El s¨ªndrome FOMO
Madrid tiene rincones en los que, por suerte, sientes todav¨ªa que la vida va por delante de ti
Un grupito se arremolina a la salida del bar. Dobles mascarillas jugando con varios colores y texturas, abrigos acolchados XXL entre Baqueira y el Bronx, pantalones tobilleros, zapatillas monta?eras, aires postraperos que bendicen la cultura del ladrillo visto, capuchas a tutipl¨¦n, alg¨²n gorro de pescador con logo incluido, calcetines repletos de emojis fluorescentes¡ Los esp¨ªo sin que se note mucho en el limbo del toque de queda.
?Qui¨¦nes son? ?De qu¨¦ se conocen? ?En qu¨¦ trabajar¨¢n? ?Se ir¨¢n luego a una fiesta salt¨¢ndose las normas? Me entretengo a la vuelta invent¨¢ndome sus siguientes pasos. Y es que en estos d¨ªas de cuatro paredes uno siente la necesidad de saber que Madrid sigue adelante, que no se ha parado completamente, que se est¨¢ reencontrando consigo misma poco a poco. Olvidar ese baj¨®n de que esto va a durar mucho m¨¢s de lo que esper¨¢bamos, ese sentimiento de que la vida va m¨¢s r¨¢pido que uno y que la ciudad se atraganta de cosas nuevas en cada esquina.
En estos d¨ªas de cuatro paredes uno siente la necesidad de saber que Madrid sigue adelante, que no se ha parado completamente, que se est¨¢ reencontrando consigo misma poco a poco
Entre las persianas bajadas y los carteles de ¡°se vende¡±, rezamos para que regrese el s¨ªndrome FOMO (¡®fear of missing out¡¯), la sensaci¨®n que tiene uno de estar perdi¨¦ndose algo, de que est¨¢n pasando cosas y de que te est¨¢s quedando fuera. Ese ¡°c¨®mo no has visto todav¨ªa esa obra¡±, ¡°ese sitio lleva abierto s¨®lo tres d¨ªas y la cola para entrar es imposible¡±, ¡°desde hace dos findes es el lugar en el que hay que estar¡±...
Pero Madrid es Madrid (aunque sea a medio gas). Hay calles en las que te puedes zambullir para ver que todav¨ªa suceden cosas y que se preparan para los prometidos felices a?os veinte. Y que compiten entre ellas. Lleva algo de delantera la Corredera de San Pablo (la Alta y la Baja), que los vecinos han peatonalizado casi de facto, serpenteados por skaters. Arriba y abajo, una peque?a colina de la generaci¨®n Z. En una esquina se abre Esp¨ªritu Santo, otra de las arterias de esta ruta ¡®calentita¡¯, esa peque?a Gran V¨ªa de Malasa?a (aunque le sobra alg¨²n ¡®influencer¡¯).
No se quiere quedar atr¨¢s Velarde, la calle ¡®vintage¡¯ que huele a ropa de otras d¨¦cadas que compra gente cuyo nombre escribiremos en el futuro. Bulle, bulle. ?Aburrido un s¨¢bado al mediod¨ªa? ?Pues a Pelayo! Del primero al ¨²ltimo de sus n¨²meros, pasa la vida. M¨¢s elegantona y siempre divertida se orilla cerca Fernando VI. Ahora tentada por fondos de inversi¨®n e inmobiliarias ¨¢vidas de cazar multimillonarios allende del Atl¨¢ntico, pero siempre frecuentada por fauna con inquietudes. Salto a la calle Noviciado, cuyos aires descuidados de pueblo s¨®rdido se han reconvertido en un traj¨ªn de ma?ana de domingo. Pero, ojo, que pide su sitio estos d¨ªas la calle Santa Isabel (y alrededores) para conocer la ¡®movida¡¯ en tiempos pand¨¦micos. Para cazar luego a las pandillas que se resisten a que Madrid se detenga en el tiempo con paso firme por Argumosa y a las puertas del mercado de San Fernando. Respiro hondo, la ciudad va todav¨ªa por delante de uno. Y eso es lo que nos gusta.
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