El conejo y la liebre
'Teor¨ªa de la clase ociosa' es uno de esos raros textos que nos convencen de la existencia de una inteligencia extrema

Noventa y un millones de d¨®lares se han pagado en mayo por un conejo. Eso s¨ª, el conejo es de acero, brillante, y tiene autor, Jeff Koons, el mismo responsable del perro que se sienta delante del Gugui en Bilbao. Lo ejecut¨® en los ochenta. Desde entonces pas¨® por algunas manos y, con esa venta en Christie¡¯s, se acaba de convertir en la pieza de arte contempor¨¢neo m¨¢s cara que se recuerda. Un metro de conejo inoxidable del que se asegura que ¡°es un icono del siglo XX¡±. Por lo que a su venta toca, su fama podr¨¢ ser ef¨ªmera. Seg¨²n c¨®mo va ese mercado, casi seguro que la cifra ser¨¢ superada antes de este mismo a?o. Ese conejo tiene adem¨¢s tres compa?eros del mismo autor. Con todo, en el mercado de los objetos, habr¨¢ tenido su momento de gloria.
Los conejos nos fascinan y divierten desde anta?o. Pero no suelen ser tan caros. El Museo de C¨¢diz guarda uno, romano, bell¨ªsimo. Ser¨ªa todav¨ªa hoy el mueble base de cualquier lugar de confort. Pero, si de ellos hay que hablar, la que tiene que venir a escena es la m¨¢s hermosa de esas criaturas construidas, la liebre, la maravillosa Liebre de Alberto Durero. El asunto radica en si queremos comparar precios o temas. Thorstein Veblen, un autor genial de vida complicada ¡ªperteneci¨® a la asombrosa gran generaci¨®n pragmatista de los pensadores norteamericanos¡ª, ha pasado a la historia por una sola obra. Su Teor¨ªa de la clase ociosa es uno de esos raros textos que nos convencen de la existencia de una inteligencia extrema que podr¨ªa haber discurrido oculta. Ese libro es un tesoro. Avanza una plantilla general de la que podemos sacar muchas m¨¢s conclusiones de las que all¨ª constan. Desata nuestra capacidad reflexiva como la buena sociolog¨ªa sabe hacer. Contiene un nuevo concepto fundamental: ¡°Consumo conspicuo¡±. Ah¨ª va: Las clases verdaderamente ricas trabajan endemoniadamente para mantener su obligaci¨®n de ocio. Han adquirido la fatal obligaci¨®n de gastar en un tipo de bienes que s¨®lo ellas pueden llegar a adquirir. Su consumo no es ni puede ser el de las gentes del com¨²n. Entran en una carrera desesperada de emulaci¨®n con su propio c¨ªrculo a la caza y captura de objetos de disfrute especial¨ªsimos. Por ejemplo, el conejo de acero, que, por lo dem¨¢s, es una figura sumamente simp¨¢tica.?

Pero volvamos a la solitaria liebre de Durero. Es indudable que, m¨¢s all¨¢ de s¨ª misma, de su perfecci¨®n que causa asombro o de la genialidad de su autor, tambi¨¦n en su d¨ªa ha sido objeto de consumo, y probablemente de consumo conspicuo. Un ¡°bien de Veblen¡± es algo que se busca no por otra raz¨®n que porque es caro y, por caro, exclusivo. Son bienes que no pueden bajar de precio. Son ¡°consumo conspicuo¡± en estado puro. Pero lo que entendemos por arte sobrepasa esa categor¨ªa: los objetos de arte no son bienes finalistas; todos son ¡°bienes de pasar¡±. Su destino es llegar de unas manos a otras ¡ªa trav¨¦s de los siglos¡ª, convertidos en kula. Sigamos. El kula es un tipo de transacci¨®n peculiar que la antropolog¨ªa descubri¨® en Ocean¨ªa. Malinowski describi¨® un intercambio no econ¨®mico del que la moneda est¨¢ ausente y que ¨²nicamente produce prestigio. De la liebre de Durero sabemos que ya, razonablemente, no se puede vender. Su precio es inm¨®vil justo porque su valor ya no se traduce en precio. Ahora vive en el mercado de los objetos kula; puede prestarse. Del conejo de acero no estamos tan seguros, le queda recorrido comercial. Aunque sus tres hermanos ya reposan en museos.
Lo ortodoxo es decir que ese conejo y esta liebre no son comparables porque ambos son arte y el arte es siempre el mismo. Pero ¨¦sa es una ortodoxia vebleniana sobre la que caben dudas grandes como lagos. Apunta al ¡°consumo conspicuo¡± y no llega m¨¢s all¨¢. Cabe pensar que se resiste a comparar porque no quiere ver el resultado de la comparaci¨®n. La Liebre de Durero y el conejo de acero pertenecen a dos tiempos, eso es verdad, pero ?es tan claro que forman parte de la misma corriente de acci¨®n humana? ?Son comparables o no? Simplemente al verlos juntos nunca podemos evitar la pregunta¡ ?Valen lo mismo? Contestarla, aunque se nos diga que nos abstengamos, nos llevar¨¢ al fondo de la comparaci¨®n que intentamos evitar. Se transformar¨¢ en la pregunta por los momentos de la historia y su diverso significado. Porque la pregunta por el valor no es la pregunta por el precio.
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