Derechos para los peatones
Quienes usan las ciudades van mayoritariamente a pie. Sin embargo, los peatones son los menos tenidos en cuenta y los m¨¢s vulnerables. A las ya tradicionales precauciones, al cruzar la calle o al ir esquivando los excrementos de perro, se han a?adido nuevas, de manera que no es recomendable distraerse un solo segundo. Y es que el espacio de la acera (y de las calles peatonales), el lugar m¨¢s p¨²blico y vital de las ciudades seg¨²n Jane Jacobs, est¨¢ cada vez m¨¢s invadido.
La apropiaci¨®n tradicional es la de las motos, que siguen subiendo a las aceras por los pasos de peatones y, al aparcar gratis justo delante de la puerta, reducen el espacio del viandante, dejando poco paso para cochecitos de beb¨¦s o sillas de ruedas, y convirtiendo en una aventura poder llegar hasta los contenedores de reciclaje. En Barcelona, a ello se ha unido hace unos pocos a?os la proliferaci¨®n de monopatines y bicicletas. Se entiende, aunque no sea aceptable, que el 22% de los ciclistas solo vaya por la acera, ya que el sistema de carriles bici sigue siendo insuficiente y el riesgo de ir por el asfalto es alto en bastantes calles. Lo que es una sorpresa es que el nivel de incivismo de los que van en bicicleta no sea menor que el de los motorizados, cuando la bicicleta se hab¨ªa identificado con los movimientos ecologistas. La irrupci¨®n de la bicicleta, tan positiva en muchos sentidos, ha ido en contra de los derechos del peat¨®n, que ahora no solo ha de vigilar para no ser golpeado por una moto que circula por la acera, sino que ha de estar al tanto de unos veh¨ªculos silenciosos que aparecen cuando menos se espera, teni¨¦ndose que apartar para dejar paso a ciclistas demasiado veloces y estresados, que van por calles peatonales o se saltan sem¨¢foros en rojo. Esto a¨²n empeora cuando se trata de una manada de turistas en bicicleta, que quieren la ciudad tem¨¢tica a sus pies, para verla a la velocidad de los pedales, y que van apartando al personal con el insistente toque triunfal de timbre.
Los t¨¦cnicos de tr¨¢fico dise?an las calles solo con la mentalidad del que se desplaza en coche y nunca con la del que camina
En la medida en que el dise?o urbano ha sido totalmente incapaz de compatibilizar esta sana diversidad de flujos y medios, el resultado ha sido que unos depredan a los otros: el ciclista aparta al peat¨®n, el motorista aparta al ciclista, el que va en coche aparta al motorista, y el bus y el cami¨®n apartan al coche. Y ahora la ley de calle, gracias a toda la gama de veh¨ªculos, se ha impuesto en aceras y calles peatonales: las agencias de turismo, adem¨¢s de pasear a los mirones por los mercados municipales y agruparlos en bicicletas, no solo han conseguido apropiarse del espacio p¨²blico con sus go-cars, segways, triciclos y otros artilugios, sino que adem¨¢s cuentan con la promoci¨®n del propio Ayuntamiento.
El espacio para los autom¨®viles siempre es amplio y los pasos de peatones son estrechos y taca?os, y las isletas, inseguras. Los t¨¦cnicos de tr¨¢fico dise?an las calles solo con la mentalidad del que se desplaza en coche y nunca con la del que camina. El Ayuntamiento de Barcelona publicita que ha colocado en los cruces "m¨¢s de tres kil¨®metros de barandillas de protecci¨®n para los viandantes". La realidad es distinta: constri?en el paso de las personas, reflejan la carrera de obst¨¢culos que es ir a pie, vuelven m¨¢s peligrosa la ciudad, y tan lujosas barandillas de acero inoxidable no se han colocado donde realmente hubieran salvado vidas, por ejemplo en la avenida Meridiana.
Lo curioso de esta historia de planificaci¨®n camuflada, siempre a favor del autom¨®vil, y de esta ley del m¨¢s fuerte en la calle y en la acera es que, en un momento u otro, al final todos somos peatones. Incluso el prepotente que va en su 4 x 4, aparca en el s¨®tano de su lugar de trabajo y en el garaje de su casa, y va de compras al centro comercial, alg¨²n d¨ªa no tendr¨¢ otra salida que salir a caminar, y al final llegar¨¢ a anciano con dificultades para pasar corriendo el sem¨¢foro en verde o para apartarse r¨¢pido cuando un silencioso veh¨ªculo de dos ruedas se desliza por la acera. Pero entonces ya ser¨¢ tarde, porque otros estar¨¢n utilizando el poder que ¨¦l tuvo para seguir apartando a lo peatones. Y es que el primer paso para poder ser ciudadano es que se respeten los derechos del peat¨®n.
es arquitecto.
Josep Maria Montaner
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