La 'abuela' de la Comunidad
Gregoria Fern¨¢ndez, de 109 a?os es la anciana de m¨¢s edad de los asilos de Madrid
A pesar de su avanzad¨ªsima edad, Margarit¨¢ Ruiz Hern¨¢ndez, que celebr¨® ayer 103 a?os en Las Rozas, no es la. mujer m¨¢s anciana que vive interna en una residencia de la Comunidad de Madrid. Los 109 a?os de Mar¨ªa Gregoria Fern¨¢ndez Gonz¨¢lez la acreditan con ese t¨ªtulo. Do?a Gregoria, como prefiere que la llamen, naci¨® el 12 de marzo de 1887, vive desde 1989 en la Residencia para Personas Mayores de la Comunidad en Manoteras; se hace la cama todos los d¨ªas, cuida de dejar la puerta y la ventana de su cuarto bien cerradas cuando sale "para que no roben", y sabe ya "m¨¢s que los m¨¦dicos", seg¨²n declar¨® ayer ella misma.Do?a Gregoria tiene la sonrisa desdentada, el cuerpo curvado, est¨¢ llena de arrugas y padece: esclerosis. "Cada vez que me muevo me cascan los huesos. ?Ves?, ahora me duele aqu¨ª", y refuerza su palabra se?al¨¢ndose el hombro derecho. Ha perdido mucha vista: "Cu¨¢ndo te miro [dirigi¨¦ndose al periodista] s¨®lo veo tu figura, no veo tu cara. A ver si puedes decirle a los m¨¦dicos que me den unas gafas o algo, que puedo pagarlas porque a¨²n tengo algo de dinerito", ped¨ªa ayer. Tampoco oye bien: hay que hablarle al o¨ªdo. Por si fuera poco, le falta el dedo me?ique de su mano izquierda: "Me lo cort¨¦ yo misma con un hacha mientras cortaba le?a Para una cocina antigua, de las de lumbre", explico.
Sin embargo, Fern¨¢ndez mantiene el esp¨ªritu fuerte y una actividad envidiable a su edad: "Es muy independiente y ella misma se autorregula la jornada, las horas de comer, de dormir y dem¨¢s", comenta una auxiliar. Ella dice de s¨ª misma que tiene la sangre "muy sana y m¨¢s clara que el agua". Cuenta que en la vida ha "peleado mucho". Naci¨® en El Cerro, un pueblo de Salamanca. All¨ª trabaj¨® en el campo. Luego se fue a Portugal, donde vivi¨® cinco anos con su suegro, "al que mataron los moros", dice, pero no sabe precisar la ¨¦poca. Supuestamente fue durante la guerra civil. Ha trabajado como asistenta en casas de Madrid y de limpiadora en el cine Capitol. "S¨®lo pido que Dios se acuerde de mi, que suenen las campanas y yo ya, descanse", dice. Su memoria est¨¢ algo difusa y narra sus experiencias de manera un tanto inconexa. Estuvo casada y tiene' un, hijo de 70 a?os que la visita regularmente. El parto de ese reto?o dur¨® toda la Nochebuena. Se jacta de que su nieto trabaj¨® como guardaespaldas del Rey porque "era muy buen mozo", dice.
Aunque no ve la televisi¨®n, asegura que la vida ha cambiado "como de la noche al d¨ªa de antes a ahora". Mantiene la mente fresca y se queja de la falta de atenci¨®n que hay en la residencia de Manoteras: "Aqu¨ª hace falta m¨¢s gente, sobre todo por las noches. Alguna vez me he levantado a orinar lamenta. "Escribe que mi compa?era de habitaci¨®n no me deja dormir, que quiero que me pongan a otra o me lleven a otro sitio", concluy¨®.
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