Ritmos y sabores de Salvador de Bah¨ªa
La herencia portuguesa y africana marcan el car¨¢cter de la ciudad brasile?a. Se siente en sus casas coloniales, los azulejos de sus iglesias, sus danzas y en el candombl¨¦. Un viaje desde las calles del Pelourinho hasta las playas de Itapu?
Tropical, musical y colorida. Salvador de Bah¨ªa es puro Brasil, y puro mestizaje cultural. La herencia europea y africana asoman en cada rinc¨®n. Aqu¨ª arribaron los colonos portugueses en el siglo XVI y aqu¨ª naci¨® la samba de roda. Sedujo al m¨²sico Vin¨ªcius de Moraes y al escritor Jorge Amado, quien plasm¨® como pocos el esp¨ªritu de esta ciudad ¡ªdonde ¡°el misterio escurre como el aceite¡±¡ª, y tambi¨¦n a artistas como el argentino Caryb¨¦ y el fot¨®grafo franc¨¦s Pierre Verger. El centro hist¨®rico ¡ªel Pelourinho¡ª, la animada vida nocturna de Rio Vermelho, las sabrosas caipirinhas de caju (el fruto del anarcardo) y las mouquecas de pescado, los interminables arenales de Itapu? y las esencias del candombl¨¦ conquistan a quienes descubren esta vibrante ciudad enclavada en la bah¨ªa de Todos los Santos.
Tras pagar 0,15 reales (unos 0,03 euros), los 72 metros de altura del Elevador Lacerda conectan desde 1873 la parte baja de la ciudad con la Pra?a Municipal, en la Cidade Alta, uno de los mejores puntos para empezar a recorrer el centro hist¨®rico. Fundada en 1549, Salvador de Bah¨ªa fue la primera capital de Brasil hasta 1763 y para muchos sigue siendo el alma del pa¨ªs. En el Pelourinho se concentran la primera Facultad de Medicina de Brasil, la catedral, innumerables edificios de estilo colonial y renacentista de los siglos XVI al XVIII, el Museo del Carnaval¡ Y una de las zonas m¨¢s ic¨®nicas, y fotografiadas: el Largo do Pelourinho, plaza que alcanz¨® fama mundial al aparecer en el videoclip They Don¡¯t Care About Us de Michael Jackson.
Desde que el centro hist¨®rico fuera declarado patrimonio mundial, en 1985, el Pelourinho se ha remozado mucho. Un ejemplo: en Rua Chile han abierto dos lujosos hoteles (Fera Palace y Fasano) y un bonito edificio de la plaza Municipal se est¨¢ restaurando para reconvertirse en espacio gastron¨®mico. El barrio, del que se han ido muchos vecinos, es ahora una zona de aires bohemios dominada por tiendas, galer¨ªas, restaurantes y bares. Pero a¨²n se respira autenticidad. Caminando por sus plazas y empinadas y empedradas calles uno se cruza con hombres jugando al domin¨® y con las bahianas, mujeres ataviadas con voluminosos trajes blancos y coloridos turbantes (eso s¨ª, si las fotograf¨ªa le pedir¨¢n algo de dinero a cambio).
Aqu¨ª tambi¨¦n est¨¢ la sede de Olodum, una asociaci¨®n afrobrasile?a nacida en 1979 que combate el racismo y promueve la igualdad social a trav¨¦s de la m¨²sica. Merece la pena acercarse coincidiendo con alguno de sus ensayos. El ritmo de sus tambores se siente de los pies a la cabeza. La m¨²sica tambi¨¦n sobrecoge en el espect¨¢culo del Bal¨¦ Folcl¨®rico da Bahia (su capoeira acelera el coraz¨®n) y, las noches de jueves a s¨¢bados, en la calle de Largo do Cruzeiro de S?o Francisco. Hay que detenerse a escuchar a los m¨²sicos callejeros que contratan entre los bares de esta calle mientras se contempla la barroca iglesia de San Francisco. Su templo recubierto de madera y pan de oro y un claustro con paredes decoradas con azulejos azules recuerdan la influencia portuguesa.
De playa en playa
Con temperaturas que no alcanzan los 40? C ni bajado de los 17? C, y aguas c¨¢lidas todo el a?o, hay que despejar el plan de viaje para disfrutar de una de sus playas urbanas. Entre los fuertes de S?o Diogo y Santa Maria, reconvertidos en el Espa?o Caryb¨¦ y el Espacio Pierre Verger da Fotografia Baiana, respectivamente, est¨¢ la siempre bulliciosa Playa do Porto da Barra. A esta le siguen Farol da Barra, Ondina o Pituba, en las que las palas desaparecen por pelotas de f¨²tbol dejando claro que este deporte es parte del ADN de los brasile?os. ¡°?Queijooo! ?Queijo na brasa! ?Queijooo!¡±, escuchar¨¢ gritar a m¨¢s de un vendedor ambulante de queijo coalho, un t¨ªpico aperitivo de queso que brasean en una peque?a parrilla port¨¢til en la misma playa.
De uno a otro arenal se puede saltar siguiendo el carril bici que bordea la costa. Si en 2012 hab¨ªa 34 kil¨®metros, hoy ya son unos 220, explican orgullosos desde la Oficina de Turismo de Salvador de Bah¨ªa, anfitriones de este viaje. El Ayuntamiento tambi¨¦n ha iniciado la construcci¨®n del Museo de la M¨²sica y un nuevo Palacio de Congresos, y se est¨¢ remodelando el aeropuerto. Quieren atraer al turismo m¨¢s all¨¢ de su verano (en el de 2017 les visitaron 3,5 millones de personas), cuando celebran su famoso carnaval (en febrero). Si en el de R¨ªo de Janeiro m¨²sica, danza y fiesta se concentran en el samb¨®dromo, aqu¨ª los tr¨ªos el¨¦ctricos (autobuses con altavoces descomunales) toman las calles.
Pedaleando se puede llegar hasta Itapu?, un antiguo pueblo de pescadores absorbido por Salvador de Bah¨ªa. Un para¨ªso de kilom¨¦tricos y amplios arenales, menos urbanos y perfilados por cocoteros, que ha inspirado algunas de las canciones de Caetano Veloso o la conocida Tarde Em Itapo?, de Vin¨ªcius de Moraes. El cantante se construy¨® aqu¨ª en la d¨¦cada de 1970 una casa para vivir con su s¨¦ptima esposa, la actriz bahiana Gessy Gesse. Hoy est¨¢ integrada en el hotel Mar Brasil, y uno puede dormir en su cama, sorprenderse con la escultura de voluminosas posaderas que adorna una pared del ba?o o relajarse en su ba?era con vistas al Atl¨¢ntico.
Es probable que durante un chapuz¨®n se cruce con rosas flotando. Es una ofrenda a Yemanj¨¢, la divinidad del mar y los pescadores y uno de los orix¨¢s m¨¢s populares del candombl¨¦, religi¨®n afrobrasile?a de gran arraigo entre los bahianos. Desde 1558, esta ciudad al este de Brasil se convirti¨® en el principal puerto americano al que llegaban los esclavos desde ?frica. La mayor¨ªa se convirti¨® al catolicismo, pero su identidad cultural y religiosa pervivi¨® en el candombl¨¦, que hasta mitad del siglo XX estuvo prohibido. En esta ciudad de m¨¢s de 2,5 millones de habitantes vive la comunidad negra m¨¢s grande del mundo fuera del continente africano, y mientras hay unas 300 iglesias, la cifra de terreiros, los templos dedicados a orix¨¢s (muchos asociados con santos cat¨®licos), alcanza los 1.600. Algunos se visitan, tambi¨¦n durante sus celebraciones repletas de cantos y danzas fren¨¦ticas. La Casa Oxumar¨¦ es uno de los m¨¢s antiguos, con or¨ªgenes que se remontan a principios del siglo XIX.
Teniendo en cuenta que en Salvador de Bah¨ªa hay zonas de favelas en las que no es aconsejable adentrarse (mucho menos sin un gu¨ªa), queda ciudad por explorar. El Mercado Modelo (plaza del Visconde de Cayru) fue la primera aduana de Brasil y ahora es el epicentro de tiendas de artesan¨ªa local y souvenirs. Tambi¨¦n merece una visita A Casa do Rio Vermelho (Rua Alagoinhas, 33; entrada, 20 reales), hogar de Jorge Amado y su esposa, la tambi¨¦n escritora Z¨¦lia Gattai, donde recibieron a personajes como Pablo Neruda, Sartre, Simone de Beauvoir o Jack Nicholson y hoy descansan sus cenizas. Una escultura del querido matrimonio sentado en un banco en el animado Largo de Santana les recuerda, y son muchos quienes se sientan a hacerse una foto con ellos antes o despu¨¦s de matar el gusanillo con un t¨ªpico acaraj¨¦ de Dinha.
Tambi¨¦n son muchos quienes al visitar la iglesia de Bonfim atan en su verja las llamadas fitinhas de Bonfim, cintas de tela de llamativos colores utilizadas como un amuleto religioso. Hay cientos. Es la iglesia m¨¢s importante para los cat¨®licos y tambi¨¦n, aunque parezca extra?o, para los practicantes del candombl¨¦. Cada segundo domingo despu¨¦s del D¨ªa de Reyes hay una multitudinaria y festiva peregrinaci¨®n de bahianas hasta aqu¨ª para honrar a Oxal¨¢, padre de todos los orix¨¢s. Cerca queda Ponta Humait¨¢, uno de los sitios m¨¢s populares para ver la puesta de sol. Mientras se encienden las luces de la ciudad y de sus rascacielos, algunos pescan, otros tocan la guitarra y unas mujeres lanzan flores al mar en honor a Yemanj¨¢. Como escribi¨® Jorge Amado: ¡°Si amas a tu ciudad, si tu ciudad es R¨ªo, Par¨ªs, Londres o Leningrado, Venecia, la de los canales, o Praga, la de las viejas torres, Pek¨ªn o Viena, no debes pasar por esta ciudad de Bah¨ªa porque un nuevo amor se prender¨¢ en tu coraz¨®n¡±.
Islas y sabores marineros
La bah¨ªa de Todos los Santos, de las m¨¢s grandes del mundo, incluye medio centenar de islas. La de Itaparica es conocida como La Isla: es donde van la mayor¨ªa de bahianos. Del terminal tur¨ªstico N¨¢utico da Bah¨ªa, cerca del elevador Lacerda, sale el ferri (dura una hora).
Tambi¨¦n se puede alquilar un barco o contratar una excursi¨®n para conocer Ilha dos Frades. Cuentan que debe su nombre al naufragio del barco de unos franciscanos, y que los que sobrevivieron fueron devorados por los habitantes de la isla. Leyendas aparte, merece la pena navegar unos 90 minutos hasta sus playas. Adem¨¢s, aqu¨ª est¨¢ el restaurante Preta. Deber¨ªan ser pecado sus deliciosas moquecas: un cocido de pescado, marisco o ambos de la gastronom¨ªa ind¨ªgena brasile?a que se come con farofa y arroz.
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