Encuentre las diferencias
Un proyecto parlamentario pretende acabar con la esclavitud de los grandes simios. ?En qu¨¦ se parecen ellos a nosotros?

?Se puede acabar con la esclavitud de los grandes simios? Es lo que pretende la reciente proposici¨®n no de ley del PSOE. Para acabar con la esclavitud de una persona basta con devolverle la libertad, pero ?qu¨¦ libertad se le puede devolver a un mono? La idea del borrador de la iniciativa, que ampara a chimpanc¨¦s, bonobos, gorilas y orangutanes -las cuatro especies de grandes monos- viene a ser liberarles de la quinta, que somos nosotros. Incluye medidas (contra el maltrato, por ejemplo) que no suponen ning¨²n dilema, pero tambi¨¦n otras contra la investigaci¨®n cient¨ªfica. Si ello dificultara encontrar un tratamiento contra el c¨¢ncer, o el sida, poca gente apoyar¨ªa la medida. Pero el mismo argumento no sirve para defender la investigaci¨®n con seres humanos, naturalmente. ?Qu¨¦ ocurre aqu¨ª?
?La esencia humana? S¨®lo hay una: evolucionamos muy r¨¢pido
Hace seis millones de a?os que emprendimos caminos evolutivos diferentes
Ocurre que el sentido com¨²n es completamente in¨²til en estos casos. Que un mono tenga derechos humanos irrita al sentido com¨²n, pero ese sentido tiende a ver abismos morales donde no hay m¨¢s que distintos pelajes o colores de piel. Si hoy sabemos que la especie humana es una -y la m¨¢s homog¨¦nea de todas las que pueblan el planeta- no es precisamente gracias a nuestras dotes de observaci¨®n, sino a la gen¨®mica comparada. Y lo que decidamos hacer con los chimpanc¨¦s depender¨¢ al final de lo mismo. ?En qu¨¦ par¨¢metro de nuestro genoma est¨¢ escrito nuestro derecho a meter a un mono en una jaula?
El dato que m¨¢s suele citarse para resaltar nuestro parecido con los chimpanc¨¦s es que el ADN de las dos especies es id¨¦ntico en un 99%. Este n¨²mero se refiere a la "secuencia", que es el orden de los 3.000 millones de bases o "letras qu¨ªmicas" del ADN, pero la mayor parte de las diferencias no son letras bailadas, sino frases enteras metidas o quitadas, y cuando se tienen en cuenta la comparaci¨®n no da 99%, sino 96%.
Estas cifras, en realidad, son irrelevantes: una mera indicaci¨®n de los seis millones de a?os transcurridos desde que los humanos y los chimpanc¨¦s emprendimos caminos evolutivos separados. Por criterios como estos, una rata es 60 veces m¨¢s diferente de un rat¨®n que una persona de un chimpanc¨¦. Y estos dos son a su vez 10 veces m¨¢s distintos que dos personas entre s¨ª.
Las diferencias de verdad son muchas menos, pero mucho m¨¢s importantes. Muchas afectan a cuestiones que poco tienen que ver con la ¨¦tica y las jaulas -el o¨ªdo, el olfato, la digesti¨®n, el crecimiento de los huesos, el pelo-y a los agentes infecciosos a los que ha estado expuesta cada especie (aunque uno de los ¨²ltimos que aflige a la nuestra, el Virus de la Inmunodeficiencia Humana, el VIH, nos ha llegado precisamente de los chimpanc¨¦s).
Pero casi todos los cambios que importan para el debate legal son asombrosamente recientes, para lo que suelen ser las escalas de la evoluci¨®n. En los seis millones de a?os que nos separan, el cerebro s¨®lo ha dado dos estirones: hace dos millones de a?os y hace 200.000 a?os. Y todo indica que fue este ¨²ltimo empuj¨®n craneal el que abri¨® el espacio necesario para todas las esencias de la humanidad que tanto nos distinguen del resto de la creaci¨®n.
Las ¨²ltimas alteraciones gen¨¦ticas importantes para el desarrollo cerebral que se han descubierto se propagaron con rapidez por la poblaci¨®n humana hace 37.000 a?os, en la ¨¦poca del salto cultural del periodo paleol¨ªtico superior, y hace 6.000, en plena revoluci¨®n neol¨ªtica, y ocurrieron en los dos mism¨ªsimos genes que impulsaron el crecimiento del cerebro de los hom¨ªnidos hace dos millones de a?os.
Estos genes son esenciales para el desarrollo cerebral, porque su inactivaci¨®n causa microcefalia, una malformaci¨®n cong¨¦nita que reduce el cerebro de su tama?o normal (entre 1.200 y 1.600 cent¨ªmetros c¨²bicos) al t¨ªpico de un chimpanc¨¦ (400 cent¨ªmetros c¨²bicos). Pero ellos en s¨ª mismos no tienen ning¨²n efecto espec¨ªfico que pueda explicar las capacidades cognitivas de las que tan orgullosos hemos estado siempre los humanos.
El lenguaje, el pensamiento abstracto, el sentido moral, la ciencia y la poes¨ªa no son el producto de ninguna sensacional o enrevesada invenci¨®n gen¨¦tica dise?ada durante millones de a?os de paciente acumulaci¨®n de sabidur¨ªa en el genoma de nuestra especie. Un par de cambios en el tama?o del cerebro y unas cuantas alteraciones gen¨¦ticas que han aprovechado la ¨²ltima ampliaci¨®n craneal para hacer algunos ajustes que no tienen nada de particular, parecen haber obrado todo el prodigio.
?La esencia humana? S¨®lo hay una: evolucionamos muy r¨¢pido, y eso nos permite abrir las nuestras propias jaulas.
M¨¢s informaci¨®n en la ¨²ltima p¨¢gina

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