Por qu¨¦ lavarse el pelo ha sido un quebradero de cabeza desde el inicio de la historia de la humanidad
Desde el Antiguo Egipto hasta la invenci¨®n del ¡°SPA capilar¡± pasando por las sesiones en la peluquer¨ªa de nuestras abuelas: la higiene capilar ha sido una obsesi¨®n de todas las civilizaciones
Cuando hoy entre en la ducha a lavarse el pelo con un champ¨² l¨ªquido piense que este gesto es un acto reciente: apenas tiene un siglo. Para que ocurra, hemos necesitado vivir en una casa con una ducha, que alguien inventara ese cosm¨¦tico y que la sociedad considerara que somos m¨¢s valiosos con el cabello limpio que sucio. Adem¨¢s, no es lo mismo hacerlo en vertical, reclinados o en horizontal, lavarlo o que nos lo laven. Qui¨¦n no ha visto Memorias de ?frica.
Lavarse el pelo es un gesto semiautom¨¢tico cargado de historia, simbolog¨ªa y paradojas: ni tiene un origen femenino, ni la palabra champ¨² es inglesa, ni es necesario ese cosm¨¦tico para tener la melena limpia; ni siquiera es necesario lavarla y ah¨ª est¨¢n los champ¨²s secos para confirmarlo. Adem¨¢s, tradicionalmente, se ha usado la expresi¨®n ¡°lavarse la cabeza¡± cuando, hasta hace poco, no hemos sido conscientes de la importancia del cuero cabelludo. Cuando nuestras madres y abuelas se lavaban la cabeza, se estaban lavando el pelo. A¨²n no se conoc¨ªa que el cuero cabelludo es piel y es vital para la salud y belleza de la melena.
Comencemos por el principio: nos vamos al Antiguo Egipto. Entonces, la melena se limpiaba con saponaria, una hierba conocida por sus propiedades antibacterianas y agua con lim¨®n y se acondicionaba con aceites de oliva, almendra o animales que funcionaban como lo que hoy llamar¨ªamos mascarillas. Las pelucas, muy comunes, proteg¨ªan de la suciedad y los insectos y eran una gran herramienta de comunicaci¨®n, como siempre es el cabello, sea verdadero o falso. En el a?o 2000 a. C. se preocupaban por el pelo igual o tanto como ahora: existe un relieve en el Brooklyn Museum que muestra a una persona peinando a Nefertiti. La cara de satisfacci¨®n de la reina es la misma que vemos hoy en una peluquer¨ªa. Los antiguos griegos tambi¨¦n usaban aceite de oliva para acondicionar; lo un¨ªan a una mezcla de agua hervida con flores y lo aplicaban al cabello mientras lo masajeaban. En esa ¨¦poca nacen las primeras barber¨ªas, que eran espacios de reuni¨®n y esto se ver¨ªa tambi¨¦n en la Antigua Roma, donde se llamaban tonstrinae. El cuidado del cabello en los hombres era social y el de las mujeres privado. Esto cambiar¨ªa con el tiempo hasta casi darse la vuelta, pero faltaban un par de miles de a?os. Durante toda la Edad Media, el cabello estuvo tapado, aunque eso no implica que no se cuidara. Se intentaba mantener limpio mediante m¨¦todos indirectos, como el peinado, que siguen funcionando. Las trenzas tirantes y recogidos firmes ayudaban, y adem¨¢s se cubr¨ªan con un velo. Esto no difiere mucho de c¨®mo la higiene en el pelo afro, que, adem¨¢s, por sus caracter¨ªsticas, no requiere lavados tan frecuentes como el cabello de las personas blancas. Esto lo explica con detalle y gracia Demma Dabiri en su libro No me toques el pelo, en el que se defiende la potencia simb¨®lica y pol¨ªtica de ese tipo de cabello. El suyo lo lava cada dos semanas.
Damos otro salto en el tiempo, esta vez hacia adelante, y viajaremos a la India ocupada por Gran Breta?a; all¨ª se origin¨® la palabra champ¨², que tan alegremente usamos. Los brit¨¢nicos observaron que los locales se lavaban el cabello con un emplasto que conten¨ªa unos frutos procedentes de los Sapindus. Estos tienen la misma propiedad de los jabones, son tensoactivos y los herv¨ªan con grosella espinosa india seca o amla y usaban el extracto colado para la higiene capilar; los brit¨¢nicos vieron esto y quisieron imitarlo. Adem¨¢s, en la era colonial conocieron la palabra ch¨¡mpo, que en hindi significa ¡°presionar¡±, ¡°amasar los m¨²sculos¡± o ¡°masajear¡± y es lo que se hac¨ªa antes de aplicar ese ung¨¹ento. Hoy, en las mejores peluquer¨ªas se realiza un masaje del cuero cabelludo el cabello antes del lavarlo. La palabra inglesa shampoo es una adaptaci¨®n al ingl¨¦s del ch¨¡mpo indio y la trajo a Europa Sake Dean Mahomed, un bengal¨ª que abri¨® en 1814 un centro de masaje capilar para hombres en Brighton al que acud¨ªa el propio rey Jorge IV. Unos a?os antes, en 1805 se hab¨ªa fundado en Londres Truefitt & Hill, que se considera la primera peluquer¨ªa, tal como conocemos hoy, del mundo; un peque?o detalle: era para gentlemen. El cuidado del cabello masculino segu¨ªa siendo m¨¢s p¨²blico y el de la mujer, m¨¢s casero. Al fin y al cabo, ese era su territorio. Ellas se lo limpiaban en privado, que no significa que se lo lavaran. Usaban el cepillado, un sistema que elimina el polvo, distribuye los aceites y airea la melena. La norma de ¡°los 100 cepillados¡±, que aparece en la era victoriana exig¨ªa tiempo, por tanto, estaba reservado a las clases altas. Desde entonces, tener el pelo limpio ha sido un marcador de clase y ha estado vinculado a la belleza. Hoy, cien golpes en el cabello pueden resultar excesivos, pero cepillar con regularidad y una herramienta adecuada por la noche o antes de lavarlo sigue siendo una manera eficiente de espaciar lavados. Nos cepillamos por debajo de nuestras posibilidades.
El champ¨² para uso dom¨¦stico surgi¨® en Alemania gracias a un qu¨ªmico berlin¨¦s: Hans Schwarzkopf, cuyo apellido nos suena. ?l invent¨® en 1898 unos polvos con aroma a violeta llamado Schaumpon que se mezclaban con agua y se aplicaban sobre el cabello. La palabra ya estaba en el aire. The New York Times public¨® un art¨ªculo el 10 de mayo de 1908 titulado ¡°How to shampoo the hair¡±, que afirmaba que la adecuada era una vez cada 15 d¨ªas. Ese titular hoy tendr¨ªa un buen clickbait. A?os m¨¢s tarde, en 1927, se formul¨® el primer champ¨² l¨ªquido. A¨²n faltaban d¨¦cadas para ser el producto amable con el que nos lavamos, pero al menos ten¨ªa una intenci¨®n de hacer m¨¢s f¨¢cil el lavado en casa. Anotemos este nombre, Drene: fue el primer champ¨² con surfactantes sint¨¦ticos, mucho menos agresivos que el detergente que antes se usaba. Fue lanzado en 1930 por Procter&Gamble, otra marca reconocible. La industria se hab¨ªa puesto las pilas y ya nunca bajar¨ªa el ritmo de innovaciones. Ahora s¨ª: hab¨ªa nacido el champ¨².
Ya solo hac¨ªa falta que las casas tuvieran agua corriente, un peque?o detalle, algo que no surgir¨ªa hasta los a?os cincuenta en Espa?a. Con grifos ya era f¨¢cil lavarse el cabello: primero se har¨ªa con barre?os de agua, m¨¢s tarde en el lavabo y, cuando se pudo, cerca de los a?os ochenta, en la ducha. La historia de la higiene capilar camina de la mano del progreso. La industria cosm¨¦tica se complicar¨ªa mucho m¨¢s a medida que avanzara el siglo XX hasta llegar a hoy. El mercado est¨¢ saturado de prechamp¨²s, cepillos para distribuir el champ¨² y masajear el cuero cabelludo, s¨¦rums, mascarillas, aceites nocturnos y diurnos, perfumes de cabello y productos de acabado que logran que el cuero cabelludo est¨¦ sano y que el pelo no nos de quebraderos de cabeza, valga el chiste f¨¢cil. Como dec¨ªa Phoebe Waller-Bridge en Fleabag: ¡°El cabello lo es todo¡±.
Con esta saturaci¨®n de productos lavarse el pelo en casa cada vez es m¨¢s complicado: ?lo hacemos con los productos adecuados? Es f¨¢cil sentir que nos estamos perdiendo un cosm¨¦tico mejor y, probablemente, as¨ª sea. La part¨ªcula reflexiva ¡°-se¡± esconde una gran carga. Lavarse el pelo a una misma es un gesto higi¨¦nico m¨¢s o menos terap¨¦utico. Que te laven el pelo tiene otras connotaciones y pueden ser positivas o negativas. Las personas enfermas o algunas ancianas necesitan ayuda para tener el cabello limpio; es cosa de dos. O se puede acudir a la peluquer¨ªa con ligereza, sin m¨¢s urgencia que la est¨¦tica. O puedes ser Meryl Streep en la escena de Memorias de ?frica en la que Robert Redford le enjabona y enjuaga la melena; ese momento que ha pasado a la historia de la cultura popular como el ep¨ªtome de la seducci¨®n y la intimidad en una pareja de amantes. ?Ser¨ªa el significado diferente si ella se lo lavara a ¨¦l o si ella se lo lavara a s¨ª misma? La respuesta es un ¡°s¨ª¡± rotundo. Nunca fue igual que laven el cabello o que sea lavado por alguien. Los peinados elaborados y el cabello cuidado presupon¨ªan, desde la era romana, tiempo libre, vida social y posibles hasta hoy. Esto se extiende a lo largo de la historia. Es distinto lavarse el cabello en un fregadero, como muchas mujeres hac¨ªan en Espa?a hasta los a?os sesenta, que acudir a la peluquer¨ªa una vez a la semana. El lavabo lleg¨® antes que la ducha y fue el lugar donde muchas mujeres espa?olas se lavaban el cabello hasta los a?os setenta. A¨²n se hac¨ªa por higiene y est¨¦tica y no lo hab¨ªamos cargado con la responsabilidad de mejorar nuestro ¨¢nimo. Hoy, en una sociedad ocupada y preocupada por la salud mental, cualquier acto cotidiano puede tener la capacidad de hacerlo.
No lavarse el pelo tambi¨¦n es un gesto cargado de significado. Y puede estar lleno de tristeza: pensemos en las rupturas amorosas o situaciones dolorosas. Honorio M. Velasco Maillo y Sara Sama Acedo, autores de Cuerpo y Espacio (Ed. Universitaria Ram¨®n Areces, 2019) escriben que el ¡°no tratamiento del pelo, como ocurre en casos de ascetismo o de luto, es de una dejaci¨®n intencionada¡±. Ellos denominan al cabello material sensible. No lavarlo tambi¨¦n puede ser una actitud de antisistemas cosm¨¦ticos. La tendencia no poo aboga por abandonar el champ¨² bas¨¢ndose en la teor¨ªa de que sus qu¨ªmicos eliminan las grasas beneficiosas. La doctora Lola Conejo-Mir, dermat¨®loga de Sevilla y miembro de la AEDV, Academia Espa?ola de Dermatolog¨ªa y Venereolog¨ªa, la desmonta de esta manera: ¡°Es correcto que un lavado excesivo puede aumentar la producci¨®n de sebo, aunque no podemos afirmar lo contrario: no lavar en absoluto el cabello no va a hacer que no produzcamos nada de sebo. La cantidad de grasa que produce cada persona est¨¢ determinada hormonalmente y no exclusivamente por la cantidad de veces que nos lavemos el pelo¡±. Esta asociaci¨®n tampoco defiende la alternativa al champ¨² que plantean los defensores de la no poo: una mezcla natural con agua, bicarbonato y vinagre; seg¨²n ellos aumentar¨ªa el riesgo de infecciones en el cuero cabelludo. Hasta Robert Redford us¨® champ¨² en medio de la sabana africana.
Las peluquer¨ªas saben que ese gesto va m¨¢s all¨¢ de la higiene: hay un componente de relajaci¨®n y de liberaci¨®n en ¨¦l. Eva Villar, fundadora de Eva Villar Beauty y un referente en peluquer¨ªa con dos d¨¦cadas de experiencia lo confirma: ¡°En los ¨²ltimos a?os ha cambiado es el tiempo que le dedicamos al masaje y al ¡®cari?o¡¯ durante el lavado. Hace a?os, este era un servicio m¨¢s b¨¢sico, donde se buscaba la practicidad, sin embargo, hoy en d¨ªa, todo tipo de cliente est¨¢ familiarizado con el bienestar que produce un buen lavado de cabeza y hay m¨¢s conexi¨®n con el autocuidado. Hoy, el paso por el lavabo se ha convertido en la parte quiz¨¢s m¨¢s apetecible de los servicios del sal¨®n¡±. Antes de la aparici¨®n de las peluquer¨ªas, muchas mujeres confiaban el propio servicio dom¨¦stico (quien lo ten¨ªa) para hacerlo. A finales del siglo XIX, Martha Matilda Harper abri¨® en Estados Unidos el primer sal¨®n de peluquer¨ªa. Lo llam¨® The Harper Hair Parlor; ella invent¨® la silla reclinada, aunque no la patent¨®. Adem¨¢s, ide¨® algo mejor: para atraer a las mujeres, que se cuidaban el cabello en casa, empez¨® a formar a chicas j¨®venes y a emplearlas en su sal¨®n para que pudieran tener sus propios negocios. Seg¨²n el libro, La belleza del siglo, (VVAA Ed. Gustavo Gili Moda), entre los a?os veinte y treinta se abrieron en Francia m¨¢s de 25.000 salones en Francia porque las mujeres quer¨ªan cortarse el pelo y a su abrigo se desarrollar¨ªa la industria cosm¨¦tica capilar. Pronto, las peluquer¨ªas se convirtieron en lo que ser¨ªan durante d¨¦cadas: un espacio seguro de confidencias y de escape. Su poder terap¨¦utico qued¨® claro durante la pandemia: fueron nombradas bien de primera necesidad por el Gobierno. No hay que acudir a ellas una vez por semana para confirmar que lavar el cabello genera buenas sensaciones: significa que controlamos nuestra higiene, nos cuidamos y respetamos. Sabemos, tambi¨¦n, que mejora el ¨¢nimo. As¨ª piensa la dise?adora Anya Hindmarch, que titul¨® If in Doubt Wash Your Hair, un libro en el que daba consejos para vivir mejor. Cuando la vida nos supere, lav¨¦monos el pelo.
El lavado de cabello en la peluquer¨ªa se sigue realizando en sillas parecidas a las que invent¨® Martha Matilda Harper, a menos que acudamos a un Hair Spa, donde se lleva a cabo en una camilla. Existen. Esta tradici¨®n de spas centrados en el cuidado capilar es com¨²n en Jap¨®n, pero dif¨ªcil de encontrar en Espa?a. En Madrid, el hotel Villamagna esconde uno: el Claudia di Paolo Hair Wellth Spa. Los tres tratamientos que ofrece (Reset, Reveal y Discover) se realizan en horizontal, incluso el lavado, y en albornoz. Su fundadora, Claudia di Paolo, cuenta que ¡°esto permite tener todo el cuerpo relajado. Cuando est¨¢s en esta postura ayudas a que el riego sangu¨ªneo fluya y eso permite nutrir mejor el bulbo del cabello¡±. En este spa tan singular, el ¨²nico de Europa, se ofrece una combinaci¨®n de terapias de bienestar que incluyen ba?o de sonido, head yoga y masaje efluragge corporal. Es un culto a la relajaci¨®n total. Su fundadora insiste en ¡°la sensaci¨®n de bienestar que genera, adem¨¢s de los beneficios para el cabello¡±. Madrid, seg¨²n ella, est¨¢ respondiendo a esta propuesta de manera ¡°maravillosa¡±.
Tras siglos haci¨¦ndolo casi a diario a¨²n no hemos perfeccionado el noble arte de lavarnos el pelo en casa. Eva Villar resume los errores m¨¢s comunes: ¡°La mayor¨ªa de la gente piensa que el champ¨² se aplica en el cabello, cuando realmente hay que aplicarlo, frotarlo y extenderlo en el cuero cabelludo, dejando que desde ah¨ª resbale hacia el cabello. Otro equ¨ªvoco es aplicar el producto directamente sobre la cabeza, el producto debe echarse en las manos con poca cantidad e ir distribuy¨¦ndolo por todo el cuero cabelludo uniformemente antes de proceder a frotar y masajear. Hay que aclararse bien el cabello, eso deja residuos y a veces puede provocar incluso caspa y descamaci¨®n¡±. Esta peluquera recomienda pedirle a un profesional que nos ense?e a hacerlo. Buena idea.
El futuro es como el presente, pero m¨¢s caro. Hoy, parte de la industria se empe?a en que nos lavemos con nuestras abuelas, con pastillas de jab¨®n y usando aceites en lugar de champ¨²s con espuma. La gran mayor¨ªa de las marcas, sin embargo, abogan por unir la naturaleza a la tecnolog¨ªa sin olvidar las sensaciones; es decir, buscan resultados y placer. Ya apenas quedan champ¨²s que tengan ese nombre, a secas, en su envase. Todos tienen apellidos: para cabello da?ado, coloreado, cano, exfoliante, para cuero cabelludo, con ¨¢cido hialur¨®nico¡ El lenguaje del skincare o el cuidado del rostro se est¨¢ trasladando al del cabello. Uno de los desaf¨ªos del futuro ser¨¢ c¨®mo ahorrar agua y tiempo. Lavarse la cabeza (del cr¨¢neo a las puntas de la melena) nunca ha sido, a la vez, tan sencillo y tan complicado.