Un pa¨ªs sin hijos: radiograf¨ªa de la baja natalidad en Espa?a
La tasa de natalidad est¨¢ por debajo de 1,3 descendientes por mujer, una de las m¨¢s bajas de la UE. La falta de ayudas p¨²blicas, la p¨¦rdida de ingresos laborales para las mujeres tras la maternidad, la dificultad para conciliar y la escasa corresponsabilidad de muchos hombres en la crianza est¨¢n entre los preocupantes factores del fen¨®meno. Es un problema estructural que pide soluciones estructurales.
¡°Sin trabajo, vivienda ni red familiar; sin saber qu¨¦ hacer con mi vida; sin tener claro si necesito ser madre para realizarme, c¨®mo voy a traer una vida a un mundo que ni siquiera me gusta¡±, resume Margarita Guerrero, de 29 a?os, espa?ola nacida en Ecuador, activista y vicepresidenta del Consejo de la Juventud de Espa?a. Bajo las ventanas de su sede, a 100 metros de la Puerta del Sol, Madrid se despereza surcada por turistas, jubilados y alg¨²n hamp¨®n trasnochado. Hay madres con ni?os camino del colegio. La conversaci¨®n sobre natalidad con un grupo de j¨®venes concluye con un poso de desesperanza.
Se sienten olvidados. Son votantes a los que nadie corteja. Como explica Carmen Gonz¨¢lez, analista principal en el Real Instituto Elcano: ¡°En Espa?a no se les ha tomado nunca en serio porque electoralmente no son rentables; votan menos que los pensionistas¡±. Su horizonte es la precariedad y la incertidumbre: empleos temporales y alquileres que apenas se cubren con dos sueldos. Han encadenado la crisis econ¨®mica, la pandemia y la guerra de Ucrania. Se sienten intrascendentes, sin peso ni ingresos, en una sociedad adultocr¨¢tica donde ya hay m¨¢s abuelos que nietos.
Los j¨®venes en Espa?a (las personas entre 14 y 29 a?os) son menos que nunca, poco m¨¢s de siete millones, cuando eran m¨¢s de diez en 1995 (las personas mayores de 65 a?os son, por el contrario, m¨¢s de nueve millones). Su nivel de desempleo roza el 30%, aunque m¨¢s de la mitad ha ido a la Universidad. Alcanzan muy tarde su autonom¨ªa: no abandonan el hogar familiar hasta los 30 a?os (en Suecia lo hacen a los 18 y en Francia a los 23). El motivo principal es la falta de vivienda. El suicidio es su primera causa de muerte no natural.
Adem¨¢s, parad¨®jicamente, en un mundo hiperconectado, les resulta cada vez m¨¢s dif¨ªcil encontrar una pareja con la que comprometerse en el objetivo com¨²n de la crianza. Muchas mujeres lo hacen en solitario, con un modelo monoparental que ya representa m¨¢s de un mill¨®n de hogares en Espa?a, seg¨²n Carmen Flores, presidenta de la federaci¨®n que las agrupa: ¡°Somos 1.830.000 personas; m¨¢s del 10% de las familias con menores de este pa¨ªs, y el 83% est¨¢ a cargo de una mujer. Pero a¨²n nos sentimos discriminadas, para empezar, con los permisos laborales, que son la mitad de los de una pareja biparental. Y a poco que rasques, sale a relucir la ideolog¨ªa m¨¢s conservadora, lo de la necesidad de la figura del padre en casa¡±. Todo en Espa?a ha cambiado muy r¨¢pido, para empezar, el concepto de familia: los nacimientos con progenitores que no est¨¢n casados ya representan el 47% del total.
¡°Las mujeres hoy somos m¨¢s exigentes¡±, reflexiona durante el debate Sonia Juan, de 27 a?os, educadora social. ¡°Buscamos relaciones sanas, no patriarcado ni dominio. Reclamas un est¨¢ndar de corresponsabilidad en el cuidado de los hijos que no estamos encontrando; que haya en el hogar dos proveedores y dos cuidadores. En igualdad. Sobre todo cuando llega el primer hijo y se abre la brecha. Ya no te conformas. Y mientras, la sociedad no deja de presionarte. Te preguntan a cada paso: ¡®?Para cu¨¢ndo el beb¨¦?¡¯. Pero, al mismo tiempo, cuando vas a una entrevista de trabajo quieren saber si entra en tus planes quedarte embarazada. Y cuando dices que s¨ª, te rechazan. ?En qu¨¦ quedamos? La maternidad te penaliza. Te callas. Y aplazas y aplazas y aplazas el momento de ser madre¡±.
¡°Si una sociedad tiene una visi¨®n pesimista de su futuro, no tiene hijos¡±, resume Teresa Jurado, profesora del departamento de Sociolog¨ªa de la UNED, ¡°por eso, en realidad hablamos de una infecundidad involuntaria m¨¢s que voluntaria. Hay gente que quiere y no puede. Y tenemos que conseguir que quien quiera, pueda. Sin meternos en su vida. En libertad. Respetando sus derechos. Sin pasos atr¨¢s. Hay que promover la fecundidad y, al mismo tiempo, la igualdad de g¨¦nero. Esa es la clave. Porque en el caso contrario, las mujeres asumen que, para ser libres, tienen que renunciar a su maternidad¡±. La directora del Instituto de las Mujeres, Toni Morillas, formula la ecuaci¨®n: ¡°Est¨¢ en juego otro imaginario de madre, que ya no es una hero¨ªna abnegada las 24 horas al d¨ªa. Estamos en un modelo econ¨®mico y de organizaci¨®n de la sociedad que es insostenible con la reproducci¨®n de la vida. Es necesaria la corresponsabilidad del Estado, del hombre, y tambi¨¦n del ¨¢mbito laboral, que es temporal, inestable y con unos horarios que hacen imposible la conciliaci¨®n. Las nuevas generaciones de mujeres est¨¢n menos dispuestas que nunca a abandonar el ¨¢mbito del empleo para dedicarse al cuidado de los hijos porque las penaliza en sus expectativas profesionales¡±. No es ret¨®rica, lo confirma un informe del Banco de Espa?a de 2020: ¡°Los ingresos laborales de las mujeres caen un 11% en el primer a?o tras el nacimiento. Sin embargo, los ingresos de los hombres apenas se ven afectados por la paternidad. Este impacto diferencial es a¨²n mayor 10 a?os despu¨¦s del nacimiento. Nuestra estimaci¨®n de la penalizaci¨®n a la mujer por hijo a largo plazo es del 28% de ca¨ªda de ingresos¡±.
Seg¨²n los dem¨®grafos, cerca de un tercio de las mujeres espa?olas nacidas en los a?os setenta no han tenido ni van a tener descendencia. La mayor¨ªa, en contra de sus deseos. Y las que lo han conseguido, alcanzan la procreaci¨®n una media de cinco a?os m¨¢s tarde de lo que hubieran querido, cerca de los 40. Los nacimientos entre las mujeres de 35 a?os o m¨¢s son el 30% del total. La media de edad a la que las mujeres tienen su primer hijo en Espa?a es de 32 a?os, una de las m¨¢s altas del mundo. Y con ese escenario dif¨ªcilmente llegar¨¢ el segundo, que es el reto para el reemplazo generacional. Sin embargo, las encuestas (especialmente la de fecundidad del INE, de 2018, que es la referencia y de la que proceden muchos datos de este reportaje) reiteran que su ideal es tener dos hijos. En el hombre es similar. Esa cifra m¨¢gica se reitera m¨¢s all¨¢ de creencias y militancias. ¡°La ideolog¨ªa no determina que tengas o no tengas hijos¡±, explica la directora del Instituto de la Juventud, Mar¨ªa Teresa P¨¦rez, ¡°lo hacen las carencias materiales. Hay que redistribuir la riqueza con perspectiva de g¨¦nero¡±.
Quieren tener dos. Tendr¨¢n uno. Como mucho. Llegado el momento, se ver¨¢n obligadas a elegir entre la maternidad y su proyecto profesional, material y personal de vida. Y aplazar¨¢n la decisi¨®n. De ellas, un 10% decidir¨¢ con determinaci¨®n no tenerlos. Y, por el contrario, un porcentaje similar, rozando el l¨ªmite de su fertilidad, decidir¨¢n batirse en las cl¨ªnicas de reproducci¨®n asistida como ¨²ltima opci¨®n para sortear un reloj biol¨®gico que no coincide con el social y laboral. El 10% de los nacimientos en Espa?a ya son resultado de esas t¨¦cnicas: cerca de 40.000 ni?os cada a?o, seg¨²n la Sociedad Espa?ola de Fertilidad. El ginec¨®logo Ignacio Crist¨®bal, director del Instituto de Salud de la Mujer, inmerso en el Cl¨ªnico San Carlos, uno de los grandes hospitales p¨²blicos de Madrid, trata en torno a 700 mujeres, con un l¨ªmite por ley de 40 a?os (en la medicina privada pueden llegar hasta los 50), una edad a la que la posibilidad de un embarazo natural se reduce y los tratamientos in vitro obtienen peor resultado. Espa?a se ha convertido en la potencia europea de la reproducci¨®n asistida (inseminaci¨®n y fertilizaci¨®n in vitro) y en la tercera del mundo. Se habla de un negocio global de 27.500 millones de euros, y de 600 millones en Espa?a, que cuenta con una ley muy avanzada e incluso recibe turismo reproductivo. ¡°Una de cada seis parejas tiene problemas de fertilidad, pero muchas posponen el tratamiento hasta que es demasiado tarde, porque todav¨ªa es tab¨², sobre todo entre ellos¡±, explica el doctor Crist¨®bal. ¡°La especie humana es la que menos capacidad reproductiva tiene del planeta. Biol¨®gicamente, la edad ideal para que una mujer procree es de los 20 a los 30 a?os. A partir de los 35, sus ovocitos son menos y de peor calidad. Sin embargo, este tipo de tratamiento no se puede tomar a la ligera, es muy duro. Llegado el momento, muchas personas anulan su existencia y solo viven para la reproducci¨®n, por eso en nuestro equipo contamos con la ayuda de psic¨®logos. Cada vez hay m¨¢s personas en esa situaci¨®n y se tienen m¨¢s tarde los hijos. Y nuestro trabajo consiste en cumplir los deseos de las personas que quieran tenerlos¡±.
Espa?a no es un pa¨ªs para ni?os. Cada vez menos. ¡°Y en 10 a?os, con nuestra generaci¨®n, se va a notar mucho m¨¢s¡±, dice Emma, de 20 a?os, estudiante del grado de Videojuegos en la Universidad Francisco de Vitoria, ¡°porque las t¨ªas partimos con desventaja. En mi sector, que es supercompetitivo, y con lo que me lo estoy currando, te quedas embarazada y es un par¨®n respecto al hombre. Ellos pueden tener las dos cosas, pero nosotras tenemos que elegir. Y si frenas, te comen. ?Y c¨®mo te reenganchas al mercado luego?¡±.
Espa?a es un pa¨ªs sin ni?os. No se dan las condiciones. Las generaciones actuales son las m¨¢s infecundas de la historia. Con menos nacimientos que durante la Guerra Civil. Y, al tiempo, con una de las mayores esperanzas de vida del planeta, solo por detr¨¢s de Jap¨®n y Suiza. La pir¨¢mide se ha invertido. Nuestra sociedad envejece. No es un fen¨®meno nuevo. Llevamos tres d¨¦cadas con uno de los ¨ªndices de fecundidad m¨¢s bajos de la UE: menos de 1,3 hijos por mujer, muy por debajo de la tasa de reemplazo generacional de 2,1 hijos, que mantendr¨ªa constante el nivel de poblaci¨®n. Lowest-low fertility, lo han bautizado los dem¨®grafos anglosajones.
¡°Un s¨ªndrome de muy baja fecundidad que en Espa?a tiene de excepcional que se haya extendido durante tanto tiempo sin que nadie haya hecho nada¡±, explica Teresa Mart¨ªn, investigadora del Instituto de Econom¨ªa, Geograf¨ªa y Demograf¨ªa del CSIC. ¡°Es un problema estructural y necesita de soluciones estructurales. Espa?a sigue a la cola de la OCDE en cuanto al porcentaje del PIB que dedica a los incentivos y ayudas a la familia: un 1,48%, la mitad de lo que aportan Francia [cuyo n¨²mero medio de hijos por mujer es de 1,86] o Suecia, que es 1,70¡å. Una idea que comparte otra referente de la investigaci¨®n demogr¨¢fica, Teresa Castro, que desde Berl¨ªn sentencia: ¡°Esto ya es estructural, Espa?a es el pa¨ªs donde m¨¢s mujeres al final de su edad reproductiva no tienen hijos. Es un fen¨®meno que tiene mucho que ver con la incertidumbre. Pero ning¨²n Gobierno se mete en un cambio de estructuras que puede durar d¨¦cadas, no tener ¨¦xito y no aportarle r¨¦ditos electorales¡±.
La baja natalidad es un fen¨®meno que Espa?a comparte con otras naciones del entorno mediterr¨¢neo, como Italia, Portugal, Grecia, Chipre o Malta. Es una historia triste. La de una frustraci¨®n. Hubo un tiempo en que se defin¨ªa a la Bolsa como el term¨®metro de la econom¨ªa de un pa¨ªs; la persistente baj¨ªsima fecundidad es un term¨®metro que alerta de que algo no funciona bien en una sociedad: la ausencia de oportunidades y la desigualdad de g¨¦nero. Un binomio que afecta al bienestar y al cumplimiento de las expectativas. ¡°Si la brecha entre lo deseado y lo real es tan grande, esa situaci¨®n nos habla de las carencias de una sociedad¡±, explica la dem¨®grafa Mariona Lozano, del Centro de Estudios Demogr¨¢ficos (CED), ¡°una sociedad que no tiene hijos, no se quiere lo suficiente, y eso es responsabilidad de la sociedad, no de las mujeres¡±.
Algo que la creativa publicitaria Laura Baena, fundadora del Club de Malasmadres (un movimiento que lucha por la conciliaci¨®n familiar y laboral de las mujeres), tiene muy claro: ¡°Uno de los principales d¨¦ficits de bienestar en Espa?a se halla en la dificultad de ir m¨¢s all¨¢ del primer hijo¡±. Baena est¨¢ a punto de coger sin aliento un tren de Madrid a M¨¢laga, intentando compaginar su trabajo con el cuidado de sus dos hijos. ¡°Cuando pares, te das de bruces con la realidad. Pasan las 16 semanas de permiso y te encuentras sola, sin apoyo de la sociedad, solo de las redes familiares; b¨¢sicamente, los abuelos. ?Y si no los tienes? Necesitamos redes formales de cuidados¡±.
¡ªDeme f¨®rmulas¡
¡ªEl hijo debe ser responsabilidad de la sociedad; tiene que haber un sistema de protecci¨®n nacional, de corresponsabilidad dentro y fuera de la casa, porque un hijo es un bien com¨²n. Y si ese nuevo ser humano es un bien, que nos ayude el sistema. La maternidad castiga y empobrece a la mujer. El 57% sufre una p¨¦rdida salarial tras ser madre. Y por eso la joven de 30 que a¨²n no lo ha sido, se lo piensa. Y lo retrasa. Las ni?as ya no quieren ser madres. Al menos de esta forma¡±.
La frustraci¨®n. Esa es la crisis existencial que se deriva de la baja natalidad. El reverso es la crisis econ¨®mica que puede desencadenar un mundo sin j¨®venes. En ese escenario, los agoreros hablan de una sociedad menos emprendedora, innovadora y din¨¢mica; con una ca¨ªda del consumo y la inversi¨®n; con m¨¢s impuestos; con menos ideas y empuje; con un desequilibrio entre activos y pasivos, y un serio problema de sostenibilidad para pagar las pensiones, la sanidad y los cuidados. Y financiar la deuda p¨²blica. ?Est¨¢ el sistema en peligro?
Cuando uno se acerca a la Administraci¨®n para comprender los riesgos de la baja natalidad, tiene que llamar a incontables puertas. Ning¨²n ministerio parece tener una visi¨®n completa. Nuestro primer interlocutor es Diego Rubio, director de Prospectiva del presidente S¨¢nchez, y responsable de Espa?a 2050, el enciclop¨¦dico estudio de estrategia de la Presidencia del Gobierno. Su trabajo es transversal, a largo plazo, y consiste en relacionar una cantidad ingente de informaci¨®n. Rubio, en cuyo estudio Espa?a 2050 se trata ampliamente de los riesgos y oportunidades resultado del envejecimiento de la poblaci¨®n espa?ola, no se extiende tanto sobre la baja fecundidad. Lo explica durante una conversaci¨®n en el edificio de Semillas del complejo de La Moncloa: ¡°Hay un hecho evidente, muchas mujeres no consiguen su deseo de ser madres porque no pueden conciliar, y es una brecha importante entre sus deseos y la realidad. Y para nosotros, la ra¨ªz de ese problema es la precariedad laboral. Y tenemos claro que no vamos a conseguir la tasa de reemplazo y seremos un 20% menos de habitantes en Espa?a¡±.
¡ª?Y c¨®mo apuntalamos el sis?tema?
¡ªComo con el cambio clim¨¢tico. Lo primero, mitigar, lo conseguiremos con la pol¨ªtica migratoria y favoreciendo la natalidad. Y lo segundo, la adaptaci¨®n, aumentando la productividad y los ingresos p¨²blicos del Estado. Pero en cualquier caso no va a haber un colapso de la protecci¨®n social en nuestro pa¨ªs.
Una respuesta similar a la de La Moncloa la aporta Israel Arroyo, secretario de Estado de la Seguridad Social, que coincide con la visi¨®n del director general de ese departamento, Borja Su¨¢rez, en una reuni¨®n con ambos: ¡°El envejecimiento es hoy un elemento econ¨®mico fundamental de Espa?a y no tiene por qu¨¦ ser una fatalidad. La anomal¨ªa es que seamos de los pa¨ªses con m¨¢s baja natalidad del mundo desde hace 30 a?os. Y eso est¨¢ relacionado con la precariedad de nuestro mercado de trabajo y de la vivienda¡±.
¡ª?Es un riesgo para la sostenibilidad del sistema?
¡ªEs malo en cuanto que no es una se?al de progreso. Es el s¨ªntoma que nos avisa, por ejemplo, de los problemas de nuestro mercado de trabajo.
¡ª?C¨®mo se soluciona?
¡ªEn principio, con pol¨ªticas que mejoren ese escenario (como la ley de reforma del mercado laboral). Y, al tiempo, hay que combinarlo con apoyos a las familias y permisos por paternidad y maternidad m¨¢s largos. Y habr¨¢ que repensar la pol¨ªtica migratoria.
¡ª?Peligra el sistema?
¡ªNo, el sistema es sostenible. Hay ciclos demogr¨¢ficos y este es uno de ellos. Esto no sucede de la noche a la ma?ana. Ha coincidido una amplia generaci¨®n de baby boomers (nacidos entre finales de los cincuenta y comienzos de los setenta) acerc¨¢ndose a la jubilaci¨®n con una ca¨ªda estrepitosa de la natalidad que dura 30 a?os. Y va a convivir esa generaci¨®n numerosa de jubilados con cohortes m¨¢s estrechas de j¨®venes. Por eso estos tienen que trabajar m¨¢s y mejor, y de una forma m¨¢s estable. Y son pol¨ªticas que hay que hacer ya, porque los a?os 2045-2050 ser¨¢n los de mayor gasto.
Todo empez¨® a mediados de los a?os setenta del siglo XX. Diego Ramiro, director del Instituto de Econom¨ªa, Geograf¨ªa y Demograf¨ªa del CSIC, relata que, en 1975, ¡°la tasa de fecundidad en Espa?a estaba todav¨ªa en tres hijos (algo inusual en el norte de Europa, que ya hab¨ªa hecho su transici¨®n a la baja natalidad). Y en solo 15 a?os cay¨® a 1,17 hijos¡±. Entre esas dos fechas pasaron muchas cosas: muri¨® Franco, se legalizaron los anticonceptivos y las mujeres accedieron a la educaci¨®n y al mercado de trabajo. Y las parejas comenzaron a tener hijos m¨¢s tarde.
¡°Ya hubo muchos menos hijos en aquellos a?os noventa, por lo que las mujeres en edad f¨¦rtil en la actualidad son menos¡±, explica en su despacho de la Universidad Aut¨®noma de Barcelona, en Bellaterra, Albert Esteve, director del Centro de Estudios Demogr¨¢ficos (CED), que asegura: ¡°Cada a?o va a haber un 30% menos de nacimientos¡±.
¡ª?Por qu¨¦ se produjo ese fen¨®meno en los noventa en Espa?a?
¡ªPor el cambio de modelo econ¨®mico y el fin de la familia tradicional. Que se compens¨® en la primera d¨¦cada del a?o 2000 con la llegada de cinco millones de inmigrantes.
¡ª?Y el fen¨®meno actual?
¡ªPrimero, por una transformaci¨®n cultural, porque hay un cambio de prioridades, de educaci¨®n y de estilo de vida. Lo segundo, por las dificultades econ¨®micas: quieren tener hijos pero no pueden. Y lo tercero, porque la reproducci¨®n cae sobre los hombros de las mujeres, y las desincentiva. Sin embargo, en los pa¨ªses m¨¢s ricos, por ejemplo, los n¨®rdicos, hay m¨¢s hijos, luego los hombres est¨¢n m¨¢s concienciados en la igualdad de g¨¦nero. En Espa?a, la gente no tiene hijos hasta los 30, y eso es cultural; los que lo aplazan hasta los 38 es por motivos econ¨®micos, profesionales y de pareja. Y a partir de esa edad entra en juego la infertilidad.
¡ª?Qu¨¦ habr¨ªa que hacer?
¡ªLa mujer se juega todo en cinco a?os de fertilidad, de los 30 a los 35. Y a partir de esa edad, juega con fuego. Hay que proteger los a?os clave de la mujer, lo que sucede es que en ese espacio de tiempo tiene todo lo material en contra. Y cuando pasa la tormenta, ha cumplido los 40.
Para la directora del Instituto de las Mujeres, Toni Morillas, ¡°esa crisis de reproducci¨®n est¨¢ relacionada con la crisis de los cuidados. Los de los mayores, los ni?os y las personas con dependencia han ca¨ªdo siempre sobre las mujeres. Y eso ha sido evidente durante la crisis econ¨®mica y la covid: hemos provisto gratis de esos servicios. Y a nosotras, ?qui¨¦n nos cuida? No podemos conciliar. ?C¨®mo vamos a competir con el hombre en el mercado de trabajo agotadas y con triples jornadas? Eso lo debe resolver el Estado y con la corresponsabilidad del hombre. Es necesario un debate sobre la organizaci¨®n de nuestra vida porque, cuando todo falla, lo resuelven las mujeres. Y las nuevas generaciones est¨¢n cada vez menos dispuestas a ser expulsadas del mercado laboral para dedicarse a esos cuidados¡±.
La incorporaci¨®n de la mujer en Espa?a al mercado laboral est¨¢ por encima de la media europea. Su participaci¨®n en la poblaci¨®n activa est¨¢ en torno al 46%. Y la tasa de actividad de las mujeres de 25 a 54 a?os es del 82%. Su nivel de estudios universitarios est¨¢ 13 puntos por encima de los hombres. Y, sin embargo, seg¨²n el estudio de ?IESE-Ordesa Maternidad y trayectoria profesional, dirigido por Nuria Chinchilla, titular de la c¨¢tedra de Mujer y Liderazgo del IESE: ¡°El hecho de ser padres tiene impactos opuestos en funci¨®n del sexo del trabajador: se suele premiar a los padres y penalizar a las madres. La maternidad compite con el desarrollo profesional y con la propia subsistencia. Dos proyectos vitales que aparentemente compiten por tiempo, energ¨ªa y atenci¨®n, y que a menudo generan dilemas, frustraciones y angustias¡±. De acuerdo con el citado estudio, las mujeres no solo cargan con las tareas m¨¢s activas, f¨ªsicas y rutinarias del hogar, sino que no consiguen una paridad con el hombre en cuanto a participaci¨®n, disponibilidad y responsabilidad con los hijos. Y, adem¨¢s, seg¨²n ese estudio del IESE, ¡°un 57% de las mujeres ha renunciado a algunos trabajos incompatibles con la maternidad, un 53% afirma que ser madre le ha impedido una mayor proyecci¨®n profesional y un 46% reporta haber tenido que trabajar mucho m¨¢s duro para demostrar su val¨ªa¡±. Para su autora, la profesora Nuria Chinchilla: ¡°Las estructuras laborales en Espa?a est¨¢n pensadas por hombres y para hombres solos y que no hagan otra cosa que trabajar. Y la mujer que quiera triunfar ha de entrar en ese modelo mecanicista. Y no es de recibo tener que elegir entre maternidad o trabajo¡±.
Como tampoco en otros Estados del sur de Europa. En esta regi¨®n del mundo, que ofrece algunos de los menores ¨ªndices de fecundidad, se dio siempre por sentado que eran los propios hogares los que ten¨ªan que proveer de bienestar social a la familia, en lugar del Estado, como suced¨ªa en los pa¨ªses m¨¢s al norte (y m¨¢s ricos) del continente. La familia era un asunto de la familia. Y las mujeres, apartadas del escenario laboral, deb¨ªan cargar con ese sobrepeso. En consecuencia, el apoyo p¨²blico a la maternidad fue nulo. Como reflejan los datos de la OCDE. El problema se desat¨® definitivamente cuando la mujer se incorpor¨® al mercado laboral sin dejar de cuidar a sus hijos, padres, abuelos y suegros. Esa ha sido la espoleta de la bomba de la baja natalidad en el sur del continente europeo: la coexistencia de una estructura social donde la mujer ha actuado hist¨®ricamente como Estado del bienestar bis, con el hecho de que hoy elige su rumbo laboral y personal fuera del hogar. Hacen falta voluntad y leyes. ¡°El problema¡±, ironiza Albert Esteve, director del Centro de Estudios Demogr¨¢ficos, ¡°es que los hombres buscan mujeres que ya no existen, y las mujeres buscan hombres que todav¨ªa no existen¡±. Lo remacha Ver¨®nica, de 22 a?os, estudiante de Comunicaci¨®n: ¡°Nosotras ya no somos ¨²teros andantes; que ellos dejen de ser robots laborales¡±.
La soluci¨®n a la muy baja fecundidad ya est¨¢ inventada, y sus factores est¨¢n identificados desde hace tiempo. Pero su aplicaci¨®n no es sencilla, y el remedio no acaba de llegar. Las pol¨ªticas en favor de la natalidad avanzan con ¨¦xito relativo. Hay medidas macroecon¨®micas destinadas al empleo, la vivienda, la emancipaci¨®n de los j¨®venes, los permisos de paternidad y maternidad, y la educaci¨®n gratuita y de calidad hasta los tres a?os; y tambi¨¦n microecon¨®micas, centradas en la conciliaci¨®n y la corresponsabilidad en el hogar. El Gobierno de Espa?a ha dado pasos importantes equiparando y haciendo intransferibles los permisos de paternidad y maternidad de 16 semanas, y con la ley de familia y el Plan Corresponsables, a¨²n no totalmente implantados. Y, por ejemplo, el Gobierno de la Comunidad de Madrid, poniendo sobre la mesa 80 medidas y 4.150 millones en ayudas directas a cinco a?os para fomentar la natalidad. Su impulsor, el consejero Enrique L¨®pez, afirma: ¡°No tiene ning¨²n componente pol¨ªtico, el apoyo es a todo tipo de familias¡±. No todos piensan lo mismo respecto al plan de Ayuso, por ejemplo, Toni Morillas, del Instituto de las Mujeres: ¡°Esto no se arregla con un cheque (como se vio con el de Zapatero en 2009) y que las mujeres nos volvamos a casa a criar a los ni?os. Esto es un debate de c¨®mo se organiza un pa¨ªs y un hogar. Y eso es m¨¢s transversal y a largo plazo que un cheque regalo de tres a?os¡±.
Reuni¨®n con un grupo de alumnas y alumnos de la Universidad Francisco de Vitoria, de Madrid. Ellos la van abandonando a hurtadillas. Ellas hablan claro. Repiten varias veces la palabra ¡°renuncia¡±. Es lo que les supone traer un hijo al mundo. El debate se va calentando. Para Joseph, de 22 a?os, ¡°cuando eres ni?o tienes un ideal de familia, lo ves todo muy bonito, pero cuando empiezas a ver c¨®mo est¨¢ el trabajo y el mundo, te das cuenta de que ese ideal es un sue?o y que choca con tener hijos¡±. Lo sentencian Olga, de 23 a?os, estudiante de Medicina, y Ver¨®nica, de 22, de Relaciones Internacionales: ¡°Tener hoy un hijo es lanzarse al vac¨ªo sin saber qu¨¦ hay debajo¡±. ¡°No quiero ver un hijo como un problema; para eso, prefiero no tenerlo¡±
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