M¨¢s de 1.800 muertos por violencia armada en Estados Unidos solo en 2018
En un mes y medio, se han registrado 30 tiroteos m¨²ltiples, seg¨²n la organizaci¨®n Gun Violence Archive
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El tiroteo de este mi¨¦rcoles en una escuela secundaria en Parkland (Florida), en el que murieron al menos 17 personas, es el ¨²ltimo ejemplo de una retah¨ªla de cifras escalofriantes. Las estad¨ªsticas son un duro golpe de realismo detr¨¢s de la epidemia de violencia armada que sacude sin fin Estados Unidos.
En el mes y medio que lleva 2018, han fallecido en EE UU 1.816 personas por violencia armada, seg¨²n los ¨²ltimos datos del registro de la organizaci¨®n Gun Violence Archive. Eso equivale a una media de 40 muertos al d¨ªa.
En escasas seis semanas, otras 3.125 personas han resultado heridas por disparos. Ha habido 30 tiroteos masivos, que reciben esa consideraci¨®n cuando hay al menos cuatro muertos. La organizaci¨®n no incluye en sus estad¨ªsticas los fallecidos por suicidio. Dentro de esos par¨¢metros, la entidad estima que 15.590 personas murieron por armas de fuego en 2017 en la primera potencia mundial.
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La avalancha de muertos por violencia armada convierte a EE UU en una anomal¨ªa en el mundo desarrollado. No hay una cifra exacta de cu¨¢ntas armas de fuego hay en manos de civiles en el pa¨ªs, pero se calcula que son unas nueve por cada diez ciudadanos. Es la proporci¨®n m¨¢s alta del planeta. El Servicio de Investigaci¨®n del Congreso calcul¨®, en un estudio de 2012, que tres a?os antes hab¨ªa unas 310 millones de armas. La poblaci¨®n estadounidense es de 321 millones de habitantes.
La Constituci¨®n estadounidense ampara el uso de las armas de fuego, que muchos consideran parte del ADN nacional. Sus defensores recelan de cualquier cambio que dificulte la compraventa por una combinaci¨®n de temor al intervencionismo del Gobierno y la creencia de que las armas son necesarias para defenderse. El presidente Donald Trump y los republicanos defienden esa posici¨®n. Cada matanza acent¨²a la brecha con el colectivo que opina lo contrario: que para atajar la epidemia de violencia lo que hay que hacer es limitar el acceso a pistolas y rifles.
El ritual se repite tras cada matanza en los ¨²ltimos a?os. Inicialmente, impulsado sobre todo por pol¨ªticos dem¨®cratas y organizaciones sociales, se reabre el debate sobre un mayor control a las armas de fuego. Pero se tarda poco en que el debate decaiga por la falta de consenso entre los legisladores propiciado por el rechazo de muchos pol¨ªticos conservadores y la presi¨®n del poderoso lobby de la Asociaci¨®n Nacional del Rifle (NRA en sus siglas inglesas).
El ¨²ltimo cambio legal significativo en todo EE UU es de 2007, cuando se ampli¨® la prohibici¨®n de venta a personas con trastornos y delincuentes. Las mayores restricciones en los ¨²ltimos a?os las han impulsado los Estados.
En un primer momento, la muerte en 2012 de 20 ni?os y seis adultos en una escuela de Connecticut pareci¨® un punto de inflexi¨®n. El entonces presidente, el dem¨®crata Barack Obama, propuso extender el control de antecedentes, prohibir los rifles de asalto y limitar el n¨²mero de balas. Pero no logr¨® los votos suficientes en el Congreso.
Tampoco cambi¨® nada la muerte de 49 personas en 2016 en una discoteca de Orlando, en ese momento el peor tiroteo m¨²ltiple en EE UU. Un simpatizante yihadista empu?¨® un rifle semiautom¨¢tico. Resurgi¨® el debate sobre la prohibici¨®n a la venta de esos fusiles, que se hab¨ªa levantado en 2004, pero superada la conmoci¨®n y varios votos fallido, el impulso reformista decay¨®.
Y tampoco ha alterado suficientemente las conciencias de los legisladores nacionales la muerte de 58 personas el pasado octubre en Las Vegas, el peor tiroteo de la historia del pa¨ªs. Un hombre abri¨® fuego desde la ventana de su hotel a los congregados en un festival de m¨²sica country. Ten¨ªa una veintena de armas y truc¨® algunas de ellas para hacer que los rifles semiautom¨¢ticos dispararan con la potencia de un autom¨¢tico. En los d¨ªas posteriores a la matanza, la c¨²pula republicana del Congreso e incluso la NRA apoyaron dificultar la venta del objeto utilizado para alterar los rifles, pero el debate se ha difuminado desde entonces.
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