?Cu¨¢l es la receta estrella de tu abuela?
Los periodistas escribimos de cosas que a veces nos interesan, otras veces nos dan un poco de pereza, y otras nos entusiasman tanto que casi lo har¨ªamos gratis (casi). El art¨ªculo que publiqu¨¦ el domingo en El Pa¨ªs Semanal pertenece a este ¨²ltimo grupo. Trataba sobre un fot¨®grafo italiano, Gabriele Galimberti, que recorri¨® el mundo fotografiando a abuelas con sus platos estrella, y planteaba algunas reflexiones sobre el valor de la cocina abuelesca en general.
Adem¨¢s de ofreceros la versi¨®n completa en El Comidista, me gustar¨ªa hacer otra entrada con las recetas de vuestras abuelas. S¨®lo ten¨¦is que enviarme los ingredientes, la preparaci¨®n y una foto de la se?ora en cuesti¨®n a elcomidista@gmail.com. Si la imagen es de ella cocinando o con el plato, mejor que mejor, pero con que salga guapa es suficiente. Si est¨¢is en Eskup, la red social de EL PA?S, tambi¨¦n pod¨¦is compartir texto y fotos en el canal Comida y bebida.
CON AMOR DE ABUELA
Abuela: d¨ªcese de la persona que hace la mejor sopa, las mejores croquetas o el mejor pollo guisado del mundo. El t¨¦rmino tambi¨¦n define a una clase de seres humanos dotados con el superpoder de transmitir descargas de afecto a trav¨¦s de la comida. Por ¨²ltimo, se aplica a toda mujer convencida, muchas veces con raz¨®n, de que sus nietos jam¨¢s comen tan bien y tan sano como en su casa.
Empe?ada en mantener el rigor, la Real Academia Espa?ola no ha aprobado a¨²n estas acepciones. Pero al fot¨®grafo Gabriele Galimberti le podr¨ªan servir mejor que otras para hablar de su serie Delicatessen with love (Delicatessen con amor), en la que ha retratado a abuelas de todo el mundo con sus platos estrella. Las instant¨¢neas del italiano siguen siempre la misma pauta: en la mitad de la imagen, la mujer posa con todos los ingredientes de la receta en la cocina o el lugar donde se come en su casa; en la otra, vemos el plato ya elaborado.
El reportaje es uno de los frutos de un viaje que comenz¨® hace dos a?os, cuando Galimberti decidi¨® recorrer el mundo utilizando CouchSurfing. La red de intercambio de hospitalidad online permite dormir en sof¨¢s o habitaciones de casas particulares gratis o a cambio de una peque?a donaci¨®n, y as¨ª hacer amigos o compartir experiencias con habitantes de todo el planeta. El fot¨®grafo aprovech¨® la vivencia para llevar acabo varias series fotogr¨¢ficas adem¨¢s de Delicatessen with love, como Toys (ni?os con sus juguetes favoritos), CouchSurfing (dedicada a otros coachsurfers) o Zompi (¨¦l saltando).
La idea de Delicatessen se la debe, en realidad, a su propia abuela. ¡°?Estaba preocupada porque pensaba que iba a comer mal en todos los sitios!¡±, exclama Galimberti. ¡°As¨ª que decid¨ª recopilar recetas de abuelas de todas partes para demostrarle a la m¨ªa que tomaba cosas estupendas durante el viaje¡±. La inquietud de la nonna Marisa, vivida por buena parte de las mujeres mayores del sur de Europa en cuanto sus hijos o nietos salen por la puerta de casa, qued¨® aplacada tras ver las fotos. ¡°Se sorprendi¨® de ver que la comida de las dem¨¢s abuelas ten¨ªa buen aspecto, y se alegr¨® de que hubiera comido tan bien como en Italia¡±.
En las im¨¢genes, berenjenas turcas, chiles indonesios, pescados suecos, frascos de sirope estadounidenses o larvas de mariposa de Malawi se disponen primero en figuras geom¨¦tricas sobre las mesas, para despu¨¦s unirse una vez cocinados en deliciosas -o temibles- especialidades locales. ¡°Me encanta el orden¡±, explica el autor. ¡°Me gustaba la idea de que todo el mundo pudiera ver los ingredientes individuales y reconocerlos¡±. Galimberti pas¨® unas pocas horas con cada una de las abuelas, y en algunos casos, cocin¨® con ellas. ¡°Las im¨¢genes retratan su mejor plato y revelan algunos de sus secretos de cocina, pero no dicen mucho sobre su personalidad. Todas tienen una buena historia, pero la que recuerdo mejor es la de la filipina, porque fue la primera mujer que abri¨® un restaurante en su peque?o pueblo en El Nido, hace 40 a?os¡±.
Cuando Galimberti acudi¨® al diario italiano La Repubblica para vender su proyecto de viaje fotogr¨¢fico, se encontr¨® all¨ª con Arianna Rinaldo, en aquel entonces editora gr¨¢fica del suplemento D. A ella le gust¨® tanto la idea que le dieron un espacio fijo semanal para contar sus peripecias de surfeador de sof¨¢s. ¡°Segu¨ª paso paso sus movimientos, sus dudas, los momentos mejores, los peores... Vivi¨® algunas situaciones peligrosas o muy inc¨®modas. Algunos choques culturales han sido mas fuertes de lo que imaginaba. No todos los couches eran sof¨¢s de verdad¡±.
Rinaldo considera Delicatessen with love ¡°una serie estupenda, porque adem¨¢s de interesante y ¨²til si se quiere intentar alguna receta, es sobre todo emocional¡±. ¡°Casi todos tenemos una abuela, una t¨ªa o una madre que nos ha mimado con la comida. As¨ª que todos nos podemos acercar a la experiencia de estas fotos y lo que simbolizan. Fotogr¨¢ficamente son muy eficaces: siempre incluye detalles peque?itos que nos conectan a la cultura de la abuela¡±.
Galimberti espera convertir su serie en un libro a finales de este a?o, para lo que est¨¢ en conversaciones con varias editoriales estadounidenses. ¡°La idea del d¨ªptico con retrato m¨¢s bodeg¨®n crea una unidad perfecta para un cat¨¢logo o recetario¡±, apunta Rinaldo. ¡°Para usarlo s¨®lo nos faltar¨¢n algunos ingredientes... ?que no creo se encuentren en todos lados!¡±.
Aparte de su valor documental, Delicatessen with love bien podr¨ªa servir como reivindicaci¨®n de una sabidur¨ªa que, por desgracia, se puede evaporar. De forma parad¨®jica, en Occidente cada vez hablamos m¨¢s de cocina y cada vez cocinamos menos. El trasvase generacional de conocimientos culinarios se ha roto bajo la presi¨®n de la vida laboral y familiar contempor¨¢nea, que deja poco tiempo para una de las necesidades vitales del ser humano: alimentarse bien.
¡°Me da mucha pena que se pierda toda esa cultura¡±, lamenta Marisa S¨¢nchez, abuela, responsable del restaurante Echaurren en Ezcaray (La Rioja) y Premio Nacional de Gastronom¨ªa. ¡°A m¨ª me gusta la cocina de vanguardia, pero creo que antes hay que pasar por la tradici¨®n, por los principios. A veces vienen estudiantes de las escuelas de hosteler¨ªa que te hablan con t¨¦rminos muy raros pero no saben hacer una bechamel. No se dan cuenta de que todos los grandes cocineros han aprendido de sus madres y abuelas, y por eso cada uno tiene su personalidad¡±.
S¨¢nchez ha apoyado con su presencia la presentaci¨®n de un proyecto editorial para salvaguardar la memoria gustativa de su comunidad. La librer¨ªa Santos Ochoa pretende publicar en noviembre Recetas de las abuelas riojanas, con las aportaciones de todas las mujeres que lo deseen. ¡°Me gustar¨ªa que no les presionaran, que les dejaran expresarse a su manera con sus pizcas y sus poquitos, sin exigirles medidas exactas¡±.
Si la precisi¨®n en las cantidades no es la mayor virtud de las abuelas -algo bastante l¨®gico si pensamos en la receta como una gu¨ªa, no como una f¨®rmula qu¨ªmica-, quiz¨¢ lo sea el afecto que ponen en sus platos. Parecer¨¢ una ?o?er¨ªa, pero el amor tambi¨¦n tiene sus repercusiones gastron¨®micas. ¡°Las tortas que le preparo a mi yerno no sabr¨ªan igual si no supiera que le gustan tanto. Por eso les presto m¨¢s atenci¨®n cuando las preparo¡±, explica S¨¢nchez. ¡°Para que salgan realmente bien, hay que hacer los platos con cari?o y, sobre todo, con alegr¨ªa¡±.
Las abuelas no s¨®lo funcionan como catalizadores gastron¨®micos y emocionales en sus cocinas: hay quien destaca adem¨¢s su papel en la nutrici¨®n. ¡°Su comida suele ser sana porque es muy natural, y aprovecha los productos locales y de temporada¡±, explica la nutricionista y colaboradora de la web Consumer.es Maite Zudaire. ¡°Sin conocimientos de nutrici¨®n, han creado platos consistentes con una combinaci¨®n acertada de alimentos, como los cocidos de sopa con garbanzos o las lentejas con arroz. Tambi¨¦n aciertan en el aprovechamiento de las sobras, que da lugar a platos sencillos, baratos y muy nutritivos como las croquetas, las sopas de ajo, las alb¨®ndigas o las torrijas¡±.
Zudaire, que recuerda con devoci¨®n el arroz con leche de su abuela, afirma que de las estas mujeres se aprende algo m¨¢s que a alimentarse correctamente. ¡°Es importante inculcar en los ni?os el agradecimiento por poder comer todos los d¨ªas varias veces al d¨ªa y el respeto por los platos preparados con cari?o, y no permitir las quejas por la comida servida aunque no sea la de su gusto. El respeto hacia los dem¨¢s comensales se refleja tambi¨¦n en buenos modales como no hablar con la boca llena o no el elegir el mejor trozo de la bandeja. Las malas posturas en la mesa o la costumbre de jugar con los alimentos tambi¨¦n son conductas a corregir en los ni?os. Son muchos 'noes', pero muy positivos porque redundan una buena educaci¨®n¡±.
Adem¨¢s de sus muchas virtudes, la comida de las abuelas tambi¨¦n cuenta con sus peque?os defectos, marcados por la reticencia a adaptarse a tiempos de cocina m¨¢s ligera, menos recocida y no tan abundante. Para Zudaire, el mayor error suele ser la excesiva cantidad. ¡°Acostumbradas a ¨¦pocas de escasez y miseria alimentaria, en ¨¦poca de suficiencia no conciben servir cantidades m¨¢s modestas de carne como raci¨®n o a?adir menos tropiezos de embutidos y morcilla en los guisos de legumbres¡±, explica. Con ella coincide Marisa S¨¢nchez, para la que se debe perder el miedo a actualizar la cocina de las abuelas: ¡°Ya no hace falta comer con tanta grasa, y hay que reducirla en los platos tradicionales como los cocidos¡±.
Desde una ¨®ptica m¨¢s internacional, el fot¨®grafo Gabriele Galimberti no tiene muchas pegas que poner a las comidas abueleras de su viaje. Aunque s¨ª tuvo sus momentos dif¨ªciles. ¡°El 90% de las recetas eran realmente buenas. Me encanta cocinar, e incluso he probado a hacer en casa la mayor¨ªa de ellas. Pero reconozco que no pude acabarme las larvas de Malawi ni el pollo vindaloo de la India. ?Demasiado picante!¡±.
Arenque con patatas y queso 'cottage'
Inara Runtule, 68 a?os. Kekava, Letonia.
El objeto del que Inara est¨¢ m¨¢s orgullosa no est¨¢ sobre la mesa, sino detr¨¢s de ella. Es un ¨¢rbol gen¨¦al¨®gico hecho por su nieta cuando ten¨ªa 14 a?os. ¡°Es una de las cosas m¨¢s bonitas que tengo en casa¡±, asegura. ¡°Me encanta mirarlo y pensar en mis parientes, sobre todo en los que viven lejos y a los que no puedo invitar a comer o cenar¡±. Su plato estrella contiene ingredientes cl¨¢sicos de la cocina b¨¢ltica y escandinava: arenques, patatas, l¨¢cteos y eneldo. ¡°A m¨ª no me gust¨® mucho, pero s¨®lo porque este tipo de pescado no es mi favorito¡±, reconoce el autor de la foto.
Bisonte bajo el sol de medianoche
Kathy Donovan, 64 a?os. Whitehorse, Canad¨¢.
¡°Este plato es realmente bueno, y recuerdo que ella estaba muy orgullosa de decir que el bisonte que est¨¢bamos comiendo lo hab¨ªa cazado su hijo¡±, recuerda el fot¨®grafo. Kathy Donovan ha vivido toda la vida en el Yuk¨®n, una de las regiones del norte de Canad¨¢. Tiene dos hijas y un hijo, que en s¨®lo ocho a?os le han dado siete nietos. Cuando se los dejan en casa, le piden fritos, y ella se los cocina aunque sus hijos le han pedido que prepare comida sana. ¡°Lo intento, pero total, tres de ellos ya est¨¢n un poco regordetes¡±, se r¨ªe.
Dificultad: media (muy alta si tienes que cazar el bisonte).
Tiempo: hora y media, m¨¢s el marinado de la carne durante una noche.
Ingredientes para seis personas: unos dos kilos de muslo de bisonte troceado, lonchas de bacon, hojas de laurel, bayas de enebro, romero, ajo, una cebolla roja, seis champi?ones, harina, sal y pimienta, aceite de oliva, tomate triturado, cerveza.
Preparaci¨®n: Poner a marinar la carne la noche anterior con cerveza, sal, pimienta y las bayas de enebro. Sacar la carne de la marinada, secarla y cortarla en trozos de cuatro cent¨ªmetros. Saltear la carne en una sart¨¦n grande con aceite de oliva unos tres minutos. En una fuente de horno, formar capas con la carne separ¨¢ndolas con lonchas de bacon y aderezando cada capa con ajo machacado, hojas de laurel, romero y bayas de enebro. Cubrir la ¨²ltima capa con cebolla roja cortada en grueso. A?adir cinco cucharadas de tomate triturado a la cerveza usada para marinar, y verterla sobre la carne. Asegurarse de que el l¨ªquido se filtra bien por las capas moviendo un poco las piezas con un tenedor. Tapar y guisar en el horno durante tres horas y media a 150-160 grados. Durante la cocci¨®n, vigilar que no se acabe el l¨ªquido: si ocurre, a?adir uno o dos vasos de agua. 15 minutos antes de acabar, a?adir los champi?ones cortados en l¨¢minas y espolvorear dos cucharaditas de harina.
Posible adaptaci¨®n: usar carnes de caza locales, o ternera reduciendo el tiempo de cocci¨®n a una hora y media o dos horas.
Taj¨ªn de pollo
Eija Bankach, 62 a?os. Massa, Marruecos.
Eija pertenece a una familia bereber del sur de Marruecos. Vive con su marido, su hija menor y su nieto de cuatro a?os, aficionado a ayudar en la cocina y ¡°muy bueno cortando zanahorias¡±, seg¨²n su abuela. Esta mujer no dispone de gas ni electricidad para cocinar, y todo lo hace en unas brasas en el exterior de su vivienda. El fot¨®grafo recuerda tomar este taj¨ªn con toda la familia ¡°cogiendo la comida directamente de la cazuela con la mano¡±. ¡°Al principio no me sent¨ª muy c¨®modo, pero al final de la cena me alegr¨¦ de haberlo hecho¡±.
Dificultad: baja.
Tiempo: una hora y media.
Ingredientes para cuatro personas: dos patatas grandes, dos cebollas rojas grandes, dos chiles dulces rojos y dos picantes verdes, dos ramitas de perejil, dos nabos, tres zanahorias, un cuarto de pollo, sal, pimienta y aceite.
Preparaci¨®n: Poner la parte de abajo del taj¨ªn sobre las brasas. Fre¨ªr en una cucharada de aceite el perejil, los chiles verdes y media cebolla, todo picado previamente. Mentras, limpiar y picar en grueso el resto de las verduras. Cuando las verduras fritas est¨¦n lista, colocar sobre ellas el pollo, y cubrir todo con el resto de las verduras. Salpimentar, cubrir el taj¨ªn con su tapa y dejar que se cocine durante una hora. Poner el taj¨ªn en mitad de la mesa y comer con las manos. Con cubiertos sabe igual, pero no tendr¨¢s el placer de chuparte los dedos al final.
Posible adaptaci¨®n: usar una cazuela normal sobre gas o placa el¨¦ctrica.
Cerdo cocinado dos veces con verduras
Pan Guang Mei, 62 a?os. Chongqing, China.
Pan Guang Mei creci¨® en una casa min¨²scula en la que la cocina era una especie de camping gas. Hoy vive en la 19 planta de un rascacielos en una ciudad de 30 millones de habitantes, y su cocina es tan grande como su casa anterior. El plato que mejor le sale es el hui guo rou, un cerdo con verduras que primero se hierve y despu¨¦s se cocina en el wok. ¡°Era extremadamente picante y grasiento¡±, recuerda el autor de la foto, ¡°pero me encant¨®¡±. Para no engordar comiendo estas cosas, Pan Guan Mei recomienda ir en bici todos los d¨ªas a hacer la compra.
Dificultad: media.
Tiempo: una hora.
Ingredientes: 4 caracolas grandes, una cebolla, ajo, un puerro, dos chiles, una lima, una naranja amarga, un tomate, perejil, sal, pimienta, aceite de girasol, arroz, cuatro pl¨¢tanos, un coco, setas, frijoles y gambas secas de mar y de agua dulce.
Preparaci¨®n: Vaciar las caracolas y cortar las partes blandas en rodajas finas. Machacar el ajo, el puerro, el perejil, los chiles, el zumo de la naranja y de la lima, y sal. A?adir algo de tomate triturado y aceite. Mezclarlo todo con la caracola y calentarlo hasta que hierva, a?adiendo agua y jugo hecho con coco rallado y agua. Lavar y fre¨ªr los frijoles. Mezclar el perejil, el ajo, pimienta, chiles, las gambas, las setas, coco rallado y aceite. Lavar el arroz y sumarlo a la mezcla en una sart¨¦n con las jud¨ªas. Mojar con agua, tapar y cocer hasta que el l¨ªquido se evapore. En otra sart¨¦n, calentar aceite y fre¨ªr el pl¨¢tano cortado en rodajas gruesas. Sacarlo, aplastarlo y fre¨ªrlo otra vez. Servir las caracolas con el arroz y el pl¨¢tano en el mismo plato, pero separados.
Posible adaptaci¨®n: sustituir las caracolas por pescado y las gambas secas por unas cabezas frescas de este marisco.
Raviolis de acelga y ricota con salsa de carne
Marisa Batini, 80 a?os, Castiglion Fiorentino, Italia.
¡°Es mi abuela y es la mejor cocinera de todos los tiempos¡±, sentencia ri¨¦ndose el fot¨®grafo Gabriele Galimberti. Despu¨¦s reconoce que ¡°aunque naci¨® y creci¨® en el campo toscano y siempre trabaj¨® como ama de casa, nunca ha sido una campeona en la cocina¡±. Eso s¨ª, seg¨²n ¨¦l hay un plato que le sale bordado: los raviolis de acelga con salsa de carne. ¡°No los cocina m¨¢s que en raras ocasiones, pero cuando lo hace regala un viaje al pasado a toda la familia. Por desgracia, estos viajes s¨®lo duran el tiempo de la comida¡±.
Dificultad: media.
Tiempo: tres horas (una y media si tienes preparada la salsa).
Ingredientes: para la salsa, un kilo de tomates maduros, una cebolla, una rama de apio, una rama de perejil, medio kilo de carne picada, aceite, sal y nuez moscada. Para los raviolis, un kilo de harina, 4 huevos, 300 gramos de ricota, medio kilo de acelgas, parmesano, cinco huevos, sal y pimienta.
Preparaci¨®n: para la salsa, escaldar los tomates, pelarlos y triturarlos. Picar la cebolla, la zanahoria, el apio y el perejil y rehogarlo todo con aceite. Unos cinco minutos despu¨¦s, a?adir la carne picada. Rehogar unos 10 minutos y a?adir, si se quiere, un vaso de vino. Incorporar la salsa de tomate y cocer a fuego muy lento unas tres horas. Para los raviolis, hervir las acelgas media hora habi¨¦ndoles quitado las pencas. Formar un volc¨¢n con harina. Batir cuatro huevos y verterlos en el volc¨¢n de harina con suavidad. Mezclar con un tenedor hasta que los huevos absorban la harina. Cuando la masa se forme, amasar con las manos hasta que est¨¦ lo suficientemente dura como para dividirla en cuatro partes. Estirar cada una con un rodillo en una capa de 1 mil¨ªmetro. Picar las acelgas con la ricota, el huevo restante, dos cucharadas de parmesano rallado, una pizca de sal y otra de nuez moscada. Cortar la pasta en rect¨¢ngulos de 8x4 cent¨ªmetros, poner una cucharada del relleno en el centro, doblarlos y cerrar los raviolis presionando los bordes con un tenedor. Cocerlos en agua hirviendo con sal unos 10 minutos. Comprobar que est¨¢n hechos y servirlos con la salsa.
Sopa de carne con coco y vegetales
Eti Rumiati, 63 a?os. Yakarta, Indonesia.
Cocinar para seis puede es m¨¢s f¨¢cil que para uno. ?sta es la teor¨ªa de Eti Rumiati, una mujer indonesia que pasa cuatro horas diarias en la cocina preparando comida y cena para su marido, su hija, su yerno y sus dos nietos adolescentes. Rumiati asegura que si alg¨²n d¨ªa tuviera que guisar s¨®lo para ella, no sabr¨ªa que hacer. ¡°Supongo que me ir¨ªa al centro y comprar¨ªa una hamburguesa americana¡±, le dijo al fot¨®grafo. Para luego aclararle: ¡°Por supuesto, estoy de broma. Ser¨ªa incapaz de comerme esa cosa¡±. Su plato se llama soto betawi, y es una sopa t¨ªpica de su pa¨ªs.
Dificultad: media.
Tiempo: poco m¨¢s de una hora.
Ingredientes para 6 personas: ra¨ªces de jengibre, tomates, cebollas tiernas rojas, lima, pepinos, hojas de lima, ajo, zanahorias, chiles rojos picantes, chiles dulces, nueces de la India, pimienta blanca, dos o tres litros de leche de coco, un kilo de ternera, sal, pimienta y aceite de girasol.
Preparaci¨®n: Cocer la carne troceada en un poco de leche de coco con 10 hojas de lima y una ra¨ªz de jengibre triturada de 40 a 50 minutos. Mientras, fre¨ªr 10 dientes de ajo, 200 gramos de cebolla tierna picada, cinco nueces de la India y una ra¨ªz de jengibre triturada en aceite de girasol. Triturar todo junto para obtener una salsa. Cocer en otra cazuela cinco chiles rojos picantes y 10 dulces durante 15 minutos. Triturarlos con una cucharada de granos de pimienta blanca y otra de sal. Mezclar las dos salsas en una cazuela, a?adir una cucharada de aceite y rehogar 5 minutos. Esta salsa debe a?adirse a la carne 15 minutos antes de que acabe la cocci¨®n. Aplastar en un mortero ocho dientes de ajo, 250 gramos de cebolla, 50 gramos de chiles dulces, dos chiles picantes, un trocito de jengibre y 5 nueces de la India. Esta pasta se sirve a parte para que los comensales se pongan m¨¢s si quieren. Picar pepino, zanahoria y tomate para hacer una ensalada de acompa?amiento.
Posible adaptaci¨®n: Sustituir las nueces de la India con anacardos.
'Sadza' y hojas de calabaza en mantequilla de cacahuete
Flatar Ncube, 52 a?os. Victoria Falls, Zimbaue.
El sadza es una especie de polenta hecha con harina de ma¨ªz muy popular en Zimbaue. Es el plato estrella de Flatar, una mujer que vive al lado de las cataratas Victoria. Hace unos a?os empez¨® a dar de comer a turistas en el sal¨®n de su casa, sirviendo platos elaborados con verduras de su huerta. Fue abuela por primera vez con 46 a?os, y hoy trabaja en su restaurante desde el amanecer hasta bien entrada la noche. ¡°En el pueblo es famosa como cocinera, y cada vez que alguien se casa, le llaman para que prepare la comida¡±, cuenta el fot¨®grafo. ¡°Pero sinceramente, su comida no estaba muy buena¡±.
Dificultad: muy baja.
Tiempo: unos 40 minutos.
Ingredientes para una persona: cuatro hojas y una flor de calabaza, agua, sal, bicarbonato, mantequilla de cacahuete, harina blanca de ma¨ªz.
Preparaci¨®n: hervir un poco de agua con una cucharada de bicarbonato. Quitar las hebras de las hojas de calabaza. Cortarlas en tiras peque?as, tallo incluido. Hervirlas unos 5 minutos. Escurrirlas, dejar que se enfr¨ªen un poco y ponerlas en una cazuela con dos cucharadas de mantequilla de cacahuete y una pizca de sal. Rehogar unos tres minutos removiendo constantemente. Reservar. Poner a hervir dos vasos de agua en una cazuela peque?a. En otra, poner un vaso generoso de harina blanca de ma¨ªz y a?adir el agua hervida de la otra cazuela. Cocer la mezcla a fuego lento unos pocos minutos sin parar de remover. Si espesa demasiado, a?adir agua; si est¨¢ demasiado l¨ªquida, harina. Servir los dos preparados en un mismo plato.
Posible adaptaci¨®n: utilizar maizena y otra verdura de hoja.
Tu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo
?Quieres a?adir otro usuario a tu suscripci¨®n?
Si contin¨²as leyendo en este dispositivo, no se podr¨¢ leer en el otro.
FlechaTu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PA?S desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripci¨®n a la modalidad Premium, as¨ª podr¨¢s a?adir otro usuario. Cada uno acceder¨¢ con su propia cuenta de email, lo que os permitir¨¢ personalizar vuestra experiencia en EL PA?S.
En el caso de no saber qui¨¦n est¨¢ usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contrase?a aqu¨ª.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrar¨¢ en tu dispositivo y en el de la otra persona que est¨¢ usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aqu¨ª los t¨¦rminos y condiciones de la suscripci¨®n digital.