Piedad Bonnett: ¡°Hay una comodidad innata en los hombres¡±
La poeta colombiana, tras dos libros en los que indagaba en la enfermedad mental de su hijo, presenta una novela sobre una mujer cerca de 64 a?os atrapada en las peque?as violencias cotidianas
Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951) escribi¨® en 2013 uno de los libros m¨¢s conmovedores de la literatura Latinoamericana, Lo que no tiene nombre, una cr¨®nica intimista sobre el suicidio de su hijo Daniel, un profesor universitario y pintor que se lanz¨® al vac¨ªo desde un edificio de Nueva York. ¡°Empec¨¦ a dar conferencias en psiqui¨¢tricos, universidades y facultades de medicina para hablar de la esquizofrenia. Me pusieron el r¨®tulo de la se?ora que escribe de su hijo muerto¡±, cuenta Bonnett sentada en un sill¨®n y con un caf¨¦ delante.
Cinco a?os m¨¢s tarde public¨® Donde nadie me espere (2018), la historia de un muchacho que abandona todo para vivir en la calle. Era una f¨®rmula para seguir escribiendo de Daniel, que hab¨ªa fantaseado en alguna ocasi¨®n con convertirse en indigente para huir de los problemas.
¡ªDaniel fue un trabajador incansable, no s¨¦ si conoces su obra.
¡ªLa he visto en Internet.
¡ªEs muy impresionante, iba a ser un gran artista, pero la enfermedad le fue quitando creatividad. Mira estas fotos que yo tom¨¦. Esta es toda la pared de mi casa (un perro con un bozal dibujado sobre un fondo blanco). Era un pintor de una fuerza tremenda. Los perros simbolizaban su secreto, el miedo a que la gente supiera que ¨¦l ten¨ªa alguna cosa. No se le notaba apenas, pero cuando los amigos se daban cuenta de que hab¨ªa algo raro hu¨ªan, con toda la raz¨®n.
¡ªEn el libro sobre Daniel me sorprende c¨®mo logra una escritura ambigua como narradora, desde dentro y desde fuera. El texto lo escribe una mam¨¢, pero tambi¨¦n una cronista, una periodista con lenguaje po¨¦tico. Al fin y al cabo, usted es una poeta.
¡ªEmpec¨¦ escribir ese libro a los dos meses de haber muerto Daniel. Muri¨® en mayo y empec¨¦ a escribir en julio. No s¨¦ ni de qu¨¦ dimensi¨®n era el dolor, pero me propuse que no iba a hacerlo desde el sentimentalismo ni la autoconmiseraci¨®n. Ni tan siquiera desde la exaltaci¨®n de Daniel como si fuera el ser m¨¢s extraordinario. Me propuse indagar por un proceso, un proceso de conocimiento y de preguntas, de preguntarme qui¨¦n fue ¨¦l, qui¨¦n fui yo con ¨¦l, c¨®mo era esa enfermedad, cu¨¢les fueron los errores. Y con la consigna tremenda de que no me iba a permitir excesos.
Bonnett ha vuelto ahora con la novela Qu¨¦ hacer con estos pedazos (2021), la historia de una mujer de 70 a?os atrapada en sus relaciones ¨ªntimas y rodeada de peque?as muestras de violencia cotidiana. La autora ha presentado el libro en el Hay Festival de Cartagena.
Pregunta. La reforma de la cocina que emprende el marido de la protagonista sin su consentimiento es el detonante de un gran enfrentamiento.
Respuesta. Efectivamente, mi marido decidi¨® remodelar la cocina y empezamos esa aventura que significa la par¨¢lisis de una casa. Fuimos a Nueva York de viaje y al regresar todo era un desastre. Eso fue as¨ª, como aparece en la novela. Llamamos para reclamar a la tienda que nos la hab¨ªa instalado y nos dicen que el obrero que lo hab¨ªa hecho no trabajaba para ellos. Nos hab¨ªa hecho la obra por su cuenta. Esas cosas suceden en Colombia.
P. En el libro refleja un momento dram¨¢tico, pero tambi¨¦n tiene mucho humor.
R. F¨ªjate que tengo mucho sentido del humor en la vida real, pero en la literatura no me sale.
P. Yo le dir¨ªa que s¨ª, a mi me hizo re¨ªr mucho.
R. ?S¨ª? Esto nos ocurri¨® en pandemia. Fue como si nos cayera un techo de plomo encima de las cabezadas. Estaba encerrada con mi marido. Surge el miedo al otro, todas esas cosas horribles provocaban un ¨¢nimo en m¨ª. A la vez mis padres van envejeciendo, tengo vivos a los dos. Ver toda esa cosa horrible, y mi propia vejez, es lo que aparece en el libro.
P. En la literatura no hay muchas protagonistas de 70 a?os como la suya. ?C¨®mo cambia la vida a esa edad?
R. Cuando tienes 60 todav¨ªa puedes decir que eres joven. Cuando llegas a los 70 empiezas a ver que hay una cosa que se desintegra y eso es dur¨ªsimo. El cuerpo te cambia, la relaci¨®n con el amor, todo. Yo ten¨ªa esos temitas y de pronto dije que iba a escribir esto. Ve¨ªa la violencia contra las mujeres en pandemia que fue de una gran intensidad. Adem¨¢s, todas mis amigas se quejaban del manejo de lo masculino, que dec¨ªan que sus maridos ayudaban pero lo hac¨ªan todo mal.
P. Esas son las peque?as violencias.
R. Me propuse hablar de todas las formas de violencia, de las m¨¢s aterradoras a las que menos se ven, que son las que m¨¢s nos lesionan. T¨² vas al taller de carros y el tipo si vas con un hombre le habla al hombre. Sino, te menosprecia y te habla de cualquier manera. Se me ocurri¨® que la cocina era el detonante, el elemento que permite que todo salga a la superficie.
P. La protagonista tambi¨¦n vive otro drama, el de su enorme biblioteca que amenaza con colonizar todo su apartamento.
R. Me pasa tambi¨¦n a m¨ª y la realidad es que la biblioteca me va a sepultar. Mi hijo Daniel me dej¨® una biblioteca divina de arte, la guardo como un tesoro. Y yo soy compradora compulsiva de libros. Mi marido, con raz¨®n, se queja de que no tenemos espacio. Me dije que iba a aprovechar la pandemia para arreglar esto. Hay un se?or en Bogot¨¢ que pasa por la calle gritando que compra libros. No te imaginas lo que me provoca este tipo, es una angustia existencial.
P. La ausencia de la trabajadora del hogar erosiona tambi¨¦n la convivencia entre la protagonista y el marido.
R. En la pandemia prescindimos del servicio dom¨¦stico. Nos dimos cuenta de la importancia de esas mujeres. En el encierro asumimos los rincones m¨¢s ins¨®litos de la casa y empezamos a descubrir cosas que no hab¨ªamos visto nunca. Este es un libro de pandemia, que no quiere decir un libro sobre la pandemia. Me cost¨® mucho escribirlo. Era un tema banal que yo ten¨ªa que escribirlo muy bien para que no pareciera el de una de esas se?oras que escriben novelas divertidas. Lo cotidiano narrado de forma cotidiana pierde fuerza, tiene que hacerse con un lenguaje...
P. ?De qu¨¦ tipo?
R. A m¨ª me gustan autores como Proust, Nabokov, John Banville, que cuidan la prosa pero no son barrocos. Pueden en cierto momento tender hacia un barroquismo, pero no me gusta esa efervescencia barroca. Me gusta la cosa entre la poes¨ªa y lo concreto. Sin nada ornamental. Me atrae la gente que reflexiona dentro de la novela, como Proust. Como yo llevo tantos a?os leyendo y como tantos a?os ense?¨¦ y ense?¨¦ literatura norteamericana, he aprendido mucho de todos esos maestros y siempre estoy buscando como loca literatura que me llame la atenci¨®n.
P. ?Qu¨¦ es lo ¨²ltimo que le vol¨® la cabeza?
R. Vivian Gornick me fascin¨®, fue como un descubrimiento inveros¨ªmil. ?Yo apenas descubr¨ª ahora a Gornick! Me pasa que no leo bien ingl¨¦s y me pierdo de cosas, si no est¨¢n traducidas. Leo franc¨¦s. Gornick me pareci¨®... sobre todo esa prosa. Me leo mucha gente nueva en este momento de la vida. Yo siempre leo dos o tres libros al tiempo. Leo mucho ensayo. Hay un tipo que se llama Didier Eribon, franc¨¦s, soci¨®logo, alumno de Bourdieu, que escribi¨® un libro que se llama Regreso a Reims, sobre un homosexual que sali¨® de Reims a los 16 a?os. Maltratado por el padre, por la sociedad y de un hogar obrero, raso, brutal, se va y se hace un intelectual. Y durante 30 a?os no vuelve a ver a su padre ni a su madre ni a sus hermanos y se averg¨¹enza y oculta que es de familia obrera. Vuelve a Reims y empieza a descubrir con una valent¨ªa tremenda c¨®mo era esa vida y de d¨®nde nace esa verg¨¹enza. Y mujeres, leo literatura contempor¨¢nea de mujeres.
P. ?A qui¨¦nes lee?
R. A muchas. Las leo, me gustan, pero quiero m¨¢s. Leo sus libros y digo: para el se?or que compra libros. No lo voy a leer una segunda vez.
P. En su libro se encuentra lo femenino contado desde distintas generaciones.
R. Habl¨¦ de algo muy importante. En la generaci¨®n de mis padres las mujeres estaban sometidas. En la m¨ªa yo viv¨ª toda la revoluci¨®n de los a?os 70, entr¨¦ en la universidad en el 69. Estuve influida por el hippismo, por la gente de izquierdas y me hice de izquierdas. Tra¨ªa un ¨ªmpetu de rebeld¨ªa violento. Sin embargo, la cuesti¨®n afectiva ha evolucionado m¨¢s lenta que la vida profesional. Adem¨¢s, pagando costos muy altos. Yo ten¨ªa un marido ejecutivo, ?a qui¨¦n crees que le tocaban los ni?os? A m¨ª. Le he hecho muchas exigencias a lo largo de la vida, todo con una rebeld¨ªa infinita. Ha sido un factor de conflicto permanente porque ¨¦l hab¨ªa sido educado para otra cosa. Mis hijas son ya otra historia, las eduqu¨¦ para la libertad y la autodeterminaci¨®n. Pero sigo viendo cosas, muy soterradas, como que los hombres no piensan en la comida. Ella piensa, ¨¦l no. Ella sabe que hay en la nevera, ¨¦l no. Hay una comodidad innata en los hombres.
P. Usted tiene 71 a?os, sus padres 95 y 99. ?C¨®mo es envejecer con padres vivos?
R. Doloroso. Hay esta cosa ambigua, por un lado los tienes y por otro existe esa obligaci¨®n tremenda de que tienes que hacerles la vida lo mejor posible. Est¨¢s siempre escindido, entre esa obligaci¨®n y tu vida. Es una cosa muy compleja. Un domingo quisiera escribir un cap¨ªtulo de una novela, pero pienso que no he ido a verles desde hace dos d¨ªas y voy para all¨¢. Pienso que ma?ana no van a estar.
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