Una tragedia griega contempor¨¢nea
¡®La ¨²ltima batalla¡¯, de Manuel Tirado, dirigida por Francisco Su¨¢rez e interpretada por Dami¨¤ Plensa: buen teatro para contar los ¨²ltimos momentos de Clitemnestra y Agamen¨®n

Desde hace siglos son muchos los autores, mayoritariamente dramaturgos, que revisitan mitos grecolatinos y toman prestados personajes y leyendas de la Grecia cl¨¢sica para contar, no tanto lo que creemos que les pas¨®, sino para metaforizar sus haza?as al hablar del hombre y de la mujer de hoy.
Edipo, Ant¨ªgona, Prometeo, Medea e ?caro han sido los m¨¢s elegidos. Pero otros han ocupado durante siglos el papel secundario que han querido otorgarles los autores de la ¨¦poca. Hace pocos a?os el escritor Manuel Tirado y el veterano director de escena y novelista Francisco Su¨¢rez decidieron imbuir a Clitemnestra, madre de Ifigenia, Electra y Orestes, como una tr¨¢gica capaz de llevar sobre sus hombros el peso de un gran mito.
En 2016 pusieron en pie La ¨²ltima batalla, con Tirado como creador de un texto que versiona y dirige Su¨¢rez. Este mes y antes de iniciar gira por Espa?a, la pieza ha sido reestrenada en la barcelonesa nueva sala Dau al Sec (jugando con el nombre del movimiento vanguardista y la ubicaci¨®n del espacio) con un nuevo actor, Dami¨¤ Plensa, quien jugando con la tradici¨®n del teatro japon¨¦s de interpretar a mujeres llenas de dolor se convierte en una Clitemnestra en calzoncillos, con una suerte de albornoz, acicalada a la manera nipona, profundamente afligida, borracha, dulce, coqueta, confusa y confundida, vengativa y rabiosa, soberbia en los dos sentidos, celosa, detestable y asesina (no se destripa la historia de sobra conocida).
En su transmutaci¨®n, Plensa ¡ªhijo del conocido escultor¡ª hipnotiza con un relato lleno de contradicciones, como las que s¨®lo puede mostrar alguien que ama y odia simult¨¢nea y apasionadamente y le devoran los celos.
En ese sentido es importante ver a un hombre interpretando un dolor que puede vivirse tan profundamente desde cualquier identidad, aunque el director de la pieza vea que el que sea un hombre es una firme apuesta por denunciar los abusos machistas desde la autoridad de una voz masculina, y a?ade: ¡°Ese es el juego, tiene fuerza que denuncie lo que se ha hecho a las mujeres siendo un hombre, no es un hombre travestido ni un var¨®n amanerado, es un actor encarnando a una mujer que dice ¡®todas las mujeres felices se parecen, pero las infelices lo somos de distintas maneras. Yo, a fuerza de amancebarme con el dolor, me he convertido en una hembra con coraz¨®n de hombre¡¯. Es de suponer que tambi¨¦n se pueda ver as¨ª, lo cual seguramente enriquece a¨²n m¨¢s a este espect¨¢culo lleno de gui?os a nuestra cultura, con frases que permanecen en el imaginario colectivo, de nombres como Almod¨®var, Goya, Lope de Vega, o incluso el impactante verso de Caballero Bonald, aportado por el director: ¡°S¨®lo somos el tiempo que nos queda¡±.
Y como buena tragedia griega no falta el coro de mujeres que inciden en la acci¨®n, aqu¨ª representado por canciones de Chavela Vargas, Olga Guillot, Omara Portuondo y Mayte Mart¨ªn, todas ellas hundidas por el amor ausente, el abandono, el imposible olvido. Aunque la banda sonora cuenta, al principio con el tema inicial de Bernardo Bonezzi para Mujeres al borde de un ataque de nervios y al final con la que cre¨® para Psicosis y a espaldas de Hitchcock el compositor Bernard Herrmann muy bien titulada para el filme de 1960 y para esta peque?a joya teatral: El asesinato. En esta ocasi¨®n el de Agamen¨®n, rey de Micenas y l¨ªder de la guerra de Troya, a la saz¨®n esposo de Clitemnestra quien tiene que matarle porque debe vengar la muerte de su hija Ifigenia (aunque la obra no hace mucho hincapi¨¦ en este hecho) y saldar otras muchas y graves cuentas pendientes.
La pieza en alg¨²n momento recuerda La voz humana de Jean Cocteau, por aquello de que las dos hablan del dolor del abandono y porque en esta ocasi¨®n la voz que se escucha es la de un hombre, como hubiera sido deseable en alguna puesta en escena de La voz humana, dado que hoy ya es sabido que Cocteau escribi¨® sobre la p¨¦rdida de su amado.
La ¨²ltima batalla (la de Agamen¨®n, claro) es sin lugar a dudas tambi¨¦n un combate entre actor y director, del cual salen los dos bien parados e ilesos, seguramente por la contenci¨®n y el buen oficio de ambos que no se han dejado llevar por algunas obviedades en las que f¨¢cilmente podr¨ªan caer uno y otro. Sobre todo teniendo en cuenta que el personaje (esperemos que no el actor) se bebe una botella entera de 700 ml de buen whisky con un volumen de 40% (comprobado).
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