La escritora y el hijo de la Mafia
A Greg Scarpa Sr. lo que le gustaba de verdad era colocar el ca?¨®n de su pistola tras la oreja de sus enemigos y descerrajarles un tiro en la nuca. Greg Scarpa Sr. era un mafioso: soci¨®pata, violento y excesivo, manejaba negocios de chantaje, robo o tr¨¢fico de drogas en Nueva York. Greg Scarpa Sr. era, adem¨¢s, un hombre de familia: capaz de salir a cualquier hora intempestiva de casa para dar un escarmiento (probablemente desproporcionado) a alg¨²n adolescente que hubiera amedrentado a sus hijos. Greg Scarpa Sr. era un grand¨ªsimo amante? de su amante, Linda Schiro, con la que mantuvo una relaci¨®n paralela a su matrimonio durante 30 a?os. Greg Scarpa Sr. era un informador del FBI: una rata infiltrada que durante tres decenios traicion¨® a los suyos compartiendo informaci¨®n con los agentes del Gobierno sin ser descubierto.
"Conozco y admiro a Saviano", dice la autora, "pero yo no quise combatir a la Mafia, sino contar una injusticia"
"Gregory nunca ha superado que su padre le traicionase. Incluso sabiendo que asesin¨® a 50 personas"
El libro Mafia son (publicado por Icon Books en Reino Unido) es la historia de la familia Scarpa, a la que Sandra Harmon tuvo acceso a trav¨¦s de una larga relaci¨®n epistolar con el hijo encarcelado de Scarpa Sr., a quien su propio padre traicion¨® para salvar el pellejo. La escritora, que antes hab¨ªa publicado amables libros de autoayuda sobre relaciones personales y un libro biogr¨¢fico sobre Elvis (coescrito con Priscilla Presley), entre otros, supo del caso en un programa de televisi¨®n y no dud¨® en escribir a la c¨¢rcel en la que se encuentra recluido Gregory Scarpa Jr. "Fue el trabajo m¨¢s duro al que me he enfrentado", dice Sandra Harmon, "me llev¨® cuatro a?os escribir el libro y aprender todo sobre la Mafia, el FBI, los Scarpa y sus contactos con la agencia federal, especialmente con el agente Lin DeVecchio". Despu¨¦s de la publicaci¨®n del libro y de participar en un juicio por corrupci¨®n a DeVecchio, vive intimidada por ambas facciones. Tiene que cubrir bien sus espaldas.
Todo comienza como cualquier otra historia de las que pueblan el imaginario colectivo, nutrido por la literatura y el cine de g¨¢nsteres (de hecho, algunas partes de Los Soprano est¨¢n inspiradas en la familia Scarpa). Greg Scarpa Sr. es un joven italoamericano nacido en el sur de Brooklyn en 1928 que empieza a hacer sus pinitos en el mundo del hampa hasta convertirse en miembro de la Mafia, en la que es conocido a partes iguales por su buen humor, su buena suerte y su brutalidad. De su matrimonio con Connie Forrest, una chica m¨¢s del barrio, nace su primer hijo, Gregory Scarpa Jr.
El joven Scarpa Jr. idolatra a su padre, aunque poco a poco, a fuerza de evidencias (ajustes de cuentas, peleas, art¨ªculos de prensa), descubre su pertenencia a la Mafia. ?l le consuela: no es un criminal, sino un infiltrado del FBI. Un patriota, en el fondo, un hombre honrado, "un intocable, como Elliot Ness". Precisamente en aquel tiempo, Scarpa Sr. comienza a intercambiar informaci¨®n con el agente Anthony Nino Villano, en un comercio muy lucrativo para ambos. Villano obtiene informaci¨®n privilegiada para medrar en su trabajo; a cambio, Scarpa recibe una virtual inmunidad: siempre sale milagrosamente absuelto de sus l¨ªos con la justicia. Las relaciones entre ambos se vician tanto que a veces se borra la l¨ªnea entre el bien y el mal, y no se sabe qui¨¦n es el mafioso y qui¨¦n el agente.
Uno de los primeros ¨¦xitos de Scarpa en su relaci¨®n con el FBI es en junio de 1964, cuando tres cooperantes antirracistas son asesinados por el Ku Klux Klan en Misisipi. Los cad¨¢veres no aparecen y el caso conmociona al pa¨ªs. No hay problema: se le encarga a Greg Scarpa Sr., que se desplaza a la zona con su novia de 17 a?os, Linda Schiro. Una vez all¨ª, Scarpa localiza a uno de los hombres del Klan y, usando sus refinados m¨¦todos (una brutal paliza que dura horas, una pistola en la boca, una cuchilla en los genitales), consigue la informaci¨®n. Los cad¨¢veres aparecen y la noticia ocupa portadas de peri¨®dicos. Ahora Scarpa tiene licencia para matar. "Todo ha ido perfectamente, amorcito", le dice Greg a Linda.
Parece que todo marcha bien: Greg Scarpa Sr. pasa su vida haciendo buenos negocios con libertad y ¨¦xito -algunas noches comparte mesa con Frank Sinatra-. Su mujer, Connie, acepta con resignaci¨®n que Greg viva a caballo entre la casa conyugal y la de su amante, y a la saz¨®n mujer de su vida, Linda Schiro. Mientras, su hijo Gregory crece asistiendo a reuniones del hampa, al tiempo que se va hundiendo lentamente en la empresa familiar. "Gregory fue una v¨ªctima de sus circunstancias", dice Sandra Harmon, "su padre le engatus¨® haci¨¦ndole creer que era un infiltrado en la Mafia, un h¨¦roe, sobre todo despu¨¦s de los sucesos de Misisipi. Cuando supo la realidad ya estaba demasiado metido en el negocio".
Pero el ¨¦xito no dura para siempre. En 1986, Greg Scarpa Sr. es ingresado por unas ¨²lceras de est¨®mago. Necesita una serie de transfusiones de sangre: en unas pocas horas se re¨²nen m¨¢s de dos docenas de voluntarios de la banda para donar sangre. Despu¨¦s de seis semanas, a la salida del hospital y con un trozo menos de est¨®mago, un esquel¨¦tico Scarpa se entera de la muerte de su donante Paul Mele. Una pulmon¨ªa hab¨ªa acabado con ¨¦l: su sistema inmunol¨®gico estaba debilitado por el sida. No mucho despu¨¦s, Greg Scarpa Sr. recibe una llamada: ha sido infectado de VIH en la transfusi¨®n.
El mafioso es ya s¨®lo una sombra de s¨ª mismo cuando, en 1987, una operaci¨®n policial implica a los Scarpa en un negocio de tr¨¢fico de drogas. Prometi¨¦ndole que s¨®lo se tratar¨¢ de una condena de un par de a?os, le pide a su hijo que d¨¦ la cara como jefe del negocio. Scarpa Jr. acepta: ¨¦l es joven y a su padre le quedan pocos a?os de vida. Finalmente, la condena resulta ser de 20 a?os, y m¨¢s tarde se ve aumentada por otros cargos de chantaje y extorsi¨®n. Gregory hab¨ªa sido traicionado por su propio padre.
Scarpa Sr. fallece en 1994, cuando su hijo llevaba ya unos cuantos a?os a la sombra. Actualmente, Gregory sigue recluido en una prisi¨®n de seguridad supermax, denunciada por Amnist¨ªa Internacional por su dudosa humanidad. All¨ª los reclusos pasan 23 horas al d¨ªa aislados en peque?as celdas, con gran riesgo de perder definitivamente el juicio. Desde all¨ª mantuvo una fiel correspondencia durante cinco a?os con Harmon. "Nunca me han permitido visitarle, s¨®lo puede hacerlo la gente que le conoc¨ªa antes de ser encarcelado y desde el otro lado de una barrera de plexigl¨¢s", dice Harmon, que al menos ha podido hablar con Scarpa Jr. telef¨®nicamente en tres ocasiones. "Gregory nunca ha superado el hecho de que su padre le traicionase. Incluso sabiendo que su padre asesin¨® a m¨¢s de 50 personas, por diversi¨®n, beneficio o supervivencia, Gregory nunca imagin¨® que su padre podr¨ªa hacerle algo as¨ª".
La historia de Gregory Scarpa Jr. da un giro cuando en la celda contigua a la suya encierran a Ramzi Yousef, un kuwait¨ª que espera juicio por el atentado en el World Trade Center de 1993. As¨ª descubre, en las notas clandestinas que se pasan, los planes de bombardear las Torres Gemelas con "bombas masivas voladoras". Los fiscales no dan por bueno el chivatazo: "En aquellos d¨ªas previos al 11-S estaban m¨¢s preocupados por acabar con la Mafia en Nueva York que por los terroristas", dice Harmon.
El agente Lin DeVecchio es acusado en 2006 de haber facilitado la comisi¨®n de cuatro cr¨ªmenes por la Mafia. La escritora, poseedora de informaci¨®n confidencial, testifica en el juicio, en el que DeVecchio es absuelto. As¨ª, Harmon se ha visto involucrada en la misma historia que escribi¨®. Recibe intimidaciones por ambos lados, de antiguos agentes del FBI y miembros de la Mafia: "Ser¨ªa absurdo decir que no tengo miedo, pero trato de vivir sin pensar mucho en ello. No ten¨ªa ni idea de d¨®nde me estaba metiendo cuando me vi en medio de un juicio a un agente muy respetado".
"Recibo llamadas de gente que cuelga y ciertas facciones terroristas tienen acceso a mi tel¨¦fono y a mi direcci¨®n. Me dicen que me cubra las espaldas, aunque no s¨¦ muy bien c¨®mo", dice Harmon. Su caso recuerda al de Roberto Saviano. "Conozco a Saviano y lo admiro", afirma, "pero yo no estoy aqu¨ª para combatir a la Mafia. Quer¨ªa contar una historia de injusticia". De hecho, cree que la condena de Scarpa Jr. debe reducirse en pago a sus esfuerzos para evitar los atentados que cambiaron el mundo.


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