Albarrac¨ªn, un pueblo modelo
La recuperaci¨®n gradual de la localidad turolense, una de las m¨¢s bonitas de Espa?a, ha culminado con la rehabilitaci¨®n de la catedral. Un ejemplo de uni¨®n de las instituciones en defensa del patrimonio hist¨®rico
Hace 30 o 35 a?os, Albarrac¨ªn, declarado Monumento Nacional en 1961 y considerado uno de los pueblos m¨¢s bellos de Espa?a, viv¨ªa un proceso de decadencia com¨²n a toda la Serran¨ªa de la que es capital hist¨®rica y que presenta uno de los ¨ªndices de despoblaci¨®n mayores de Europa que la creaci¨®n de una fundaci¨®n mod¨¦lica no s¨®lo logr¨® atajar, sino que lo ha revertido. La Fundaci¨®n Santa Mar¨ªa de Albarrac¨ªn, participada por el Gobierno de Arag¨®n, el Obispado de Teruel y Albarrac¨ªn, Ibercaja y el propio Ayuntamiento de la localidad serrana y con sede en el antiguo Palacio Episcopal, abandonado desde la uni¨®n a la de Teruel de la di¨®cesis albarracinense tras el destierro de su ¨²ltimo titular por su adhesi¨®n al carlismo a mediados del siglo XIX, convirti¨® la restauraci¨®n de su patrimonio en el motor de la econom¨ªa de una poblaci¨®n para la que hasta entonces ¨¦ste era un problema. A partir de unas iniciales escuelas-taller, la Fundaci¨®n Santa Mar¨ªa, que se encamina hacia sus veinti¨²n a?os de vida, le dio un impulso a la vieja idea regeneracionista de convertir la restauraci¨®n y conservaci¨®n del patrimonio art¨ªstico y arquitect¨®nico en una fuente de recursos, m¨¢xime en un lugar como Albarrac¨ªn, cuya riqueza en esos aspectos apenas encuentra parang¨®n en nuestro pa¨ªs.
El proyecto cultural ha generado 40 puestos de trabajo y ha logrado que el municipio haya dejado de perder poblaci¨®n
Encastrada en una hoz del Guadalaviar, el r¨ªo serrano que desde Teruel mudar¨¢ su nombre por el de Turia, en mitad de un paisaje de fantas¨ªa, su historia se remonta a tiempos remotos. Al Neol¨ªtico pertenecen las pinturas rupestres del llamado estilo levantino que se encuentran en varios abrigos de los ca?ones y en los pinares de los alrededores. Y a la primitiva tribu celta que la fund¨® su nombre romano: Lobetum (de los lobetanos).
Albarrac¨ªn acumula en su pasado huellas de todas las civilizaciones, siendo la principal la que le proporcion¨® su nombre actual, as¨ª como su singular aspecto: la isl¨¢mica bereber de la dinast¨ªa de los Banu Rac¨ªn, que la convirtieron en capital de su taifa ¨¢rabe altomedieval. De ese periodo conserva una torre, la del Andador, y la vieja y fiera alcazaba mora. Y del que le sucedi¨®, ya en manos Albarrac¨ªn de los Azagra navarros (los caballeros que la recuperaron para la Cristiandad merced a una donaci¨®n del rey Lobo de Murcia por su ayuda en la lucha contra los almohades, y que la mantuvieron independiente durante doscientos a?os), y del rey de Arag¨®n sucesivamente, su gran per¨ªmetro amurallado y numerosas torres y construcciones, entre ellas la catedral del Salvador, del siglo XIV. El conjunto de la ciudad, perfectamente homog¨¦neo, se ofrece al que lo descubre como la ilustraci¨®n de un cuento medieval o un espejismo romanticista, con su caser¨ªo macizo api?ado en lo alto de un farall¨®n y colgado sobre el abismo roquedo y sus colores ocres y malvas (el color del rodeno de la zona, que les da su aspecto caracter¨ªstico) pintando el gris moteado de verde ¡ªpor los pinos y los enebros¡ª de la serran¨ªa.
Actividad econ¨®mica
Ese paisaje, al que como ge¨®grafo dedicaba a principios de los noventa del pasado siglo Antonio Jim¨¦nez, el gerente de la Fundaci¨®n Santa Mar¨ªa de Albarrac¨ªn, sus desvelos en orden a terminar su tesis doctoral dedicada a ¨¦l, es el que ha visto nacer y crecer de a?o en a?o un proyecto cultural que ha sacado de la incuria y el olvido, y, en numerosos casos, salvado de la ruina, casas particulares y monumentos, creando cuarenta puestos de trabajo entre restauradores, instaladores, vigilantes de museos y personal de administraci¨®n y mantenimiento de los edificios, y generando con su actuaci¨®n una actividad econ¨®mica que ha hecho que Albarrac¨ªn no s¨®lo haya dejado de perder poblaci¨®n sino que est¨¦ repuntando ligeramente. Si hace 25 a?os los restaurantes y los hoteles eran muy pocos, hoy se cuentan por decenas, alimentados por un turismo creciente que cada fin de semana y en vacaciones invade sus callejuelas como si de una peque?a Cuenca montaraz y en miniatura se tratara.
Al Museo Diocesano se unen el del Juguete, el de la Forja y el de la Historia del municipio, y salas de exposiciones
Aparte de ese paisaje y de la arquitectura de Albarrac¨ªn (que se extiende a otras poblaciones de la comarca como R¨®denas o Guadalaviar, prototipos de pueblos de la Serran¨ªa), la ciudad ofrece un sinf¨ªn de atractivos. Desde sus monumentos o casas de arquitectura tradicional, como la c¨¦lebre de la Julianeta (s¨ªmbolo de Albarrac¨ªn con su geometr¨ªa imposible), que integran el entramado de su urbanismo lleno de recovecos y encanto, a los varios museos que la Fundaci¨®n Santa Mar¨ªa o el Ayuntamiento, incluso alg¨²n particular por su cuenta, han creado a medida que se restauraba su patrimonio hist¨®rico y arquitect¨®nico: el Diocesano, de arte religioso, en el Palacio Episcopal; el del juguete, creado a partir de la colecci¨®n de Eustaquio Castellano; el de forja; el de la Historia de Albarrac¨ªn¡ Fuera de ellos, diversas salas de exposiciones (la del antiguo Molino del Gato, al lado del r¨ªo) y los espacios que la Fundaci¨®n tiene habilitados para la celebraci¨®n de congresos y cursos, as¨ª como las iglesias que utiliza para sus conciertos, principalmente la de Santa Mar¨ªa, completan una oferta cultural que se codea con la de cualquier ciudad de mayor tama?o, como Teruel.
Entre unas cosas y otras, Albarrac¨ªn se ha ido restaurando entera, pero la guinda la ha puesto la inauguraci¨®n el a?o pasado de la recuperaci¨®n integral de su catedral, que el que escribe, en su recorrido por todas las del norte del pa¨ªs, titul¨® ¡°la m¨¢s pobre de Espa?a¡±, tal era su situaci¨®n de abandono cuando la visit¨®: ¡°Todo est¨¢ un poco dejado, como lo prueba el polvo que se acumula. No parece que la escoba sea la ense?a de esta catedral. Ni que los curas se ocupen mucho de ella, pues necesitar¨ªa de una restauraci¨®n. La raz¨®n de este abandono se la explica al viajero la mujer que se ocupa del museo: ¡®Es que aqu¨ª s¨®lo dicen misa los domingos. Los dem¨¢s d¨ªas la dicen en la iglesia de Santiago, que tiene calefacci¨®n¡¯. ¡®?Y la catedral no tiene?¡¯, le pregunta el viajero, sorprendido, no s¨®lo porque se trata de la primera iglesia de Albarrac¨ªn, sino por la cantidad de gente que la visita. ¡®Quieren ponerla¡¯, responde la mujer, avergonzada de la desidia en la que se encuentra todo¡¡±
Nada que ver con lo que ahora se ve. La catedral del Salvador de Albarrac¨ªn, despu¨¦s de seis a?os de rehabilitaci¨®n que le ha cambiado la cara y hasta el esp¨ªritu, incluso ha recuperado varias pinturas y hasta una capilla oculta del XVI cuya existencia se desconoc¨ªa, es hoy una maravilla que resplandece luciendo todos sus atractivos, que son m¨¢s que los que parec¨ªa albergar cuando la oscuridad y el polvo los ocultaban. El edificio en s¨ª, t¨ªpico exponente del g¨®tico levantino que tanto predicamento tuvo en el reino de Arag¨®n a principios del siglo XVI, es una construcci¨®n excelsa pese a sus peque?as dimensiones (obligadas por el lugar en el que se alza, en el centro del casco hist¨®rico de Albarrac¨ªn, frente a la alcazaba mora), e igual sucede con las capillas y el claustro, redecorado en el XVIII al gusto barroco y paso obligado hacia ella. En la capilla mayor, un gran retablo renacentista del imaginero Cosme Dami¨¢n, restaurado como todo el templo, deslumbra con su nuevo aspecto; e igual sucede con los sitiales del coro y su facistol, g¨®ticos como la catedral; o con el retablo de autor an¨®nimo, ¨¦ste sin policromar, dedicado al ap¨®stol San Pedro, antes cubierto de polvo y casi invisible. Por las capillas laterales, im¨¢genes restauradas y pinturas ya existentes, o recuperadas en la rehabilitaci¨®n del templo, hacen que la catedral de nuevo vuelva a lucir como hac¨ªa ya tiempo. Y todo ello gracias al trabajo de los equipos de la Fundaci¨®n Santa Mar¨ªa (alba?iles, restauradores, herreros¡), que han obrado el milagro en s¨®lo seis a?os.
La visita a la catedral necesariamente debe extenderse al vecino Palacio Episcopal, sede de la Fundaci¨®n Santa Mar¨ªa y museo, no s¨®lo por lo que ¨¦ste guarda, que es mucho, sino porque la rehabilitaci¨®n del edificio, que fue la primera que abord¨® la Fundaci¨®n, mantuvo el esp¨ªritu de lo que fue: la residencia de los obispos de Albarrac¨ªn desde su construcci¨®n en el siglo XVI hasta el fallecimiento del ¨²ltimo obispo, de nombre Jos¨¦ Talayero Royo, el a?o 1839 en Marsella. El despacho y las habitaciones, la cocina con su gran campana, la peque?a capilla privada contigua a la alcoba, las vestimentas de los moradores, todo ha sido respetado como era y hasta los muebles son los que hab¨ªa o de igual estilo. Entre tanto, en la llamada sala de la Mayordom¨ªa, la m¨¢s grande del palacio, y en las contiguas, las piezas del Museo Diocesano, al que se accede desde la catedral, tambi¨¦n recuerdan los viejos tiempos episcopales de Albarrac¨ªn, definitivamente perdidos. Una magn¨ªfica colecci¨®n de tapices flamencos que reproducen la historia b¨ªblica de Gede¨®n, regalo de alg¨²n obispo a la catedral, y una naveta de cristal de roca en forma de pez que se ha convertido en la imagen p¨²blica del museo y de la Fundaci¨®n Santa Mar¨ªa, comparten sus paredes y vitrinas junto con otras piezas de la antigua di¨®cesis (orfebrer¨ªa, pintura, im¨¢genes, ropas lit¨²rgicas¡) y con las ventanas desde las que se contempla la maravilla de Albarrac¨ªn y de su fabuloso entorno: los tejados de las casas api?adas como colmenas de miel al pie del palacio, las torres de las iglesias y de la alcazaba mora, la muralla que recorre el per¨ªmetro del pueblo como si fuera la muralla china, las grandes casas solariegas de las familias enriquecidas con la trashumancia, tan importante durante siglos para Albarrac¨ªn y su Serran¨ªa entera, y, abajo, la espuma verde de los chopos que escoltan al r¨ªo Guadalaviar en su paso por el desfiladero al que la ciudad se asoma y cuyas puntas apenas alcanzan a sus casas bajas, tan profundo va. Si hay un milagro es que la ciudad resista, no s¨®lo al tiempo y a su torturada historia, sino al lugar en el que est¨¢ enclavada.
Aunque el milagro no concluye en ella. Con Fundaci¨®n o sin Fundaci¨®n Santa Mar¨ªa, dentro de la muralla o a extramuros de su protecci¨®n (que hoy ya es s¨®lo simb¨®lica, pues le faltan trozos enteros de lienzo), la maravilla de Albarrac¨ªn y de su recuperaci¨®n se extiende a toda la Serran¨ªa, donde otros pueblos siguen su ejemplo o cuando menos tratan de mirarse en ¨¦l. Pueblos como Pozond¨®n, con una iglesia renacentista y un campanario con aire de fortaleza; como Orihuela del Tremedal, con casas de canter¨ªa fruto de los dineros de la Mesta y un fabuloso templo barroco escondidos entre los pinares; o como R¨®denas, cuyo nombre hace honor a la piedra arenisca que caracteriza al pueblo y le da su particular color, el mismo de Albarrac¨ªn, que aqu¨ª tuvo sus canteras. Entre medias y a lo largo y ancho de la Serran¨ªa, entre pinares y formaciones rocosas que sobrevuelan buitres y otras rapaces y frecuentan apenas pastores con sus reba?os y madereros, caminos y carreteras llenan de placidez y de soledad al viajero que atravesado por su belleza descubre que est¨¢ en el epicentro de la despoblaci¨®n espa?ola, que aqu¨ª adquiere dimensiones de Laponia o de Etiop¨ªa. Y es que el milagro de Albarrac¨ªn a¨²n no ha alcanzado a su Serran¨ªa.
Julio Llamazares es novelista y autor del libro de viajes sobre las catedrales espa?olas Las rosas de piedra (Alfaguara, 2009).
Equilibrio de detalles
1 Un gran equipo
La uni¨®n de instituciones (Gobierno de Arag¨®n, Diputaci¨®n, Ayuntamiento, Obispado, Ibercaja) y de profesionales (arquitectos, restauradores, paisajistas) coordinados por la Fundaci¨®n Santa Mar¨ªa garantiza la continuidad de las intervenciones en Albarrac¨ªn en un proceso gradual, dentro de un plan de protecci¨®n especial. El arquitecto Pedro Ponce de Le¨®n, autor de la rehabilitaci¨®n de las murallas de Toledo o el monasterio de Yuste, es el responsable de las actuaciones.
2 Di¨¢logo armonioso
El respeto al paisaje que rodea la localidad resulta primordial: en el plan especial no s¨®lo se protegi¨® el casco hist¨®rico y las murallas (12,2 hect¨¢reas), sino tambi¨¦n 155 hect¨¢reas de paisaje, incluidas las cumbres de las monta?as. Albarrac¨ªn es ahora candidata a ser declarada como uno de los observatorios europeos del paisaje.
3 Materiales de la zona
La madera, el yeso rojo y la teja ¨¢rabe son los elementos tradicionales de la construcci¨®n en Albarrac¨ªn. En el proceso de recuperaci¨®n del pueblo (no s¨®lo de las fachadas, sino tambi¨¦n de los interiores en una actualizaci¨®n coherente) ha sido prioritario que las tonalidades de ocres, rojos y anaranjados formen una unidad con el paisaje. El Ayuntamiento facilita el yeso rojo al dispensar la licencia para las obras. Se trata de un yeso molido artesanalmente, de dureza y flexibilidad singulares, utilizable en las fachadas. Frente a la preeminencia del hormig¨®n, la labor que se desarroll¨® en la escuela taller consigui¨® convertir a muchos exalumnos en incondicionales del yeso rojo.
4 No es una maqueta
El cableado se ha soterrado y la circulaci¨®n de veh¨ªculos se ha restringido, detalles que contribuyen a crear una atm¨®sfera especial. Pero se busca evitar que todo sea tan perfecto como en un parque tem¨¢tico (por eso no importa mucho que queden todav¨ªa casas viejas con las cicatrices del tiempo bien visibles).
5 Profesionalidad
Carpinteros, yeseros y otros artesanos, algunos con m¨¢s de 20 a?os de experiencia, le dan continuidad a la idea de que el hacer las cosas bien, con acabados perfectos, es el mejor ejemplo.
6 El gran peligro
A la despoblaci¨®n del centro y la saturaci¨®n de turistas en festividades y vacaciones se une la ambici¨®n de abrir o ampliar negocios por parte de los empresarios de hosteler¨ªa. Los expertos insisten en que el principal recurso es el patrimonio, no el turismo, y que resulta fundamental la programaci¨®n de la oferta y la continua profesionalizaci¨®n, a fin de extremar los cuidados hacia el visitante y evitar en la arquitectura de los interiores lo falsamente r¨²stico y lo kitsch.
7 Finalidad cultural
El movimiento cultural de exposiciones y congresos supone un retorno econ¨®mico para los habitantes y evita el peligro de convertir Albarrac¨ªn en un pueblo-escenario que se vac¨ªa cuando se van las decenas de autobuses venidos por la ma?ana. Inyectar cultura en los espacios p¨²blicos se convierte as¨ª en una acci¨®n preferente.
8 Prueba/error
Las grandes inversiones suelen comportar grandes errores. Por el contrario, las operaciones a largo plazo y las inversiones graduales, con la complicidad de una corporaci¨®n local sensibilizada, son garant¨ªa de los mejores logros.
9. Educaci¨®n
Los cursos de restauraci¨®n que se celebran en Albarrac¨ªn atraen a 70 profesionales al a?o.
10 El reto
Mantener un crecimiento sostenible, de turismo cultural de calidad, en una localidad que no se vac¨ªe por la noche, y que por proximidad a Teruel (25 kil¨®metros) atraiga al turismo extranjero.
Dec¨¢logo basado en las opiniones de Antonio Jim¨¦nez (director gerente de la Fundaci¨®n Santa Mar¨ªa, que aglutina a las instituciones y equipos), y en las del arquitecto Pedro Ponce de Le¨®n.
Tu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo
?Quieres a?adir otro usuario a tu suscripci¨®n?
Si contin¨²as leyendo en este dispositivo, no se podr¨¢ leer en el otro.
FlechaTu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PA?S desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripci¨®n a la modalidad Premium, as¨ª podr¨¢s a?adir otro usuario. Cada uno acceder¨¢ con su propia cuenta de email, lo que os permitir¨¢ personalizar vuestra experiencia en EL PA?S.
En el caso de no saber qui¨¦n est¨¢ usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contrase?a aqu¨ª.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrar¨¢ en tu dispositivo y en el de la otra persona que est¨¢ usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aqu¨ª los t¨¦rminos y condiciones de la suscripci¨®n digital.