Palizas, muertes y hambre: Israel convierte las c¨¢rceles en centros de maltrato sistem¨¢tico
Los exreclusos palestinos relatan una rutina de violencia gratuita y humillaciones. El ministro al mando es Itamar Ben Gvir, el ultra que defiende ¡°pegar un tiro en la cabeza a los terroristas¡±. Una ONG de derechos humanos ve una ¡°pol¨ªtica institucional¡± consentida por el Supremo


No hab¨ªan pasado 24 horas del ataque masivo de Ham¨¢s a Israel cuando Ashraf Al Muhtaseb fue arrestado de madrugada en su casa en Hebr¨®n, una de las ciudades m¨¢s tensas de Cisjordania. Era 8 de octubre de 2023 y pesaba 96 kilos. Cuenta que, seis meses m¨¢s tarde, sali¨® de prisi¨®n con 56 kilos y un o¨ªdo in¨²til, de los golpes de sus carceleros. Lo dejaron tirado en un cruce. ¡°Avanc¨¦ a gatas 100 metros, no pod¨ªa andar. Era Ramad¨¢n, as¨ª que no hab¨ªa casi nadie en la calle. Alguien me vio y llev¨® a casa. Al verme, mi hijo dijo: ??D¨®nde est¨¢ pap¨¢!?¡±.
No era su primera vez entre rejas. Ha pasado all¨ª seis de sus 53 a?os, por vinculaci¨®n con Ham¨¢s. ¡°Pero¡±, a?ade, ¡°nunca hab¨ªa vivido algo as¨ª. Tantas palizas, tantas humillaciones¡¡±. El Servicio de Prisiones depende del Ministerio de Seguridad Nacional, en manos desde 2023 del ultraderechista Itamar Ben Gvir, que defendi¨® el mes pasado dar el ¡°m¨ªnimo que permite la ley¡± a los ¡°terroristas¡± presos hasta que el Parlamento apruebe su propuesta de ¡°matarlos de un tiro en la cabeza¡±.
Al Muhtaseb lo cuenta encadenando cigarrillos en el sof¨¢ del sal¨®n de su casa de Hebr¨®n, en el sur de Cisjordania, m¨¢s triste que enfadado por lo que vivi¨® y vio: los golpes, el hacinamiento, guardas orinando sobre un preso, la escasez de comida, los gritos de compa?eros torturados, o el que sali¨® sin vida del confinamiento solitario. Al menos 60 presos han muerto en estos 10 meses, seg¨²n las organizaciones de presos y de derechos humanos.

Su relato coincide con otros que han ido saliendo a la luz. En la prisi¨®n del Neguev, los guardas le tiraron al suelo y pegaron ¡°por todo el cuerpo¡±. ¡°Me ordenaron levantarme, pero no pod¨ªa, as¨ª que me cogieron de las piernas y los brazos, mientras uno vaci¨® una botella de champ¨² a la entrada de la celda. Me lanzaron para que resbalase. Me di un golpazo con el hombro en la pata de la litera. No sabes c¨®mo se re¨ªan¡±, rememora.
Cuenta que un d¨ªa de noviembre los guardas entraron ¡°a buscar una radio que no exist¨ªa¡±. Fue tal la tunda que acabaron todos en el suelo, ¡°sangrando y algunos llorando¡±. Otro, vio a un grupo de soldados poner m¨²sica alta mientras se ensa?aban con cinco veintea?eros esposados y con los ojos vendados que hab¨ªan tra¨ªdo de la zona de Bel¨¦n. ¡°Les daban patadas y culatazos. Uno sangraba tanto en la cara y en la boca que pens¨¦ que iba a morir ah¨ª mismo¡±, a?ade.
En una de las celdas pas¨® cuatro d¨ªas sin colchones ni mantas. En otra, eran 11: seis dorm¨ªan en camas y cinco en el suelo, sin almohadas ni cristales en las ventanas. ¡°A veces coloc¨¢bamos en diagonal los colchones, para caber todos. M¨®viles, radio y televisi¨®n estaban prohibidos, igual que ducharse a diario. Entiendo hebreo, pero ten¨ªa miedo a pedir medicamentos, a decir algo¡±, se?ala.
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Lo que diferencia su historia de muchas otras es que se atreve a contarla p¨²blicamente. La prestigiosa ONG israel¨ª de derechos humanos B¡¯tselem ha publicado esta semana un informe en el que concluye, a partir de 55 testimonios, que Israel viene aplicando desde octubre de 2023 una ¡°pol¨ªtica institucional y sistem¨¢tica enfocada en el abuso y tortura de todos los presos¡±, con la vista gorda del Tribunal Supremo y la Fiscal¨ªa General. Agencias de la ONU y ONG como Amnist¨ªa Internacional o M¨¦dicos por los Derechos Humanos ya hab¨ªan alertado al respecto.
El informe habla de ¡°torturas y abusos deliberados, trato degradante y humillante, asaltos sexuales y violencia arbitraria¡±. Tambi¨¦n de represalias por rezar, malas condiciones de higiene o confiscaci¨®n de bienes. El servicio de prisiones y el ej¨¦rcito lo niegan tajantemente y se?alan que los casos puntuales se investigar¨¢n convenientemente. En julio hab¨ªa m¨¢s de 9.600 presos en c¨¢rceles israel¨ªes, la mitad de ellos en ¡°detenci¨®n administrativa¡±, es decir, sin juicio ni conocer ellos o sus abogados de qu¨¦ se les acusa.
El Guant¨¢namo israel¨ª
En este contexto, un centro ha acaparado la atenci¨®n: Sde Teiman, una especie de Guant¨¢namo establecido al principio de la guerra a 30 kil¨®metros de Gaza y que concentra dos tercios de los muertos en prisi¨®n. La sociedad israel¨ª, dividida en torno a Netanyahu, pero bastante homog¨¦nea en su apoyo ¨Dm¨¢s o menos expreso¨D a vengar el traum¨¢tico ataque del 7 de octubre, ha ignorado las denuncias e informaciones period¨ªsticas que ven¨ªan saliendo. Hasta que ha sido demasiado.
El mes pasado, la justicia militar entr¨® a Sde Teiman a arrestar nueve sospechosos de maltratar gravemente a presos, e incluso grabarlo. Decenas de ultraderechistas ¨Dentre ellos ministros y diputados¨D invadieron indignados Sde Teiman y el centro al que fueron trasladados los ¡°h¨¦roes¡±, como los llam¨® el titular de Finanzas, el ultra Bezalel Smotrich.
Solo uno de los arrestados ha sido imputado, sospechoso de haber violado por el recto a un preso con una porra y un rifle. Yoel Donchin, el m¨¦dico del hospital p¨²blico que lo trat¨® al ingresar al borde de la muerte, encontr¨® ¡°rotura intestinal, una lesi¨®n grave en el ano, da?os pulmonares y costillas rotas¡±. El canal 12 de la televisi¨®n nacional acaba de difundir el v¨ªdeo de las c¨¢maras de seguridad. Se ve a varios agentes colocar los escudos de forma que no quede registrado lo que sus compa?eros hacen detr¨¢s a un recluso.
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— ?Uri Weltmann ???? ?????? ???? ?????? (@uriweltmann) August 8, 2024
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Ahmad Jalifa, de 42 a?os, no estuvo all¨ª, sino en otras c¨¢rceles, pero su relato contiene elementos comunes. Es ciudadano israel¨ª. De la minor¨ªa palestina, los descendientes de aquellos que se quedaron en la primera guerra ¨¢rabe-israel¨ª (1948-1949) y no acabaron como refugiados.
En el primer mes de guerra, fue uno de los poqu¨ªsimos que se atrevi¨® a participar en una manifestaci¨®n en apoyo a Gaza en Um El Fahem, la ciudad en la que es concejal. Su detenci¨®n, entre ¡°porrazos y patadas¡±, fue el inicio del primer periplo carcelario de su vida, que termin¨® en febrero y le ha afectado claramente al ¨¢nimo. Est¨¢ en arresto domiciliario, por ¡°incitaci¨®n al terrorismo¡± e ¡°identificaci¨®n con grupo terrorista¡±. Del bajo del pantal¨®n asoma la tobillera electr¨®nica.
Como no puede estar en Um El Fahem, alquila una casa en la ciudad de Haifa, en el norte del pa¨ªs, de la que no puede salir ¡°ni un metro¡±. Su esposa es una de las garantes del cumplimiento, as¨ª que pasan casi todo el d¨ªa dentro del apartamento con sus dos hijas. Para que ella las lleve al parque o haga la compra, tiene que reemplazarla otro garante. ¡°Si nos falta algo, acabamos mandando a las ni?as a la tienda¡±, dice mientras las peque?as tratan de lidiar con el aburrimiento.
¡°?Qu¨¦ te has cre¨ªdo? ?Que est¨¢s en un hotel?¡±
Jalifa sali¨® de la c¨¢rcel con la sensaci¨®n de que el pasaporte israel¨ª no le garantiz¨® un mejor trato que al resto de palestinos. Casi al rev¨¦s: lo ve¨ªan como un ¡°traidor¡±. Lo peor fue tras denunciar en la vista judicial de enero que hab¨ªa sufrido maltrato, aunque le permiti¨® ver un m¨¦dico por primera vez. ¡°Antes, cuando lo ped¨ª, me respondieron entre risas: ¡®?Qu¨¦ te has cre¨ªdo? ?Que est¨¢s en un hotel?¡¯. Cuando fui, no hac¨ªa tanta falta. El m¨¦dico me pregunt¨® por qu¨¦ no hab¨ªa ido antes. Me ech¨¦ a re¨ªr y ¨¦l entendi¨® todo¡±, cuenta. S¨ª le ayud¨®, opina, que buena parte de los carceleros sean drusos de su zona, conscientes de que es abogado y activista de derechos humanos.
No qued¨® exento, sin embargo, de la violencia f¨ªsica. ¡°Te pegan desde que pones el pie en la prisi¨®n, sin importar de d¨®nde vengas¡±, rememora. En una de las prisiones donde m¨¢s tiempo pas¨®, los guardas aprovechaban los puntos ciegos de las c¨¢maras de seguridad para agredir a los reclusos, asegura. ¡°A veces, con esfuerzo, pod¨ªas verlo. Pero sobre todo o¨ªas las palizas y las torturas, y a la gente rogando que parasen por piedad. Insultaban a sus madres. O les ped¨ªan que les besasen las botas, o la bandera israel¨ª. Algunos lo acababan haciendo, claro. Tambi¨¦n les divert¨ªa obligarles a cantar una canci¨®n infantil¡±. Jalifa la tararea. Es la misma que algunos soldados obligan a cantar a presos palestinos con los ojos vendados en v¨ªdeos que luego difunden en TikTok.
Afirma que durante 12 d¨ªas consecutivos los guardas inspeccionaron la celda a la hora de comer, en represalia porque alguien tir¨® un vaso de agua al pasillo. ¡°Entraban, dejaban los colchones manchados de comida, nos pegaban y se iban¡±, cuenta.
Pero lo que Jalifa llevaba particularmente mal era que la celda quedase fuertemente iluminada de noche: ¡°Me costaba mucho dormir as¨ª¡±. Le importaba menos que tener que apa?arse con un tercio de toalla, que la administraci¨®n del presidio rasg¨® para que hubiese para todos, o el hambre. ¡°Solo comes lo justo para no morir, pero siempre tienes hambre. Te dan de comer lo justo para mantenerte vivo¡±, indica. M¨¢s que peso, agrega, perdi¨® masa muscular, por la falta de prote¨ªnas, con ¡°dos o tres cucharadas de arroz para comer¡± o una rebanada de pan para compartir con queso y pepino, como desayuno.
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