Admirable encuentro
Sol¨ªa decir Manuel de Falla que los espa?oles deber¨ªamos aprender a sustituir el adjetivo de envidiable por el de admirable. As¨ª ha sido el concierto protagonizado por los profesores Schellenberger y Margulis, en el que hay que destacar las versiones de dos felic¨ªsimas partituras mozartianas -Una broma musical y Divertimento para instrumentos de viento en mi bemol- antes de saltar a la contemporaneidad de Shelf-Par¨¢frasis, para tr¨ªo de cuerda y piano, de nuestro Joan Guinjoan, magn¨ªficamente asumido y expuesto con primor por Pablo Mart¨ªn, Laure Gaudron, Fernando Arias y Luis del Valle.
La obra supone un sutil¨ªsimo homenaje al gran compositor Richard Strauss, aunque se trate en realidad de una creaci¨®n personal¨ªsima del estupendo m¨²sico terraconense que se oy¨® por vez primera en el Festival de Granada de 1997. Resplandece en ella la inteligente sensibilidad y la refinada maestr¨ªa de Guinjoan, quien asisti¨® en esta ocasi¨®n a la nueva audici¨®n para recibir, en uni¨®n de sus int¨¦rpretes, interminables ovaciones.
Maestro humanista
Las hubo sin tasa para el gran pianista ucranio Vitali Margulis, un veterano maestro, investigador y humanista que ha conseguido devolvernos los sabores antiguos y siempre vigentes del protorrom¨¢ntico evolucionista Brahms, interiorizados en sus intermezzi y la sorprendente invenci¨®n de Mussorsgky en Los cuadros de una exposici¨®n.
Tiene magia el arte de Margulis, su consistente delectaci¨®n sonora y la penetrante dicci¨®n de las evocaciones musicales que hiciera el compositor de Boris Godunov de las pinturas y proyectos del arquitecto V¨ªktor Hartmann. Fue una verdadera lecci¨®n la de este bien programado concierto y un homenaje encendido al prodigioso y espiritual pianista.
Parece claro, al escuchar a tanto joven int¨¦rprete como desfila por los escenarios del encuentro santanderino, que la m¨²sica ni se acaba ni cede su puesto a la primera banalidad. El augurio es f¨¢cil ante el arte maestro del obo¨ªsta Schellenberger con el Cuarteto Accord en p¨¢ginas como las de Antal Dorati, Nocturno y capricho, de 1926, o si nos llega en rara alianza de sabidur¨ªa y enso?aci¨®n en el tr¨ªo para clarinete, violonchelo y piano de Zemlinsky, que fuera premiada en 1896 por un jurado en el que se hallaba Brahms.
La versi¨®n de Karl-Heinz Steffens, Beate Altenburg y Anna Kirichenko testimoni¨® la validez de estos pentagramas por encima de la triste aventura vital del compositor.
Los hermanos Del Valle hicieron, por otro lado, maravillas en una sonata de Mozart para piano a cuatro manos y otro pianista, el franc¨¦s David Kadouch, con un grupo de c¨¢mara nos record¨® la capacidad de encanto atribuida por Stendhal a Mozart en el Quinteto en mi bemol.
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