma el de ser una nuyorican, mezcla de la palabra puertorrique?a y neoyorquina- a refugiarse en la biblioteca y los libros. "Todo lo logr¨® con becas y cr¨¦ditos", dicen los que estudiaron con ella. Se licenci¨® cum laude en Princeton y su siguiente meta estuvo en Yale -el mismo lugar donde lo hicieron los multimillonarios Bush- donde estudi¨® Derecho. A partir de ah¨ª se forj¨® la carrera profesional de una mujer que de ser confirmada en el puesto por el Senado a partir del 13 de julio -nada hace pensar lo contrario, sus pronunciamientos legales no esconden nada pol¨¦mico ni han versado sobre asuntos controvertidos como el aborto, las armas, la pena de muerte, el matrimonio gay o los poderes ejecutivos- entrar¨¢ por la puerta grande de la Historia, y con may¨²sculas, al ser la primera hispana -que no mujer, en esa lista es la tercera- que se sienta en la Corte M¨¢xima. S¨ª que tiene Sotomayor en su poder alg¨²n discurso pol¨¦mico, como aquel en el que afirm¨® que una sabia mujer latina de origen humilde pero con experiencia en la vida ten¨ªa menos posibilidades de equivocarse, como juez, en sus dict¨¢menes que un blanco que no ha tenido esa vida...
Porque de vida se trata. Parecer¨ªa como si Barack Obama hubiera tenido en mente a Sotomayor cuando dijo que para reemplazar al saliente juez David Souter quer¨ªa a alguien con "empat¨ªa" y "en contacto con la calle y con la realidad". De todo eso tiene, y mucho, Sotomayor. Como ayudante del fiscal del Distrito de Nueva York, Robert Morgenthau, en los a?os ochenta, la entonces joven litigante se enfrent¨® a una ciudad devorada por la droga, con una ola de crimen creciente.
Abandon¨® la fiscal¨ªa para ejercer durante unos a?os el derecho privado en la firma de abogados de Manhattan, Pavia & Harcourt. Pero los grandes titulares se los dio su trabajo ya como juez, al que lleg¨® de la mano de un presidente republicano, Bush padre, que en 1991 la nombr¨® juez federal para el Distrito Sur de Nueva York (aunque su nombre fue propuesto por el senador dem¨®crata Patrick Moynihan, en virtud del pacto de alternancia que exist¨ªa en ese Estado entre los senadores republicanos y dem¨®cratas).
En aquella ¨¦poca Sotomayor se gan¨® el apodo de "la juez que salv¨® al b¨¦isbol" y dict¨® una de sus m¨¢s sonadas sentencias -?por la que fue comparada con el gran Joe DiMaggio!-. La juez acab¨® a golpe de sentencia en 1995 con una prolongada huelga que estaba haciendo agonizar al b¨¦isbol y a la ciudad de Nueva York, fanatizada con ese deporte, al dar la raz¨®n a los jugadores y dictaminar en contra de los due?os de los clubes y obligarlos a reiniciar los partidos.
En 1997, el entonces presidente Bill Clinton le nombr¨® juez federal de apelaciones, el puesto que ocupa en la actualidad. Pero el Senado tard¨® m¨¢s de un a?o en confirmarla debido a la oposici¨®n de los republicanos, que vieron en la decisi¨®n presidencial una maniobra para catapultar despu¨¦s a Sotomayor al Supremo. Por la historia sabemos que eso nunca sucedi¨®. La ni?a que so?aba con ser juez ha tenido que esperar a que un presidente con una trayectoria como la suya, testimonio vivo del sue?o americano, le facilitara el camino hasta el Tribunal Supremo.
Ning¨²n latino, ni mujer ni hombre, hab¨ªa llegado nunca tan lejos dentro de las instituciones de este pa¨ªs.
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