Michelle Obama, un viaje trepidante
De un humilde barrio de Chicago a la Casa Blanca. Michelle Obama hace repaso a su trepidante biograf¨ªa en unas esperadas memorias en las que conviven la combativa estudiante de Derecho, la madre primeriza estresada y la primera dama
MICHELLE OBAMA HA EMPEZADO a procesar lo sucedido desde que su marido, Barack Obama, plante¨® la posibilidad de aspirar a la presidencia hasta la fr¨ªa ma?ana de invierno ( 20 de enero de 2017) en que se subi¨® a una limusina con Melania Trump y la acompa?¨® a la investidura del nuevo presidente de Estados Unidos. ¡°He comparado esos a?os con la experiencia de ser disparados por un ca?¨®n. Con todo lo que pasaba volando a nuestro lado a mil kil¨®metros por hora, mientras nos limit¨¢bamos a agarrarnos como si nos fuera la vida en ello¡±, cuenta d¨ªas antes de ponerse a la venta sus esperadas memorias. A los 54 a?os, siente que su vida sigue progresando. No piensa detenerse. En su nueva casa, en un barrio tranquilo y lujoso de Washington, el tiempo empieza a parecer diferente. Descalza y en pantal¨®n corto, uno de sus atuendos favoritos para moverse c¨®moda, disfruta de las cosas sencillas. Todav¨ªa no puede salir a la calle sin servicio de seguridad, pero gestos cotidianos como prepararse un s¨¢ndwich de queso y degustarlo sola en el jard¨ªn le recuerdan que su nueva vida ya es un hecho. ¡°Por fortuna, en estos dos ¨²ltimos a?os he podido respirar m¨¢s tranquila¡±, a?ade. Fue precisamente en su nuevo hogar donde sinti¨® que ten¨ªa muchas cosas que contar y decidi¨® ponerse a escribir. En Mi historia (Plaza & Janes), una biograf¨ªa de m¨¢s de 500 p¨¢ginas, ajusta cuentas con el pasado, desde que era una estudiante negra en una elegante universidad cuyo alumnado era mayoritariamente blanco hasta su vida como madre primeriza estresada y sus ocho a?os como primera dama de Estados Unidos.
Mi historia se puso a la venta el martes pasado en 34 pa¨ªses. La biograf¨ªa de Michelle Obama, por la que Penguin Random House ha pagado una cifra superior a los 60 millones de d¨®lares, tendr¨¢ una segunda parte, firmada por su marido, y se publicar¨¢ el pr¨®ximo a?o. Markus Dohle, CEO del grupo editorial, que negoci¨® personalmente la compra de derechos, bromeaba con los empleados d¨ªas antes del anuncio asegurando que se hab¨ªan quedado con los bolsillos vac¨ªos. Y es que la ex pareja presidencial se ha convertido en un icono que genera mucho dinero. Perciben cantidades de seis d¨ªgitos por participar en conferencias y debates, y hace unos meses firmaron en exclusiva un contrato con Netflix para producir documentales y pel¨ªculas. Todas las miradas se centran ahora en Michelle. Sus campa?as en defensa de una dieta sana para mejorar la salud infantil han contribuido a que 45 millones de ni?os almuercen de manera saludable en los colegios y 11 millones realicen alguna actividad f¨ªsica; son solo una muestra de lo que ser¨ªa capaz de gestionar si tuviera poder. Las encuestas en su pa¨ªs la sit¨²an como uno de los personajes p¨²blicos m¨¢s valorados, pero la se?ora Obama despeja dudas en su biograf¨ªa. No, no piensa dedicarse a la pol¨ªtica: ¡°No tengo la menor intenci¨®n de presentarme a un cargo p¨²blico. Nunca¡±. Claro que, en ocasiones, negativas tan rotundas tienden a significar lo contrario. Como ciudadana y miembro del Partido Dem¨®crata, le preocupa la deriva que vive Estados Unidos. No soporta la crispaci¨®n pol¨ªtica que conduce a una ¡°divisi¨®n tribal entre rojos y azules¡±, ni la idea de que debemos elegir un bando y apoyarlo hasta el final.
Enfrascada en la promoci¨®n del libro, de la que se ha excluido su presencia en Espa?a, la autora contest¨® a varias preguntas v¨ªa correo electr¨®nico, eludiendo cualquier asunto m¨ªnimamente pol¨ªtico o temas que quedan fuera del contenido del libro. De antemano se especific¨® que no hablar¨ªa de Donald Trump, aunque en las memor¨ªas lo describe como el t¨ªpico ¡°abus¨®n¡± o ¡°la materializaci¨®n m¨¢s fea del poder¡±. Acostumbrada desde ni?a a enfrentarse a esa m¨¢xima ancestral de la comunidad negra que sostiene que debes ser el doble de bueno para llegar la mitad de lejos, Michelle mantiene la esperanza frente a la adversidad pol¨ªtica. Personalmente conf¨ªa en la fuerza de las instituciones y anima a votar masivamente como elemento imprescindible para apoyar el cambio.
Michelle Robinson (Chicago, 1964) creci¨® en el ?South Side, un barrio humilde de mayor¨ªa negra. Se define como ambiciosa, testaruda, alguien que puede llegar a levantar la voz cuando se enfada o incluso, como reconoce que hac¨ªa de ni?a con su hermano, usar los pu?os si hace falta. Claro que el tiempo y la experiencia han aplacado su car¨¢cter, aunque ante los problemas sigue buscando respuestas concretas. Creci¨® y se educ¨® en lo que denomina el ¡°sonido del esfuerzo¡± que le inculc¨® su t¨ªa Robbie, su exigente profesora de piano con la que compart¨ªan la vivienda, cada familia en una planta. ¡°Robbie fue un ejemplo importante para m¨ª. En mis memorias cuento que a veces discut¨ªamos. Cuando empec¨¦ con las clases de piano, yo ten¨ªa cuatro o cinco a?os, pero, aunque era peque?a, no me acababa de gustar su m¨¦todo de ense?anza. Ten¨ªa mis propias ideas sobre c¨®mo aprender las escalas y los acordes, saltaba de una parte del libro a otra y aprend¨ªa canciones de o¨ªdo. Pero Robbie estaba empe?ada en que yo deb¨ªa seguir su camino, as¨ª que, cada pocos d¨ªas, la tozuda preescolar y su igualmente obstinada maestra dirim¨ªan sus diferencias ante el piano de la segunda¡±. Con el paso del tiempo, descubri¨® que aquella experiencia fue el periodo en el que empez¨® a desarrollar su propia voz, una fase que formaba parte de un proceso que considera absolutamente decisivo para la persona que ha llegado a ser: ¡°En las d¨¦cadas que siguieron tuve que aprender a utilizar mi voz en multitud de escenarios, desde el barrio con sus matones hasta las aulas universitarias, pasando por las salas de reuniones de los bufetes de abogados y las plazas y estadios del mundo. Y me he dado cuenta de lo afortunada que he sido de tener unos padres y unos profesores, personas como Robbie, que no me hicieron callar. Por el contrario, me permitieron desarrollar y utilizar mi voz. Espero que los padres fomenten esos valores en sus propios hijos. Y espero que nadie, especialmente las j¨®venes, tenga jam¨¢s miedo de hacer o¨ªr su voz¡±.
¡°Tuve que aprender a usar mi voz en multitud de escenarios, desde el barrio con sus matones hasta las aulas universitarias y las plazas del mundo¡±
Pertenecer a la minor¨ªa afroamericana marc¨® su vida, pero aprendi¨® a vivir con ello. Desde ni?a sinti¨® que siempre necesitaba ganar batallas: ¡°Os vais a enterar¡± se convirti¨® en algo as¨ª como su lema frente a la adversidad. Fue una alumna de sobresalientes. En los colegios por los que pas¨® form¨® parte de los grupos de ni?os que eran separados del resto para conseguir un mayor rendimiento, una idea que reconoce como ¡°controvertida¡±. Y se endeud¨® como muchos j¨®venes americanos para poder pagarse la carrera de abogada en Harvard. ¡°Con el tiempo he llegado a valorar que mi educaci¨®n no tuvo nada de m¨¢gico. Yo no estaba dotada de ning¨²n genio o tesoro particular. No era un prodigio de ninguna clase. Sencillamente, me esforc¨¦ mucho por dar lo mejor de m¨ª misma. Como le gusta decir a mi madre, en mi ciudad hay miles de Michelles por todas partes, ni?as y ni?os con talento, diligentes, honestos y genuinos que se preocupan por las cosas. Tambi¨¦n ellos podr¨ªan haber sido presidentes, presidentas, primeras damas o primeros caballeros. Mi madre no lo dice como una gracia ni por gentileza. Mi vida ha dado muchas vueltas. Termin¨¦ siendo la primera dama de EE UU, de modo que mi historia se hizo p¨²blica, pero en mi barrio hay m¨¢s de un ni?o cuya historia nos har¨ªa sentirnos orgullosos a todos¡±, aclara.
Su biograf¨ªa, narrada de manera cronol¨®gica, no escatima detalles ¨ªntimos. Cuando su sue?o parec¨ªa haberse realizado, tras graduarse en Harvard y fichar por un flamante bufete de abogados en la planta 47 de un edificio de Chicago, donde ejerci¨® un tiempo como jefa de su futuro esposo y percib¨ªa un buen salario, decidi¨® dejar el empleo movida por su vocaci¨®n de servicio p¨²blico. Para entonces ya se hab¨ªa enamorado del brillante abogado con quien compart¨ªa despacho. Marian, su madre y consejera, sol¨ªa advertirle ante sus dudas: ¡°Primero gana dinero y despu¨¦s preoc¨²pate por tu felicidad¡±. Y sigui¨® el consejo al pie de la letra. Empez¨® a trabajar como directora de una organizaci¨®n sin ¨¢nimo de lucro que ayuda a gente joven a labrarse una carrera profesional y como subdirectora de un hospital mejorando el acceso a la sanidad de las clases m¨¢s desfavorecidas. Tras contraer matrimonio, vestida de blanco bajo los acordes de T¨² y yo (que podemos conquistar el mundo), de Stevie Wonder, empez¨® a consolidar ¡°un nosotros¡± tan s¨®lido como eterno.
¡°Quiero asegurarme de que la gente sepa que el matrimonio puede ser extremadamente dif¨ªcil y extremadamente gratificante¡±
Sincera y en ocasiones pol¨ªticamente incorrecta, relata sin complejos, muy al estilo de la narrativa americana, la relaci¨®n con su marido, desde el primer beso hasta las discusiones cotidianas motivadas por esperas infructuosas a la hora de la cena. ¡°He intentado ser lo m¨¢s sincera posible. S¨¦ que mucha gente considera que Barack y yo somos un ejemplo de relaci¨®n por la que vale la pena luchar. Ambos valoramos que lo crean as¨ª, pero tambi¨¦n quiero asegurarme de que la gente sabe que el matrimonio puede ser extremadamente dif¨ªcil y extremadamente gratificante, y que en la mayor¨ªa de los casos no puedes tener una cosa sin la otra. No quiero que la gente vea fotos de nosotros dos abraz¨¢ndonos detr¨¢s de los atriles o sonriendo juntos bajo el brillo de los focos y piense que lo hemos conseguido con solo chasquear los dedos. Yo lo comparo con las redes sociales. Lo que vemos en las noticias que publicamos son los momentos especiales de la vida de otras personas, las fiestas, las vacaciones y los besos desde la cesta de un globo aerost¨¢tico, pero no vemos las dificultades, las largas conversaciones, ni el esfuerzo que cuesta avanzar para entenderse mutuamente. Y ah¨ª, precisamente, toma forma cualquier v¨ªnculo verdadero entre dos personas. Pens¨¦ que era mi deber, sobre todo ante las parejas j¨®venes, contar nuestra historia con m¨¢s detalle¡±.
Desde que se conocieron, Barack Obama destacaba por su brillantez. Las empresas se lo rifaban, pero ¨¦l parec¨ªa m¨¢s interesado por los derechos civiles y la organizaci¨®n comunitaria. Fue profesor de Derecho en la Universidad de Chicago y director de la revista Harvard Law Review antes de salir elegido como senador del Partido Dem¨®crata en el Estado de Illinois. La vida de la pareja se ha regido por el mantra de que la igualdad es importante, pero todo el peso de la maternidad cay¨® sobre ella, una situaci¨®n que se agrav¨® cuando su marido entr¨® de lleno en pol¨ªtica, lo que le oblig¨® a retroceder en sus ambiciones y convertirse en la mujer de un pol¨ªtico con toda la carga de soledad que conlleva. A finales de 2006, cuando lleg¨® el momento cumbre y surgi¨® la posibilidad de optar a la presidencia, hubo escenas de crispaci¨®n y l¨¢grimas por la repercusi¨®n que tendr¨ªa la decisi¨®n sobre su familia. ?l quer¨ªa presentarse y ella no quer¨ªa que lo hiciera, pero la decisi¨®n final quedaba en manos de ella. Gan¨® la pol¨ªtica. La familia tuvo que mudarse de Chicago a Washington y se convirti¨® en primera dama, un trabajo que oficialmente no lo es, pero que acab¨® brind¨¢ndole una plataforma de conocimiento y contactos que nunca hab¨ªa imaginado. ¡°He conocido a personas que considero superficiales e hip¨®critas, y a otras (profesores, c¨®nyuges de militares¡) cuyo esp¨ªritu es tan profundo y fuerte que resulta asombroso¡±.
Durante dos mandatos presidenciales fue aupada como la mujer m¨¢s poderosa del mundo o apeada a la categor¨ªa de mujer negra malhumorada. Ha posado sonriente con personas que insultan a su marido pero que aun as¨ª deseaban un recuerdo para la chimenea. Durante ocho a?os vivi¨® en la Casa Blanca y su vida fue sometida a una exposici¨®n permanente. Dorm¨ªa en una cama con s¨¢banas italianas; dispon¨ªa de maquilladora, peluquera y asesora personal sobre c¨®mo vestirse. Viajaba en una caravana de veh¨ªculos que ni siquiera paraba en los sem¨¢foros, se olvid¨® de lo que significaba hacer la compra, las comidas las preparaba un equipo de chefs de fama internacional, pero en todo ese delirio trat¨® de no perder la perspectiva. A modo de terapia, opt¨® por mantener a su eterno grupo de amigas, madres de Chicago a las que se refiere como un puerto seguro de sabidur¨ªa femenina. ¡°Cuando nos mudamos a la Casa Blanca, sab¨ªa que seguir¨ªa necesitando apoyarme en ellas. Fueron mi ancla. Sol¨ªa invitarlas, en especial si necesitaba un soplo de aire fresco, y por eso acud¨ªan a actos p¨²blicos como las carreras de huevos de Pascua o las fiestas de Navidad. Ven¨ªan cuando yo necesitaba hablar. A veces me sentaba y conversaba con un amigo durante horas, desde la comida hasta la cena. No pas¨¢bamos el tiempo hablando de pol¨ªtica ni de lo que pasaba en el mundo, sino que sol¨ªamos charlar sobre nuestras familias, nuestros altibajos y esperanzas para el futuro, que eran los temas que siempre nos hab¨ªan conectado. A veces me comentaban lo extra?o que les resultaba estar en aquella casa tan bonita y con tanta historia y conversar como si estuvi¨¦semos en nuestra cocina de Chicago un s¨¢bado por la tarde¡±.
Gracias a las 500 p¨¢ginas de libro sabemos, entre otras cosas, que es una fan¨¢tica del orden, que odia el tabaco, que sus ni?as nacieron por fecundaci¨®n in vitro o c¨®mo era la cama que compart¨ªa con Barack cuando eran novios. ¡°No creo que a nadie le beneficie retocar su historia; ni a m¨ª, ni a ¨¦l, ni a ninguna de las personas a las que me gustar¨ªa llegar con mi autobiograf¨ªa. No creo que nadie deba avergonzarse de su vida, en particular quienes han tenido que luchar. Todos pasamos por crisis de confianza. Los problemas de fertilidad son de lo m¨¢s corriente. Fracasar, dudar de uno mismo, sentirse vulnerable son experiencias que nos hacen humanos. Al reflexionar, descubr¨ª que la esencia de mi historia, el centro de mi proceso de llegar a ser, estaba definida por mis momentos de lucha. Esa fue la raz¨®n por la que decid¨ª contar mi vida¡±.
A lo largo de su biograf¨ªa deja muy clara la separaci¨®n familiar de poderes que se instal¨® durante los ocho a?os que vivi¨® en la Casa Blanca, tanto que casi parece que se enter¨® de la muerte de Bin Laden al mismo tiempo que el resto del mundo. Obama encerrado en su despacho, reunido, repasando informes¡, y ella ocupada con su huerto en los jardines de la Casa Blanca, uno de sus proyectos estrella, y, como siempre, vigilando la educaci¨®n de sus hijas, Malia y Sasha, tratando de evitar que el hecho de que su padre fuera el presidente de EE UU no interfiriera demasiado en su relaci¨®n con los j¨®venes de su edad.
¡°Cuando tu vida es un escaparate ¡ªtu manera de hablar o tu forma de criar a tus hijos¡ª, tienes que tener algo en donde refugiarte. Us¨¦ Mi pasado¡±
A lo largo de su vida, Marian, su madre, a la que se llev¨® a vivir con ellos a la Casa Blanca, ha sido el puntal en el que se ha apoyado cada vez que necesitaba ausentarse para acompa?ar al presidente en viajes oficiales, o visitar a familias que acababan de perder todo lo que ten¨ªan arrasadas por un hurac¨¢n, o acompa?ar en un funeral a los padres de los ni?os asesinados tras un tiroteo en un instituto. Solo su madre parec¨ªa librarse de los rigores que impon¨ªa el servicio de seguridad. Le gustaba sentarse a charlar con los empleados de la residencia presidencial y salir a pasear sin la presi¨®n de la popularidad. Los Obama fueron la familia presidencial n¨²mero 44. En esa ¨¦poca, cuando miraba las fotos de las personas que hab¨ªan consagrado su vida a la pol¨ªtica (los Clinton, los Gore, los Bush), se preguntaba si viv¨ªan felices y eran aut¨¦nticas sus sonrisas. Ahora que su foto ocupa ese mismo lugar de sus predecesores, ha aprendido a relativizar las cosas. Ya no analiza minuciosamente sus conjuntos ni se siente juzgada a todas horas. Ella y su marido han dejado de llamarse Potus y Flotus (nombre en clave para los agentes de seguridad). ¡°Crec¨ª como una ni?a de clase trabajadora, criada por unos buenos padres. Esperaba que mi familia y su comunidad se sintiesen orgullosas de m¨ª. Muchas veces llegu¨¦ a ser la ¨²nica mujer negra de la reuni¨®n, y me convert¨ª en una persona que se esforzaba por definirse a s¨ª misma al tiempo que compaginaba su matrimonio con su carrera profesional y sus dos ni?as. Me encontr¨¦ en situaciones que jam¨¢s hab¨ªa imaginado, abri¨¦ndome camino por el mundo a trav¨¦s de much¨ªsimas pruebas y errores¡±, a?ade. ¡°Mientras estuve en la Casa Blanca, nunca olvid¨¦ nada de esto, y creo que fue lo que me ayud¨® a aguantar muchos de los carros y carretas que se cruzaron en mi camino. Cuando toda tu vida es un escaparate, tu manera de hablar y tu aspecto, tu forma de criar a tus hijos y de comportarte, tienes que tener algo en donde refugiarte. Mi pasado me sirvi¨® como refugio¡±.
An¨¦cdotas y personajes se suceden a lo largo de las p¨¢ginas, como el momento en que conoci¨® a su admirado Nelson Mandela, o un apunte sobre su viaje a Europa y su encuentro con la reina Isabel II, a la que abraz¨® cari?osamente, rompiendo a?os de protocolo, mientras charlaban sobre las ganas que ten¨ªan ambas de quitarse los zapatos. Es dif¨ªcil acotar toda una vida en un volumen. Cada cual echar¨¢ de menos detalles nuevos. En sus memorias no aborda muchas de las decisiones pol¨ªticas de su marido, pero tampoco dice nada al respecto, por ejemplo, del viaje a Johannesburgo para el entierro del presidente del pa¨ªs en el que coincidieron con presidentes de otros Gobiernos. Viendo la serie de fotograf¨ªas de ese d¨ªa, parece que no le gust¨® mucho el selfie que su marido se hizo con el primer ministro brit¨¢nico David Cameron y la primera ministra danesa Helle Thorning-Schmidt.
Michelle Obama siempre ha pensado que ten¨ªa un plan. ?Cu¨¢l es el suyo ahora?
¡°Me estoy tomando un tiempo para pensarlo. Sab¨ªa que, cuando abandon¨¢semos la Casa Blanca, iba a necesitar relajarme y procesar lo que acab¨¢bamos de vivir. En cuanto a lo que vendr¨¢ a continuaci¨®n, todav¨ªa no he hecho muchos planes concretos. Por supuesto, Barack y yo estamos ligados al servicio p¨²blico. Forma parte de nuestro ADN. En consecuencia, dedicaremos mucho tiempo a trabajar para mejorar la vida de las personas dentro y fuera de Estados Unidos. A trav¨¦s de nuestra labor con la Fundaci¨®n Obama procuramos motivar a una nueva generaci¨®n de l¨ªderes de todo el mundo, y en octubre present¨¦ una iniciativa llamada Global Girls Alliance [Alianza Mundial de Chicas] dirigida a empoderar a las adolescentes a trav¨¦s de la educaci¨®n. En este momento hay en el mundo 98 millones de chicas adolescentes sin escolarizar. Son j¨®venes brillantes y trabajadoras con un potencial infinito. Solo necesitan la oportunidad de recibir educaci¨®n, de manera que la promesa que encierran pueda hacerse realidad. Es un tema que me apasiona y me ilusiona dedicarme a ¨¦l¡±. De momento, se siente feliz con su biograf¨ªa.?
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