Euromisi¨®n
Para que Massiel se alzara con el triunfo en el festival de Eurovisi¨®n cant¨¢ndole a la vida y a su se?ora madre por haberle dado vida a su ser, aportaci¨®n fundamental para el desarrollo posterior de su carrera art¨ªstica, los ejecutivos de Prado del Rey cargaron aquel a?o triunfal sus maletines con botellas de co?ac espa?ol, l¨ªquida y contundente divisa s¨®lo para recios y veteranos varones, con la que sobornaron soberanamente a no menos recios y veteranos directivos de algunos pa¨ªses del Este. La an¨¦cdota, que fue comentada en pasillos y corrillos, pero no en los medios de comunicaci¨®n adictos al r¨¦gimen -todos lo eran entonces-, revelaba las entretelas de una operaci¨®n diplom¨¢tica de alto rango que ten¨ªa como objetivo b¨¢sico promocionar la imagen de un pa¨ªs desprestigiado y descolgado de las instituciones europeas. La Espa?a de Franco no entrar¨ªa de su mano en el naciente Mercado Com¨²n, pero en Eurovisi¨®n no exig¨ªan tanto pedigr¨ª democr¨¢tico y se supon¨ªa que el festival era un excelente escaparate en el que dar una visi¨®n moderna y desprejuiciada de un pa¨ªs antiguo y cargado de prejuicios. Mientras los j¨®venes franceses le cantaban las cuarenta al caduco sistema capitalista y democr¨¢tico, Massiel, "la tanqueta de Leganitos", entonaba, con aplomo, coraje y minivestido de Courr¨¨ges, el estribillo inane pero entusiasta del La, la, la, bl¨¢, bl¨¢ bl¨¢, una forma de despistar como otra cualquiera, una canci¨®n banal a la medida de un certamen comercial y corrupto hasta los tu¨¦tanos, mercado negro de votos y botellas, maletines y malandrines, una cancioncilla que Serrat, elegido previamente para el concurso, hab¨ªa terminado por rechazar porque no le dejaban cantarla en catal¨¢n. En castellano, en catal¨¢n o en sueco, el tema del D¨²o Din¨¢mico, otra pareja de veteranos incombustibles, no dejaba de ser un subproducto comercial homologable y competitivo en un festival de suced¨¢neos estruendosos y huecos
Recordaba aquellos eventos el pasado s¨¢bado con la retransmisi¨®n de la ¨²ltima edici¨®n del festival. Eurovisi¨®n ya no es lo que era, ni lo que pudo llegar a ser si aquella rozagante Rosa de Espa?a hubiera culminado con el puesto de honor su canci¨®n angloparlante y festivalera. Entonces, y desde mi fuero interno, vot¨¦ en contra, temeroso de que una nueva oleada de optimismo inundara de nuevo las pantallas dom¨¦sticas. Despu¨¦s de una larga temporada como cr¨ªtico musical en prensa, radio y televisi¨®n llegu¨¦ a sufrir pesadillas recurrentes y angustiosas en blanco y negro en las que Raphael, Conchita Bautista, Peret, Julio Iglesias, Massiel y Salom¨¦ me atormentaban con sus trinos, disfraces y maquillajes. Opositor tenaz de festivales y concursos, partidario de conciertos y recitales no competitivos, nunca comulgu¨¦ con tan patri¨®ticas ruedas de molino, hasta ser tachado por una deslenguada, montaraz, popular y espa?ol¨ªsima locutora radiof¨®nica de antiespa?ol y antipatriota, vendido al oro de Londres y de Carnaby Street.
Felizmente, las presuntas glorias del eurofestival perdieron definitivamente su brillo entre el desinter¨¦s general. Si la Rosa triunfante de la celebraci¨®n europea no hubiera fracasado en la operaci¨®n habr¨ªamos vuelto a las andadas; s¨®lo que esta vez un ¨¦xito rotundo no hubiera significado diploma alguno de europeidad. El puesto, cuarto por la cola, de las j¨®venes princesas de Son de Sol, que destronaron a las veteranas y soberanas Supremas de M¨®stoles, queda mucho m¨¢s europeo, pues en el escalaf¨®n de este a?o, por detr¨¢s de la canci¨®n de RTVE, quedaron las representantes de Francia, Alemania y el Reino Unido.
Los italianos no comparecieron ni a la hora de las votaciones, con lo que el trapicheo habitual de sufragios qued¨® -como viene sucediendo recientemente- en manos de pa¨ªses balc¨¢nicos, reci¨¦n resucitados o lavados de su pasado comunista. Grecia, por su estrat¨¦gica posici¨®n en los nuevos mapas europeos, sali¨® favorecida en una competici¨®n m¨¢s falsa que un euro de madera, que difundi¨® la fraudulenta imagen de un continente poblado por se?oritas rubias con minifalda que cantan en ingl¨¦s, aunque sin despreciar un toque ¨¦tnico.
Menos mal que nos quedan Andorra y Portugal y algunas reservas de emigrantes en Suiza. Los emigrantes rumanos en Madrid y el resto del pa¨ªs hicieron patria en los locutorios y los m¨®viles y concedieron los doce votos espa?oles a su pa¨ªs de origen. Enhorabuena. A¨²n siguen picando.
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